miércoles, 14 de octubre de 2015

La implicatura en Otelo


Justo en el momento cuando se cae el ídolo por los suelos.
México D.F. a jueves 15 de octubre, 2015.— El único Otelo que conocen en Italia es la versión operística de Verdi, así que seguramente, con la nueva producción del MET de Nueva York que podremos ver en las pantallas gigantes transmitida en directo desde NY, veremos de nuevo al genio de Verdi quien se basó en el original de Shakespeare para que volver a sufrir cuando vemos cómo el abanderado Yago, que es el paradigma del demonio encarnado que hace el mal por el mal mismo, convence a Otelo, entre otras cosas porque el moro ‘oye más de lo que le dicen’, tal como lo propone Ulises Schmill en ese ensayo en donde analiza las causas por las cuales el moro de Venecia, a pesar de tener todo a su favor lo convierte en tragedia, allá en la isla de Chipre y la causa alma mía, la razón por la que acaba con su mujer, que era lo que más quería, movido por esa implicatura y por el complejo de ser moro, como nos enteramos cuando confiesa que acaso se debe a que soy negro y no poseo los suaves dotes de la conversación como la de los cortesanos o tal vez porque empecé a descender por el valle de mi vejez… aunque no soy tan viejo.


Es un thriller psicológico en donde la estrategia de Yago la conocemos desde el inicio cuando le oímos decir que su odio a Otelo está arraigado en lo más firme y más profundo de este pozo negro de mi sangre y, para vengarme y arrojar a Casio de su puesto, voy a engañar al moro vertiendo lentamente en sus oídos que Casio y que Desdémona... En cambio, el moro es de naturaleza franca y cree que Casio es honesto. Pero yo lo llevaré dócilmente por la nariz, como a un burro y le haré beber, gota a gota, la diabólica ponzoña de los celos. ¡Ya está! ¡Ya está engendrado! Ahora, la noche y el infierno se encargarán de dar a luz este monstruoso nacimiento.

Y tal cual lo lleva a cabo sin que podamos hacer nada por evitarlo aunque nos dan ganas de gritarle a Otelo que tenga cuidado, que lo están engañando o, como dice Ulises Schmill, que está oyendo más de lo que le dijo, como es la implicatura, esa que nos puede hundir hasta el fondo del pantano.

Cada vez nos queda más lejos, ahora, como un eco que se pierde por los aires, cuando el héroe de las mil batallas logra seducir a la veneciana desde que ella le pidió que le contara mis viajes a ella sola, pues sólo había oído fragmentos del relato y yo accedí y le conté lo que ya había narrado, más otros episodios con nuevas palabras, en otro tono y con un desconocido entusiasmo. Y muchas veces sucedió que, cuando la muerte me acechaba vi, húmedos de lágrimas sus párpados

Hace tiempo que le escribí a Ulises para agradecerle las explicaciones de su ensayo Las implicaturas del resentimiento (Editorial Themis, México 2010), en donde obtuve una justificación tan ilustrativa, sobre todo, por ese concepto que no había conocido, ni imaginado: cuando implicamos —sobre lo que nos dicen—, nuevo sentidos, sobre todo, si estamos en conflicto.

Y, por otra parte, me doy cuenta lo terrible que es cuando se cae un ‘ídolo’, cuando esa persona que tanto admiramos que casi idolatramos, como Desdémona adoraba a su Otelo, hasta el momento que la maltrata —o cuando la esposa sabe que su marido anda con otra o viceversa… en ese mismo momento el ídolo se rompe como jarrito de Tlaquepaque para nunca más volver a ser el quien era. ¿Me explico? Por eso, cuando volvamos a ver esta escena, se nos apachurra el corazón. Ni hablar, así es la vida: un solo acto y el ídolo se cae para siempre y nunca más vuelve a ser lo que era. Así son las cosas de la vida.

Otelo del MET estará dirigida por Bartlett Sher con Aleksandrs Antonenko como Otelo, Sonya Yoncheva como Desdémona y Željko Lučić como Yago. El director de la orquesta es Yanick Nézet-Séguin y la podremos ver este sábado 17 a las 12:00 horas en el Auditorio Nacional de la CDMX y en el Teatro Diana de GDL, así como en las salas donde se proyecta en toda la República y el resto del mundo.