lunes, 30 de mayo de 2016

La suma de los opuestos: primer capítulo

Sophie Okonedo, la reina Margarita.
Ciudad de México, a 2 de junio, 2016.— Un poco confuso resultó el primer capítulo de la segunda temporada de El hueco de la corona. La Guerra de las Dos Rosas pues apretaron la primera de las obras históricas de Enrique VI y de tres horas que dura la puesta en escena en el teatro, la han reducido a 50 minutos en una magnífica producción que empezó en el 2014 y que empezaron a transmitir hace unos días en donde se proponen recorrer la vida de esos dos reyes en Inglaterra en una historia que va desde 1422, cuando muere Enrique V y coronan a su hijo como Enrique VI, hasta la muerte de Ricardo III en 1485. Se han basado en las tres partes de Enrique VI y el Ricardo III, obras escritas por William Shakespeare (1564-1616).

Esta temporada consta de ocho capítulos con un reparto de primera, como estos que son los más conocidos: Benedict Cumberbatch como Ricardo III; Judy Dench como Cecily, Duchess of York; Michael Gambon como Mortimer; Hugh Bonneville, Humphrey, el duque de Gloucester; Sophie Okonedo como la reina Margarita (ver foto... una actriz que francamente no la imaginaba que fuera así, sino que sería una bella francesita, hija del rey de Nápoles y duque de Anjou), así como, otros actores británicos.

Son varios directores los que han participado en las dos temporadas: Dominic Cooke, que dirige este primer capítulo de Enrique VI; Richard Eyre, Rupert Goold y Thea Sharrock; ha estado respaldada por los escritores Richard Eyre, Rupert Goold, Ben Power y Thea Sharrock, con varios productores ejecutivos como son Pippa Harris, Sam Mendes, Gareth Neame y David Horn.

Los ocho capítulos de esta temporada los transmitirán los sábados por el canal Film & Arts a las 22:00 horas. En ellos podremos reconocer el camino que necesitó Ricardo III para llegar al poder, ponerse la corona y dos años después, sufrir de unas pesadillas y tratar de cambiar ‘su reino por un caballo’, para ver si así salva la vida.

Dominic Cooke dirigió la primera de las tres partes de la obra de Enrique VI escrita en 1591 con un reparto de más de 30 personajes: 21 ingleses y 11 franceses que entran en acción en 1422 con el funeral de Enrique V, hasta la recuperación de una de las ciudades amuralladas de Francia (Angers), cuando John Beaufort, conde de Somerset, Suffolk y Warwick toma prisionera a la bella Margarita y deseando hacerla su amante, le propone... probar a hacer de ti la esposa de Enrique; procuraré poner un cetro en tu mano, una corona en tus sienes, su tú consientes en ser mi... (5.3.) y si acepta entonces Margarita será reina y manejará al rey. ¡Yo manejaré a la reina, al rey y al reino! (5.5.)

Cuando la encuentra en su recámara, asombrado le dice: Di lo que quieras que estás en mi poder. ¡Oh, suprema belleza, no temas nada y no huyas! … Deja acariciarte las caderas y besar estos dedos en señal de paz eterna… ¿Quién eres? Dime, para que pueda rendirte homenaje.

Al tiempo que Ricardo Plantagenet, duque de York toma como prisionera a Juana de Arco, (Juana la ‘Pucelle’ o la ‘doncella’ pero que, en inglés, suena como pussel es decir nos suena a ‘puta’, como querían enfatizarlo los dramaturgos ingleses), una doncella muy popular desde entonces que decía se la había aparecido la Virgen cuando niña y pastora para que dejara todo y saliera a pelear al lado de Carlos (el Delfín) para expulsar a los ingleses, cosa que finalmente más adelante. 

Por lo pronto se negó a ser su amante y por lo pronto, rechazar sus insinuaciones… No puedo cumplir ningún rito amoroso, pues el cielo ha consagrado mi casta vocación. Cuando haya arrojado de aquí a todos los enemigos, entonces pensaré en una recompensa.

En la segunda entrega, seguramente la veremos como prisionera cuando trata de evitar la pena de muerte y dice estar embarazada no del Delfín, ni de algún noble inglés, sino del duque de Alençon. Pero, en este primer capítulo de la segunda temporada, sólo vemos lo que el las ruptura del reino por envidia y, por supuesto, nos muestra en un espejo el contraste de los opuestos: los ingleses vs. los franceses; entre los ingleses, los Plantagenet o York (los de la rosa blanca) contra sus opuestos los Somerset o Lancaster (rosa roja). Envenenados por la ambición, se declaran la guerra conocida como la Guerra de las Dos Rosas (como es el subtítulo de esta temporada) al tiempo que pierden todo lo que había logrado Enrique V después de conquistar Francia. Este pleito lo vemos en esta primera entrega:

Plantagenet.— Ahora Somerset, ¿dónde está tu argumento?
Somerset.— En la funda de mi espada, que pronto va a pintar tus rosas blancas de rojo sangriento.
Plantagenet.— Mientras tanto sus mejillas son una contradicción: palidecen de miedo, atestiguando que la verdad está de nuestra parte.
 Somerset.— ¡No es el miedo de lo que palidecen, Plantagenet es de cólera al ver que las tuyas tienen el color de nuestras rosas porque están enrojecidas de vergüenza, mientras tu lengua se niega a confesar tu error!
Plantagenet.— ¿Tu rosa no estará roída por un gusano, Somerset?
Somerset.— ¿Tu rosa no tendrá alguna espina, Plantagenet?
Plantagenet.— ¡Sí, dura e hiriente para sostener la buena causa; mientras que tu gusano roedor se nutre de impostura! (II.4)

Y así es como siguen los contrastes entre opuestos y tenemos a Talbot y su hijo, que representan el valor y el espíritu de los ingleses y, por el otro lado, a Juana la Pucelle, valiente heroína francesa y para que no falten más contrastes entre los opuestos, la carencia de valor y enjundia del joven Enrique VI y, de alguna manera, del Delfín en la Francia del siglo XV.

Por eso nos cuesta trabajo identificar quien es quién en este primer capítulo entre los nobles y las autoridades religiosas de Inglaterra y por eso hay una cierta confusión entre las dos familias pero, poco a poco, seguramente los iremos reconociendo.

Lo que sí, vemos con claridad es la traición, la envidia, la ambición que domina la escena, así como la falta de fidelidad y causa común: cuando los intereses personales y la envidia sólo alimentan el egoísmo. 

Hay dos hechos que no logran comunicar el verdadero sentimiento de lo que leímos alguna vez, como es la muerte de padre e hijo Talbot que no llega a conmovernos como lo esperábamos, pero, sin duda, representa una tragedia pues el valor que nadie más tenía por el reino de Inglaterra, hicieron que más temprano que tarde, cayeran los dos en manos de los franceses en una escena de la que Thomas Nash en 1592, escribió lo siguiente:

Cuánto le habría gustado saber al valiente Talbot, terror de los franceses, que después de yacer doscientos años en la tumba se levantaría triunfante en el teatro, y que sus huesos serían embalsamados otra vez por las lágrimas de diez mil espectadores por lo menos (y en varias ocasiones), que, en el actor encarna su papel, imaginan que lo ven desangrarse de nuevo.


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