jueves, 28 de noviembre de 2013

Las historias de Otelo

Rory Kinnear (Yago) y Adrian Lester (Otelo) con la London National Theater
México D.F., a jueves 28 de noviembre, 2013.— Ahí estaba Yago el alcahuete desde la primera escena convenciendo al inocente Rodrigo que él podía conseguirle a Desdémona, la hija del senador Brabancio, aunque ese día se había casado con el moro de Venencia, con ese maldito moro que ha nombrado como su Teniente a Casio el florentino, al niño bien que nunca ha estado en un campo de batalla y que por eso se vengará y vemos cómo lo lleva a cabo, paso a paso, hasta que lo logra con creces.

La trama la conocemos, así como, el desenlace y, sin embargo, ahí vamos de nuevo, como buenos masoquistas, para ver la nueva versión que ha preparado Nicholas Hytner su director, con dos figuras que hacen de la versión del London National Theater que, por cierto la vuelven a pasar el sábado 30 en en CENART a las 18:30 y el próximo domingo 8 de diciembre en el Lunario a las 20:00 horas, una obra francamente impresionante con Adrian Lester como Otelo y Rory Kinnear como Yago en una puesta en escena y escenografía como si hubiese sucedido en nuestros días en uno de los campamentos ingleses en Afganistán.

Es un thriller psicológico en donde vemos cómo se puede derrumbar un gigante, uno de esos hombres que podríamos haber idealizado y considerado como un dios, pero que se tropieza y cae de nuestra gracia para nunca más volver a recuperar su prestigio e imagen, como puede suceder al marido o a la esposa cuando el otro se entera que ha sido engañado o con el padre o el jefe que, por otras razones, nunca más volvemos a admirarlos, sino todo lo contrario pues una vez que se han caído, nunca más se vuelven a levantar.

La estrategia de Yago la confiesa desde el primer momento: mi odio a Otelo está arraigado en lo más firme y más profundo de este pozo negro de mi sangre y, para vengarme y arrojar a Casio de su puesto, voy a engañar al moro vertiendo lentamente en sus oídos que Casio y que Desdémona... sí, Casio es bello y de dulce compostura y cortesía más que ¡pintiparado para mi proyecto! En cambio, el moro es de naturaleza franca y cree que Casio es honesto. Pero yo lo llevaré dócilmente por la nariz, como a un burro y le haré beber, gota a gota, la diabólica ponzoña de los celos. ¡Ya está! ¡Ya está engendrado! Ahora, la noche y el infierno se encargarán de dar a luz este monstruoso nacimiento.

Y tal cual lo lleva a cabo sin que podamos hacer nada por evitarlo y menos como público, aunque nos dan ganas de gritarle que tenga cuidado, que lo están engañando. Nada, las cosas se dan, como bien dice Ulises Schmill porque entre otras cosas, cuando estamos en crisis “oímos más de lo que nos dicen” y, entonces, se lleva a cabo “la implicatura”, donde le ponemos más crema a los tacos y por eso, nos hundimos cada vez más en la arena movediza.

Claro que hay otras cosas, por ejemplo, los complejos que confiesa el mismo Otelo: acaso porque soy negro y no poseo los suaves dotes de la conversación fácil como la de los cortesanos o porque empecé a descender por el valle de mi vejez… aunque no soy tan viejo…, tal como nos dice en el tercer acto.
Entonces, cada vez nos queda más lejos y es más remoto aquel héroe de las mil batallas que logra seducir al Desdémona contando la historia de su vida y sobre todo, cuando cierto día me pidió que le contara mis viajes a ella sola, pues sólo había oído fragmentos del relato y yo accedí y le conté lo que ya había narrado, más otros episodios con nuevas palabras, en otro tono y con un desconocido entusiasmo. Y muchas veces sucedió que, cuando la muerte me acechaba vi, húmedos de lágrimas sus párpados
Martín Casillas de Alba.


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