martes, 31 de mayo de 2016

Lo que perdimos del original

Ciudad de México.- Miércoles 1 de junio, 2016.


Encontré varias dificultades en la primera parte de El hueco de la corona, la guerra de las Dos Rosas en su segunda temporada, que la hacen poco clara: 

(1) el reparto, tal vez por la cantidad de personajes que aparecen y que son más de 30: 21 ingleses y 11 franceses y por eso se nos dificulta identificar quién es quién entre los nobles ingleses y entre ellos, quiénes están a favor de los Lancaster (rosa roja) o de los York (rosa blanca); más los cambios en el tiempo y en el espacio. 

(2) el tiempo de la obra que empieza en 1422 en la catedral de Westminster durante el funeral de Enrique V y termina nueve años después con la toma de Angiers por parte de los ingleses y la captura de Margarita de Anjou por Suffolk y de Juana la Pucelle por York (Ricardo Plantagenet) en 1431; 

(3) el espacio que si vemos la obra original, inicia en la abadía de Westminster en Londres donde se lleva a cabo el funeral y va cambiando primero a Orleans en Francia; luego en el Jardín del ahora Inner Temple y la Torre de Londres, para pasar por Paris y luego, a la ciudad amurallada de Ruán antes de volver a París, y de ahí a Burdeos y la llanura de Gascuña (la Francia de los Vascos); para irnos a Burdeos y de ahí a Londres para estar de vuelta en Angiers, en la región de los países del Loira y casi para terminar, irnos al ducado de Anjou, donde vive Margarita y de ahí a Londres donde termina la acción.

(4) Otra de las dificultades consiste, por supuesto, en el hecho de reducir la obra original de unas 2:30 horas de duración, a hacer una versión de 50 minutos. Por eso, perdemos esos momentos dramáticos que tienen importancia en la obra original, como la presencia y el carisma de Juana de Arco o la vida de Talbot y el heroico encuentro y muerte con su hijo John en el campo de batalla, una vez que lo han abandonado el ejército de Somerset. Por todo esto, esta versión en TV se convierte en una ‘obra de acción’ que corre por la superficie sin que disfrutemos, bien a bien, de la personalidad y la presencia de Juana de Arco en función del rey de Francia, como se había coronado a su insistencia como Carlos VII (1403-1461) y aquel que era el Delfín, pronto en la obra, se corona rey en Francia.

Entonces, todo es acción y se pierde las pocas cosas que el joven Shakespeare había intentado señalar para hacer que esta versión resultara confusa: el origen es, entre la envidia y la ambición por el poder, la falta de claridad ‘oficial’ de quién era el que tenía ‘más’ derecho en la sucesión de la corona? 

(5) ¿Quién debía heredar la corona entre toda la parentela de Eduardo III (1327-1377)? Este viejo rey tuvo cinco hijos y cada uno de ellos su propia familia: Eduardo, el primogénito más conocido como el terrible Black Prince, padre de Ricardo II; Lionel, duque de Clarence, padre de Philippa casada con Edmundo Mortimer, conde de March; John de Gaunt, el gran viejo noble de la vieja generación, quien era duque de Lancaster y padre, nada menos que de Enrique IV (antes Enrique Bolingbroke) y abuelo de Enrique V; Edmund, duque de York y Thomas, duque de Gloucester) de  partido de los nobles que preparan e inician lo que sería una guerra civil (la Guerra de las Dos Rosas que duró treinta años de 1455 a 1485 y que fue una más de las causas por las que perdieron todo lo que había conquistado en Francia Enrique V.

(6) En cuanto al reparto, me extrañó que hayan escogido a Sophie Okonedo como la reina Margarita, pues no corresponde a la descripción que hace Suffolk al rey Enrique VI para convencerlo de que se case con ella: mi descripción superficial no ha sido sino el preludio de las alabanzas que ella merece. ¡Las perfecciones de esa admirable dama (si yo tuviera facultades para definirlas) formarían un volumen del que sería un encanto cada línea! A lo que el rey había dicho que sus exteriores encantos, han avivado en mi corazón el fuego amoroso. Y en este caso, Sophie es una morena de labios carnosos, que apenas brinca el primer obstáculo de lo que los ingleses consideraban 'belleza' en esa época. Debe ser una magnifica actriz, pero carece de esa belleza medieval.

 En fin, creo que se han perdido varias cosas y sólo queda de esta versión una historia superficial más o menos confusa en donde resalta el inicio de la guerra civil y la pérdida de lo que habían conquistado en Francia. 

(7) Por el contrario no encontramos en este capítulo nada de la fuerza ni la ‘locura’ de la original Juan de Arco o Joan la Pucelle, con Laura Frances Morgan en ese papel, lejos de ser la gran heroína de los franceses, como lo escribió Shakespeare, y no una doncella que nada refleja su valentía ni su fuerza de convencimiento. Una grieta en la pared. 

(8) Como tampoco está tratado a fondo los valores ético y morales del famoso Lord  Talbot, el gran héroe de los ingleses, de tal manera que su muerte, al lado de su hijo, nos doliera más de lo que lograron en esta primer parte de la Guerra de las Dos Rosas.


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