martes, 16 de febrero de 2016

Compartir el dolor y la furia de Lucrecia

Ciudad de México, a 18 de febrero, 2016.— 

Lucrecia, versión de Lucas Cranach, el Viejo (1472-1553)
Cuesta trabajo aceptar a los que se aprovechan de su fuerza para violar a una inocente. Por eso el poema lírico La violación de Lucrecia de Shakespeare sigue vigente y nos vuelve a sacudir el esqueleto de las emociones.

De 1592 a 1594 la plaga atacaba en Londres y los teatros los cerraban hasta nuevo aviso. Shakespeare se quedaba sin chamba y para compensar esa situación y probar si era un poeta exquisito, Shakespeare (1564-1616) decide escribir en esos años y dedicarle a Henry Wriothesley, Conde de Southampton (1573-1624) dos de sus poemas líricos: Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594). El best-seller fue el poema de Venus a quien Adonis, por accidente, la ve desnuda mientras ella se baña hasta que el cazador furtivo la rechaza y terminar muriendo presa de sus propios lebreles. En cambio, el poema de La violación de Lucrecia está basado en los Fastos de Ovidio y de la historia de Roma de Tito Livio al final de la monarquía romana (509 a.C.) para darle paso a la República.

Me han regalado una nueva versión hecha por José Luis Rivas (Vaso Roto Ediciones, España 2015) que contrasta con la espléndida versión de Fátima Auad y Pablo Mañé en Río Nuevo, España, 1975, que he vuelto a leer de ‘pe a pa’.

Nunca presumas de la belleza ni de la fidelidad de tu mujer frente a tu jefe o frente a los poderosos, como lo hicieron algunos soldados que acampaban en Ardea, apostando por la fidelidad de sus esposas y Colatino exageraba de Lucrecia. Para cerrar las apuestas, salieron a confirmar lo dicho y todas estaban de juerga menos Lucrecia que hilaba esperando a su marido, como éste presumía con razón. Pero no se dio cuenta que fue la ocasión para que su jefe, el general Sexto Tarquino, hijo del rey de Roma, regresara por la noche para violarla.

Fue recibido regiamente como convenía a su grado. Esperó a la medianoche para entrar a su cuarto a traición para observarla desnuda mientras dormía, antes de atacar y violarla:

Cuanto contempla le hace delirar
y su mirada ansiosa ceba en sus ansias.
Con más que admiración él admira
las azules venas, el cutis de alabastro,
sus labios de coral y los hoyuelos del mentón,
blanco como la nieve.

Y los lectores somos voyeurs de las escenas cuando el tigre se prepara para atacar a su presa y destrozar su inocencia como la de la bella Lucrecia que, frente a su desconcierto, tiembla como un ave sorprendida por la muerte.

Después que el cobarde había huido, ella espera que llegue su marido y trata de consolarse con un cuadro de Troya donde está Hécuba, su reina, mirando con sus viejos ojos las heridas de Príamo que yace sangrante bajo el orgulloso pie de Pirro donde el pintor ha disecado la ruina del tiempo, el naufragio de la belleza y el dominio de la dura zozobra… y así, el poeta contrasta el estado de ánimo de Lucrecia con el de esa reina que ha perdido todo.

El poema tiene 1,850 versos y es un viaje por el inframundo de los violadores y el dolor y la furia de quien ha sido violada hasta que decide suicidarse frente a su padre, Junio Bruto y Colatino, su marido, después de haberles narrado lo sucedido para clavarse la daga y que su sacrificio los llevara a destruir al rey Tarquino, el Soberbio y a Sexto su hijo, para dar inicio a la República hasta que César Augusto acaba con la república e instala el Imperio en el año 27 de nuestra Era. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada