sábado, 2 de enero de 2016

Mejor me hago el loco

La manera como Hamlet supo que podía sobrevivir, era hacerse el loco mientras investigaba quién había matado a su padre.

Ciudad de México, a 2 de enero del 2016.

Benedict Cumberbatch como Hamlet, London National Theater.

No le quedó otra después de que le avisaron cuando estaba en la Universidad de  Wittenberg que había muerto su padre y después que llegó a su castillo Kronborg cerca de Elsinore en Dinamarca en donde su tío Claudio se nombre Rey y se casa con su madre antes del mes de haber enviudado. Acosado por todo esto intuye que algo anda podrido en Dinamarca aunque le costaba trabajo aceptar que fuese algo verdadero, eso que ‘en efecto es parecer, pues son actos que un hombre bien pude fingir: pero yo llevo dentro lo que va más allá de cualquier apariencia’, y así empieza a torturarse al ver a su madre feliz, del brazo de su cuñado y nosotros, hombres del siglo XXI, sabemos que para un hijo, la madre puede ser motivo de celos, tantos, que nos pueden enloquecer.

En enero 17, 18 y 19 van a transmitir a las pantallas del Lunario (detrás del Auditorio en la CDMX), desde el National London Theater una nueva puesta en escena de Hamlet, príncipe de Dinamarca de Shakespeare, bajo la dirección de Lyndsey Turner, la tercera directora que recibió el Premio Laurence Olivier en el 2014, con el londinense Benedict Cumberbatch (1976-) como Hamlet (este actor en TV que hace Sherlock y que hará el papel de Ricardo III este año como parte de la continuación de la serie en TV The Hollow Crown o El hueco de la corona).

¿Qué versión es la que iremos a ver? ¿Cuál de las cinco posibilidades con las que podemos ver o analizar esta obra será la que domine si es que hay alguna? Por ejemplo, será más bien una obra de misterio, es decir, una obra donde nos la pasamos viendo cómo es que el joven príncipe le sigue la pista para saber quién mato a su padre.

O si veremos a un Hamlet como «el personaje», es decir, como ese ser humano que va cambiando con el tiempo como cambia su modo de ser y de ver todo la realidad que lo rodea, con la experiencia que va adquiriendo y con los golpes que le va dando la vida, empezando con el duelo por la muerte de su padre y su furia y enojo por el súbito matrimonio de Gertrudis, su madre, o por darse cuenta que casi todo lo que está a su alrededor está podrido.

O si más bien enfatizan ese aspecto más de filosofo, en donde se la pasa tratando de entender tantas cosas de la vida, entre ser y no ser, o cómo es posible que se pueda vivir en un mundo que apesta y está corrompido o de qué manera puede coexistir la inteligencia y la sensibilidad en un mundo en donde sólo hay dolor, penas y sufrimientos o, tratar de averiguar cuál sería el significado último de la muerte.

O si es una obra de venganza, desde que ve al fantasma de su padre o lo sueña o lo intuye y luego confirma que tenía razón cuando ve la reacción de su tío frente a una obra de teatro que montó con sus amigos sobre un asesinato del rey Gonzaga, tan parecido al que su tío lo había hecho o desde pronto intuía esto que se decía en voz alta mientras caminaba por el castillo… «mi padre asesinado, mi madre deshonrada, motivos para la razón o la sangre. Y yo, sólo duermo… sólo duermo, mientras contemplo, para mi vergüenza, la muerte segura de veinte mil soldados sólo por la ilusión de un día de gloria mientras van caminando hacia su tumba como hacia su lecho, peleando por un trozo de tierra, en el que apenas hay sitio para las fosas de los que allí caigan muertos. ¡De aquí en adelante, mis pensamientos sólo serán de sangre¡ ¡O no valdrán la pena tenerlos!’ y tal parece que podría pasar del pensamiento a la acción.»

O si será más bien una tragedia que está llena de preguntas que forman un rompecabezas en donde hay un ser pensante, una figura trágica, en donde tratamos de saber qué sucede con el espectro que se aparece un par de veces para confirmar si realmente su tío Claudio mató a su padre o si en verdad está medio loco o si sólo es uno de esos hijos únicos, bipolares insoportables para saber si, finalmente, un día de esos podrá vengar a su padre.

Bueno, la obra la voy a ver el martes 19 de enero, la última función, así que después de verla podré dar la versión de lo que creo haber visto y si eso que vimos aporta algo nuevo a esta que es la joya de la corona de las obras de Shakespeare que este año (2016) se celebran 400 años desde su fallecimiento junto con Cervantes el otro gigante de las letras universales, en esta realidad virtual como son las pantallas de alta definición que proyectan la transmisión desde el mismo escenario del National Theater en Londres (después de haberlas subtitulado).

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