viernes, 16 de septiembre de 2016

La maldad de algunos consejeros

Ciudad de México, sábado 17 de septiembre, 2016.— 

Laurence Fishburne como Otelo y Kenneth Branagh como Yago en Otelo (1995).
El parecido que puede haber entre la realidad y una obra de teatro es factible aunque no sea uno a uno, como en el caso de Yago, el alférez que empujó a su jefe a la destrucción, aunque si éste le hizo caso, fue porque le agarró la pata a la vaca como parece que lo hizo Otelo, el moro de Venecia en donde Yago convertido en su consejero, le cobró la factura porque no lo nombró su teniente a pesar de que ‘tres grandes de Venecia le rogaron, sombrero en mano’ para que lo designaran a él y porque bien conocía su valía, pero él prefirió al florentino Miguel Casio quien, por un tiempo, había pretendido a Desdémona.

La obra de teatro fue escrita por Shakespeare en 1604 y es una obra que sigue vigente porque nos permite imaginar lo que puede estar detrás de los dramas políticos, sobre todo cuando son producto de la envidia, los celos o de una revancha, como sucedía en la corte veneciana o entre los miembros del gabinete en nuestras democracias.

Yago dice saber de Casio ‘que nunca ha sacado al campo a un escuadrón ni sabe cómo disponer una batalla mejor que una solterona… en cambio yo, señor, a quien sus ojos vieron dar pruebas en Rodas, Chipre y otros territorios… ahora debo de ir a sotavento, retrasado como el abanderado de su señoría moruna.’

Algunos de los que creen que deben ser ‘elegidos’ y se quedan ‘retrasados’, en lugar de plegarse y aceptar, desatan, consciente o inconscientemente, el deseo de venganza y, como Yago, inyectan una clase de veneno que hace mella y hace que aumenta su desprestigio, como intentó hacerlo Manuel Camacho Solís.

‘Le sirvo para desquitarme’, dice Yago a Rodrigo, su comparsa, a quien le baja su lana en la supuesta conquista de Desdémona que, por cierto, esa noche se arrejuntó con el moro, al arranque de la estrategia del xenófobo Yago, incapaz de aceptar que la hija del senador Brabancio, una doncella blanca y joven, se haya arrejuntado con ese viejo extranjero de color. Primero, despierta al Senador para avisarle que ‘su hija y el moro están haciendo ahora la bestia de dos espaldas’ y luego, corre con su jefe para que deje de hacer lo que estaba haciendo y se prepare, porque el Senador viene a buscarlo. Yago logra que se nos frunza el estómago mientras vemos la secuencia de eventos con los que logra sus objetivos en un especie de ‘crimen premeditado’.

Aprovechó los complejos del moro aunque éste se defendía diciendo que descendía ‘de hombres de regia estirpe’ y que sus méritos ‘no se quitan el sombrero ante la alta fortuna que había alcanzado’; o de su edad, pues ya no era la primavera de su vigor sexual; o el orgullo y vanidad del poderoso General y Comandante en Jefe de las Fuerzas Venecianas a cargo de la defensa contra los turcos en Chipre.

La conquistó con esas historias que le contaba a Desdémona cuando el moro era invitado por su padre y ella le pedía que le volviera a contar tal o cual episodio porque estaba fascinada. Pues ese gran hombre le agarró la pata a la vaca y se dejó engatusar hasta quedar tirado en el suelo antes de acabar con la vida de Desdémona.

¿Quiénes son los ‘yagos’, esos cínicos que se quedan mudos una vez que han logrado su propósito? ¿Quiénes son esos que aconsejan al jefe con ideas perturbadoras para que tome decisiones que le revierten, aunque crean que lo han hecho ‘no por odio, sino por amor’? Habría que aprovechar este simulacro de la vida y observar cómo el moro reconoce, aunque ya era demasiado tarde, que fue ‘necio y torpe.’


sábado, 10 de septiembre de 2016

Vasos comunicantes entre dos genios

A LA MEMORIA DE SANTIAGO SÁNCHEZ REYNOSO (1968-2016) 




Concentrado en algunos de los encuentros literarios que hubo entre Cervantes y Shakespeare inicié la semana pasada un Seminario con ese tema en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, (MUAC) en la UNAM y otra plática en el ITAM. En el Museo van a ser ocho sesiones los lunes hasta el 24 de octubre. Habrá tiempo para analizar las lecturas y algunas citas que usaron los dos genios del XVI y, como apuntaba Ignacio Padilla en Cervantes y Compañía ‘son pocos los autores como Cervantes que están conscientes de que es el contraste el que nos define y nos permite reconocernos, viéndonos en un espejo nítido o cóncavo, donde nos muestra como realmente somos, hemos sido o podríamos ser.’

Contrastar y no comparar las diferencias y así, como una barita mágica, el mundo se despliega y podemos disfrutar las características de lo que vayamos contrastando. Y tal como propone Bertrand Russell, me estuve preguntado: ‘¿cuáles son los hechos y, cuál es la verdad que los hechos sostienen?, para no dejarnos desviar, ‘ya sea por lo que deseamos creer o por lo que creemos que sería de beneficio si así fuese creído’, por eso insiste en que ‘observemos única e indudablemente los hechos.’

Así que los hechos de este encuentro literario son los siguientes: los dos murieron la misma fecha, pero en distinto día hace 400 años; Miguel de Cervantes publicó la Primera Parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en 1605 y la Segunda Parte en 1615; Shakespeare y su amigo dramaturgo John Fletcher leyeron El Quijote en la versión que hizo Thomas Shelton publicada en 1612 y, por último, Shakespeare y Fletcher escribieron una obra de teatro, The History of Cardenio, que pusieron en escena en la Corte de Londres el 20 de mayo y el 8 de junio de 1613. 

Cuando leemos la Primera Parte de El Quijote, en particular los capítulos XXIII al XXXVII donde Cervantes intercala esa historia dentro de las aventuras de don Quijote se encuentra lo que le pasó a Cardenio antes que don Quijote vuelva a entrar en acción. Ahí es donde resulta que hay diez temas entre personajes legendarios, maneras de escribir para lograr el mismo objetivo, utilizar la ambigüedad del travestismo y dar su opinión sobre la música, ‘que compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu’, como aseguraba Dorotea en estas historias de Cardenio, y así encontramos cómo es que cada quien aprovechó esas lecturas, uno en el género de la novela, y el otro en las obras de teatro o en un poema lírico. 

Schelling resumió El Quijote de Cervantes como ‘la lucha entre lo real y lo ideal’ y con esa definición nos colocamos en el centro de lo que va sucediendo entre el Caballero de la Triste Figura y su escudero Sancho Panza en donde, vemos cae en una cierta locura que le impide ver a don Quijote la realidad y se imagina otra cosa.

Cervantes y Shakespeare coincidieron con ‘algunas lecturas de los clásicos grecolatinos y quizá bíblicos aunque en mucho otros sentidos, quizá en los más importantes, sus biografías son agua y aceite’, como lo apuntó Nacho Padilla. 

Bueno, pues dejarse hablar de estas coincidencias nos permite llegar a conocer varias caras de la misma moneda, como sucede con Lucrecia, por ejemplo, cuando Cervantes la cita en voz de Cardenio y por eso nos vamos a leer La violación de Lucrecia, el poema lírico de Shakespeare en donde, por un momento, nos convertimos en voyeurs como lo fue Sexto Tarquino, el violador que observa cómo duerme su víctima y ‘cuanto contempla le hace delirar’, como si viéramos al tigre babeando de lujuria preparándose para atacar a su presa y destrozar la inocencia de esa mujer quien, frente al desconcierto, tiembla como ‘un ave sorprendida por la muerte’.



Ciudad de México, sábado 10 de septiembre, 2016.