sábado, 5 de diciembre de 2015

Desbocado y a pelo con la ambición


México D.F., a sábado 5 de diciembre, 2015.— 

Marion Cotillard como Lady Macbeth (2015).    

La ambición por el poder estaba en la médula de Macbeth, el caballero convertido en héroe durante la más reciente batalla en contra de los rebeldes escoceses, enemigos del rey, como el traidor thane o barón de Cawdor, título que en menos de lo que él pensaba le fue otorgado por el rey Duncan de Escocia, tal como lo advirtieron las brujas, que sin más, destaparon esa olla donde hervían sus deseos reprimidos para dejar que Macbeth montara su ambición a pelo.

Marion Cotillard es Lady Macbeth en la versión del australiano Justin Kurzel (1974-) —que espero siga en Cinemex—, en donde esta bella mujer, que ha ganado el Oscar a la mejor actuación, la vemos cómo empuja a su marido para que ruede por el precipicio de la ambición, una vez que ha tomado el atajo asesinando al rey mientras dormía en su castillo, algo que no podía ni puede  concebido en aquellos ni en nuestros días, amén.

Ya eres Glamis y Cawdor, y has de ser cuanto se te ha prometido. No obstante, desconfío de tu naturaleza. Demasiado llena de es aleche que es la bondad humana para elegir el camino más corto. Querrías ser grande; no careces de ambición , pero sí de esa malicia que debe de acompañarte… Apresúrate a llegar aquí para que yo pueda vaciar mu audacia en tus oídos y vencer con el brío de mi lengua todo lo que te estorba… y si es necesario conviertir mi leche en hiel…

Es la más corta de las tragedias y una de las más importantes de Shakespeare —que el año que entra se celebran 400 años de su muerte (1616)—, en donde el alemán Michael Fassbender (1977-) hace el papel principal y nos vuelve a sorprender su actuación replegada a esta obra filmada en Surrey, Inglaterra que resulta ser un fiel recordatorio de una de las grandes debilidad del hombre, cuando es incapaz de contener sus deseos de grandeza, sin poder aceptar la decadencia de su fortaleza sexual que ya ha pasado por el cenit de su juventud y que, en lugar de aceptarla como parte del ciclo de la vida, la niega, sólo para disfrazarla con el armiño y la corona que simula ese mismo poder que ha perdido, como también ha perdido el sueño.

Se lleva a cabo la transformación del barón y héroe de la batalla en un desquiciado asesino en serie que acaba con todos los que podrían descubrir lo que trata de contener cada vez más inseguro de lo que hace, hasta buscar de nuevo a la brujas para traducir la ambigüedad de lo que le dicen, como los oráculos de Delfos en la antigüedad, creyendo que es inmortal, como todos deseamos serlo, y que nadie podrá acabar con él: …por que nadie nacido de mujer le hará daño a Macbeth … y hasta que el gran bosque de Birnam suba a combatirlo a lo más alto de Dunsiname, a tres kilómetros de distancia. Se muere de risa.

Pero nosotros no nos reímos para nada porque sabemos que ha perdido el sueño desde que escuchó a una voz que le decía: ¡No volverás a dormir, Macbeth ha asesinado al sueño! ... ¡El inocente sueño, el sueño que entreteje su enmarañada madeja con cuidado! La muerte de cada día, el baño para la fatiga, el bálsamo para nuestra mente dolida, segundo plato de la Naturaleza y principal elemento del festín de la vida.

Una nueva versión que impacta y se ajusta a la obra.

1 comentario:

  1. La Dra. Luz Silvia Real nos ha mandando estas dos notas que tienen que ver con Macbeth y por eso las publico el 7 de diciembre 2015

    LA CULPA

    MEDICO
    —¿Qué hace ahora?
    ¡Qué modo de frotarse las manos!
    DAMA
    —Es costumbre suya; parece como si las estuviera lavando;
    la he visto insistiendo en esa ocupación todo un cuarto de hora seguido
    LADY MACBETH
    —El barón de Fife tenía su esposa;
    ¿Dónde está ahora?...
    ¿No he de poder ver limpias mis manos?…
    ¡Bórrate, endiablada mancha! ¡Bórrate, digo!…
    Una … dos … ¡el momento de hacerlo!
    ¡Oh, lóbrego infierno! ¡Vergüenza, mi señor, qué deshonra!
    Soldado … ¡Y cobarde!
    ¿Por qué hemos de temer que se sepa,
    cuando nadie puede pedirnos cuenta de ello?…
    ¡Quién hubiera pensado que aquel anciano tuviese tanta sangre!
    Macbeth. (5. 1)

    EL GRIFO

    LADY MACBETH
    —¡Urge! ¡urge que alguien me repare! ¡Dios! ahí viene otra vez!
    Una… dos… tres… Como cuentas de cristal caen las gotas sobre la porcelana, perdiéndose en un agujero oscuro y sórdido. En el reino oscuro de la noche canta un grillo, en franca sintonía con el goteo infinito. No hay silencio, no hay descanso.
    Mi boca abierta, ocho… nueve… diez… Las sombras de los árboles penetran a través de la ventana que está en la parte superior del espejo.
    Mil… mil uno… mil dos…
    Empiezan a escucharse los primeros cantos de las aves. Ha callado el grillo. El dorado de mi cabeza resplandece con los primeros rayos del sol. Febrilmente talla mi superficie, ni una costra de jabón que denigre la porcelana de la pileta que me sostiene. Como un telón, el amanecer va develando los níveos azulejos que me rodean.
    Y continúa la danza macabra: el interminable girar de mi espiga sobre la válvula, lava, lava y lava sus manos. Ya son dos años y no es asunto de edad sino de uso lo que ha desgastado mi engranaje. Sí, hace dos años que empezó esta pesadilla.
    Creí que toda el agua del mundo iba a salir por mi boca. Sus manos desesperadas, haciendo hueco, recogían una y otra vez el precioso fluido, lavando el rostro bañado en lágrimas.
    ¿Qué pasa? De su muñeca se desprenden hilos de sangre, me aprieta del cuello y se desvanece. El rojo tiñe lo níveo. Golpes de puertas, gritos y finalmente el llanto de una sirena que se pierde en la distancia.
    Yo quedé con un giro a la derecha, petrificado. No sé cuánto tiempo transcurrió, hasta que una mano piadosa me cerró.
    Yo sigo goteando sobre la porcelana, como el gotear que ella albergaba en su cerebro y ella secaría los océanos de tanto lavar lo que está limpio.
    Pero, ¡urge, urge que me reparen!
    Macbeth (5.1.)

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