viernes, 8 de abril de 2016

Cuando al favorito le cortan la cabeza

Ciudad de México a 9 de abril, 2016.— 

La reina Isabel I de Inglaterra en la ópera de Donizetti.
En nuestros días se dan casos, aunque la decapitación es simbólica, como le pasó a Manuel Camacho Solís (QDP) que creyó durante todo el sexenio (88-94) que era el favorito de Los Pinos, porque el Presidente le dijo al nombrarlo que ‘gobernar la Ciudad de México era como gobernar al país’ y con eso creyó que iba a ser el candidato a la presidencia.

A Roberto Deveraux le mandaron cortar la cabeza cuando tenía 35 años de edad. Había sido el segundo conde de Essex (1566-1601) estuvo en el Trinity College de Cambridge antes de ser presentado en la corte y convertirse en el favorito de la reina Isabel.

Su vida fue una aventura: primero, como soldado en Zutphen, Holanda de donde regresa con la espada de su primo caído en acción. Era el poeta Sir Philip Sydney y Essex aprovecha entregarla a la viuda, Frances Walsingham y de pasada le propone que se case con él, cosa que hacen en secreto, sin importarle que la reina estaba en contra. No lo hubiera hecho.

El próximo sábado 16 de abril se transmite desde el MET de Nueva York la ópera Roberto Deveraux de Gaetano Donizetti en donde nos enteramos de su vida y amores de ese que fue el favorito de la reina Isabel I de Inglaterra hasta que perdió la cabeza después de brincarse las trancas de la fidelidad e intimidad.

Isabel I (1533-1603) lo nombra Caballero de la Jarretera y su Consejero Privado y, de ahí p’delante, su estrella parpadea, pues, como dice Shakespeare (Soneto 25), su vida depende si el poderoso frunce o no el ceño, en cuyo caso, son borrados del libro de honor:

Los favoritos de los grandes príncipes abren sus pétalos como las caléndulas ante el ojo del sol, reposando en ellas su orgullo enterrado mismo que, al fruncido del ceño, muere en su gloria. El sufrido guerrero, famoso en los combates después de mil victorias, si es derrotado en esta ocasión, pronto será borrado del libro de honor y todo lo que hizo será olvidado.

Deveraux perdió la cabeza en 1598 el día que, estando en la Corte, la reina le tapó los oídos y él desenvainó la espada como si se tratara de un enemigo. Nunca lo hubiera hecho.

Un año después, le pide que acabe con el rebelde irlandés Tyrone y el General Essex hace lo que se le antoja. A los seis meses la reina lo manda llamar y Deveraux, enlodado y sudando, se baja del caballo y entra, sin avisar, a la recámara privada de la Reina desnuda, sin maquillaje y sin dientes. Nunca se lo perdonó.

Shakespeare compara al conde con Enrique V cuando celebra su victoria de Agincourt en Londres en 1415:

Así, por poner un ejemplo menos encumbrado pero más próximo a nuestros corazones, sería recibido hoy —y bien puede llegar el día en que lo sea—, el general de su Majestad cuando regrese de Irlanda, una vez sofocada la rebelión con su espada.

Un día decide rebelarse para que abdique la Reina: el 7 de febrero de 1601 contrata a la compañía de actores de Shakespeare para que reponga Ricardo II, en donde Bolingbroke había logrado que el rey abdicara. Al día siguiente fue derrotado, juzgado y quince días después le cortaran la cabeza (al tercer intento). Él tenía 35 años y, dos años después, cuando la reina muere en 1603, ella tenía 70 años de edad.

La ópera de Donizetti mantiene la tensión entre el poder y la fidelidad, entre la locura senil y el amor de la reina con todo y las desmesuras de su favorito.


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