lunes, 7 de diciembre de 2015

Lo hecho, hecho está

México D.F., a 10 de diciembre, 2015.— 

Marion Cotillard como Lady Macbeth.
El cine nos ofrece en las artes escénicas sus propias herramientas, únicas y vigorosas que son su privilegio. Cuando se utilizan al máximo, el resultado puede ser una obra maestra, tal como resulta en el Macbeth que recién circula en las taquillas de Cinemex en este mes de diciembre, dirigida por el australiano Justin Kurzel (1974-), realizada por un equipo que funcionó a las mil maravillas para crear esta nueva versión de la tragedia de Shakespeare escrita hace 410 años.

El close-upacercamiento es una de esas herramientas que nos permiten ver y escuchar de cerca al personaje como si nos estuviera murmurando lo que pasa por su cabeza. Cuando vemos a Marion Cotillard como Lady Macbeth en un acercamiento de más de tres minutos, que puede ser una eternidad, sin corte alguno, en ese punto de inflexión de su vida, cuando asoman unos lagrimones porque se da cuenta que las cosas resultaron de otra manera en su vida desde la muerte de su hijo con lo que, sorpresivamente, comienza en esta versión y, como vamos a escuchar más adelante cuando sabe lo que es amamantar pero que, si hubiera jurado como su marido lo hizo para decidir matar al rey Duncan, sabiendo lo tierno que es amar a ese ser que amamantas; pues bien, sería capaz de que, en el mismo instante en que te mira sonriendo le habría arrancado el pezón de sus blandas encías y le hubiera machacado la cabeza si lo hubiese jurado como lo juraste tú

Los flash-backs que nos muestras el pasado reciente o la imaginación del personaje y esas tomas desde el cenit, como si fuera 'diosito' mismo el que estuviera asomándose a ver la escena y todo esto en un ritmo apaciguado, lento para escuchar bien lo que escribió Shakespeare con acento escocés.

El casting tiene que ver con esta versión en donde los escoceses medievales los vemos de cerca y por eso, escogieron a unos hombres con sus heridas de guerra, y unas grandes y tupidas barbas en esos rostros de fuertes expresiones que ocupan toda la pantalla, como los niños que tienen el aspecto que corresponde ya sea como príncipes o fantasmas, antes de crecer o después de muertos.

La fotografía es única: en el paisaje natural que nos invade y nos trasmite, de una extraña manera el ambiente que vivimos: el miedo, la soledad, la inmensidad de lo que nos rodea o las dificultades para circular entre esas cañadas en donde el que se descuida, se resbala y puede caer por el precipicio. ¿Verdad Macbeth?

El paisaje como el de Surrey, que está al sudeste de Londres y que muy bien pudo haber sido el de las montañas y lagos como los que hay en Escocia, con copetes nevados y una bruma o neblina que hace que las brujas aparezcan y desaparezcan en su propio jugo. Nadie ríe en ningún momento y la lluvia cae, como puede caer en Escocia per secula seculorum, amén, como si fuera el llanto divino al que a veces se le agrega el propio porque nunca antes en ninguna otra versión de Macbeth habíamos sentido a los dos, es decir, a Lady y a Macbeth antes, en y después del regicidio.

La escenografía de Inverness, donde habitan los Macbeth, resulta que es una capilla de madera bien iluminada con velas y cirios, y un cruz hueca en una de las paredes que deja pasar la luz natural de día. El resto son una especie de casas de campaña en medio de un potrero lleno de la boñiga de los caballos, así como luego vemos y habitamos el castillo de Dunsinane austero, de piedra como debe ser, con sus chimeneas encendidas día y noche.

La violencia de las guerras medievales cuerpo a cuerpo en donde no tenemos la menor idea de lo que es esto en nuestro días, pero que aquí podemos sentir el horror entre la bruma, la niebla, el sol y la sombra mientras que la tropa quedaba manca, coja o muerta a la menor provocación.

Los guionistas mis respetos: Jacob Koskoff, Michael Leslie y Todd Loiso se saltaron algunas escenas y otras las comprimieron para no perder la concentración o, más bien, la tensión que se genera desde el inicio cuando Macbeth escucha a las brujas o a su inconsciente pronosticar lo que más desea allá en la oscuridad que hay en el fondo de su alma: ser thane of Cowdor y rey de Escocia, dos nombramientos que logra en dos días.

Varias escenas que nos dejaron sin habla: la cena del rey Macbeth con sus nobles, cuando enloquece y ve el fantasma de Banquo a quien había mandado matar, es una (es)cena perfecta, como nunca antes me había podido imaginar. La otra que esperaba con ansias era cuando le avisan que su mujer había muerto. En esta versión, Kurzel y/o los guionistas, deciden que sea al lado del lecho donde yace ella muerta y lo que dice él, lo dice en un acercamiento y todo adquiere esa luz con la que Shakespeare quiso alumbrarnos, con un gesto amoroso que nunca antes habíamos visto o imaginado y entonces, lo vemos cargándola fallecida mientras dice que la vida es una sombra que camina, un pobre actor que gesticula y se pavonea en el escenario una hora y después, no se sabe nada más de él, es un cuento contado por un idiota, pleno de ruido y furia que nada significan antes de que se le caiga al suelo su Lady y nosotros nos quedemos asombrados de imaginar el amor que hubo una vez, antes de que los dos se envenenaran con el poder y la ambición.

Una versión cinematográfica que desde ahora le doy el ‘Oscar’ a la mejor película extranjera. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada