miércoles, 20 de enero de 2016

¡Qué espléndida obra es Hamlet!

Con Benedict Cumberbacht como Hamlet haciendo lo que propone: ajustando la acción a la palabra y la palabra a la acción.



Ciudad de México, a 21 de enero, 2016.— Este martes asistimos al Lunario, con un lleno completo, para ver Hamlet, la obra que transmiten desde el Barbican Theater de Londres con la National Theater y Benedict Cumberbacht como actor principal, con todo u sus treinta y nueve años de edad que navega por lo más alto de la carrera como les sucede a algunos actores cuando navegan por los escenarios en el mejor momento de su vida, como esta actor londinense que ha sido el protagonista en The Imitation Game, nominado al Oscar como mejor actor y que próximamente estará en TV como el superhéroe de Marvel Dr. Strange o como Sherlock Holmes (BBC) o como Ricardo III en la nueva serie  de The Hollow Crown, (2016).

En esta ocasión, lo vimos desplegándose tal vez como uno de los mejores Hamlet’s que he visto en mi vida: un verdadero príncipe de Dinamarca, maniaco depresivo que, por mucho, se llevó esta función dirigida por Lyndsey Turner, una de las pocas mujeres que ha ganado el Premio Laurence Olivier como lo logró en el 2014 quien adaptó, con mucha gracias, varios momentos de la obra.

La obra se lleva a cabo en algún momento de la segunda mitad del siglo XX, en donde Hamlet se mueve como si estuviera en verdad en su casa en el castillo de Elsinor, cumpliendo cada uno de sus principios actorales, que él mismo propone, con magníficos resultados: Digan sus versos, se los suplico, como yo los he recitado, que salgan con naturalidad de su lengua. Si los declaman como lo hacen muchos actores, mejor sería dárselos a un pregonero para que los recite. No hagan con sus manos como si fueran abanicos cortando el aire… antes que nada, úsenlas con delicadeza, pues en el torrente, la tempestad o en el torbellino —por decirlo así— de su pasión, tienen que hacer alarde de la templanza y de la mesura… Ajusten en todo la acción a la palabra y la palabra a la acción… Etcétera…

Es increíble el resultado y no podemos menos que seguirlo en todas y cada una de sus líneas que sabemos ocupa el primer lugar entre todas sus (37) obras declamando un total de 1,506 líneas o versos para ocupar el 39% de lo que se dice en esta obra, una vez que ajusta ‘toda la acción a la palabra’ y por ahí, desde que se pregunta al inicio ¿Quién va?, nos pasamos el resto de las 3 horas y media tratando de conocer quién es ese que va, hasta que nos damos cuenta que se trata de saber quienes somos nosotros, como él que tiene que aceptar vivir en medio de la corrupción y la podredumbre (Algo podrido hay en el reino de Dinamarca...) de una sociedad en decadencia, en donde sabe o intuye que su padre ha sido asesinado por quien ahora porta la corona y se acuesta con su madre, al tiempo que ve pasar frente a su castillo a unos veinte mil mercenarios, como esos soldados que dicen ser noruegos, que marchan para morir tratando de conquistar un territorio que no vale una cáscara de huevo.

Y cómo es que Cumberbacht-Hamlet cambia de humores y pasa de la reflexión de sus apartes, a la desesperación y la furia de no poder ser capaz de entrar en acción y vengar la muerte de su padre, y se la pasa desahogando los celos con su madre que ha decidido, en menos de dos meses de viudez, revolcarse en su lecho con el hermano de su marido que no sabe que ha sido un fratricida.

Del resto del reparto destaca Sian Brooke (1980-) la Ofelia que acaba suicidándose; un rey Claudio que no nos gustó y nos dejó algo en que pensar en esto que son relatividades en el reparto con Ciarán Hinds, como tal. Su reina Gertrudis es Anastasia Hille que tampoco destaca, y un Leo Bill como Horacio que nunca supimos por qué carga una mochila todo el tiempo, así como hubo un espléndido Jim Norton como Polonio.

Nos dieron ganas de decir con Hamlet, eso que de repente él piensa conmovido en medio de todo ese contraste que está viviendo: ¡Qué espléndida obra es un hombre!, ¡qué noble en su razón!, ¡qué infinito en su facultad!; en su forma y movimiento, ¡qué expresivo y admirable!; en su acción, ¡qué parecido a un ángel!; en comprensión, ¡qué parecido a un dios!; belleza del mundo, parangón de los animales.

¡Bravo por la actuación de Benedict Cumberbacht!


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