domingo, 7 de octubre de 2012

El vacío que provocó un suicidio, el suicidio que se convirtió en poesía.


por Marina Carreón Morales
Estudiante del ITAM
Shakespeare: liderazgo y corrupción
Estudios Generales, segundo semestre del 2012.


 La muerte, una desilusión, la culpa, ese mundo retorcido donde nada tiene sentido. Ofelia, una adolescente que sólo cometió un error, el error de enamorarse de Hamlet. Las circunstancias no eran las indicadas para que su amor se tornara en algo formal, tal vez si el rey Hamlet no hubiera muerto los dos amantes habrían realizado su amor ¿quién sabe, realmente, lo que el destino nos tiene preparado?

Una voz, una melodía, una canción que anuncia la muerte, esos pares de ojos que te juzgan siempre ¿qué habría pensado Ofelia antes de caer en la locura? Ese estado que la llevo a la muerte. Aún no se sabe si fue una muerte accidental o un suicidio, ambas son aterradoras si se piensa en la vida que tenía la joven por delante. Los sentimientos que provoca un suicidio de alguien cercano son indescriptibles, la sorpresa, el enojo, la confusión y sobre todo el dolor. Pobre Laertes, hermano entrañable de Ofelia, el haber perdido a su padre y después de unos días a su hermana le ha provocado un gran vacío.

Sin embargo, este sentimiento de vacío acentuó más su deseo de venganza. Una venganza que lo llevó a la muerte, un mundo lleno de vicios que provocaron la muerte de todos. La envidia y el deseo de poder, que nos invita a corrompernos, les dieron a estos personajes un final trágico. El silencio es lo único que queda después de la muerte, no más discusiones, no más demostraciones de afecto. Todo se vuelve mudo.

El deceso de Ofelia dejó un vació en todos los que la conocían, Hamlet sufrió mucho al verla recostada en el féretro, un sentimiento de culpa que seguramente lo invadía, pero sobre todo un sentimiento de pérdida del ser amado. Para aclarar si fue un accidente o un acto deliberado por quitarse la vida, tendré que citar las palabras de la reina:

Sus vestidos se abrieron, y a modo de sirena,
la mantuvieron por un tiempo a flote,
durante el cual ella cantaba
trozos de antiguas melodías. (1)

Quizá no era su intención ahogarse, pero el acto de no luchar por salvar tu propia vida es un tipo poco común de suicidio. Qué motivos tendría Ofelia para dejarse cautivar por la corriente armoniosa del río, lo podríamos imaginar: la culpa de haberle tendido una trampa a Hamlet, ideada por su padre; la culpa de haberle creído a Hamlet un amor, ficticio ante sus ojos; la muerte de su padre provocada por su más grande amor. La composición de éstas, no cabe duda, la llevó a la locura.

Vivir en un mundo esquizofrénico donde no sabes si tu mente debe de estar conectado a tu corazón y éstos dos a tu boca y a tus actos. El suicidio puede inmortalizar un sentimiento, no sabemos qué pasa después de morir, preferimos creer que pasando ese umbral entre la vida y la muerte ya no habrá nada. Ofelia decidió trascender su amor por Hamlet, es la forma más tierna de ver su suicidio. Sin embargo, éste acto no es bien visto ni será bien visto nunca, no importa los motivos que te acerquen a este lamentable hecho.

Esa libertad que emana de los cantos de Ofelia nos podría recordar lo que ella seguramente sintió antes de su  muerte, opresión por esa sociedad que no les daba crédito a las mujeres, que las trataba como objetos, como piezas clave de una estrategia política o monetaria. Eran monedas universales de intercambio, ninguna tenía libertad de decidir qué hacer con su vida. Eso nos lo deja claro Polonio después de regañarla por aceptar las proposiciones del príncipe Hamlet:

Ofelia.
Recientemente, mi señor,
me ha hecho muchas proposiciones
de su afecto hacia mí.
Polonio.
Afecto, puah. Hablas igual que una mocosa
nada afinada para circunstancias
de un peligro tan grande.
¿Crees en sus proposiciones, como las llamas tú?
Ofelia.
No sé, señor, lo que debo pensar.
 Polonio.
Yo por ventura te lo enseñaré.
Comprende que has sido una niña
para haber recibido sus proposiciones
como oro de ley, siendo falsa moneda.
Proponte tú a más alto precio;
o para que la pobre frasecita no reviente de tanto ir y venir,
a mi me propondrás de estúpido. (2)

Estas palabras no necesitan de mucha explicación, el padre le ordena que oferte a un mayor precio su virginal presencia. Cualquiera que lo pensara en esta época se asustaría de ver a un padre tan frívolo como éste. Ofelia no contaba con una figura materna que la aconsejara, no sabía si lo que sentía era normal o correcto. Ofelia se vio orillada a la soledad: su padre muerto, su amado loco y su hermano en tierras lejanas. El vacío que ella sentía, por los tres amores de su vida, la obligó a no luchar por salvarse, a no luchar por salvar a las dos personas que aún le quedaban.

Finalmente, el acto suicida  puede expresar algunas necesidades: primero, se quiere recriminar a alguien, Ofelia podría haber estado, inconscientemente, recriminándose a sí misma por la muerte de su padre; segundo, se solicita perdón por el daño causado y la única solución para enmendar este error es quitarse la vida, Ofelia pudo sentir culpa por el destierro de Hamlet y por la muerte de su padre, cómo iba a explicárselo a su hermano; se expresa el deseo por reencontrarse con alguien querido, Ofelia, tal vez, amaba mucho a su padre ya que era la única figura paternal con la que contaba. (3)

La muerte siempre será algo inexplicable, no importa si es accidental, natural o planeada.
_________________________________

1.- Hamlet, Shakespeare. UAM. Ediciones Sin nombre. Pág. 269
2.- Ibidem, Pág. 63.
3.- Comportamiento suicida, Fernando Quintanar. Editorial PAX México., pág. 53

miércoles, 3 de octubre de 2012

Sólo por una cáscara de huevo...

Arianna Lorena Herrejón Márquez.
Estudiante del ITAM.
Shakespeare: liderazgo y corrupción.
Estudios generales, segundo semestre, 2012.

El siguiente ensayo estará basado en la obra Hamlet específicamente en el cuarto acto, cuarta escena cuando Hamlet reflexiona sobre el destino de los soldados tanto noruegos como polacos (mercenarios) que al incurrir en una guerra, terminarán con sus vidas innecesariamente. Tal y cómo sucede actualmente y desde tiempos muy remotos, se siguen desarrollando conflictos armados internacionales como no internacionales que incurren en grandes costos –políticos, sociales y económicos- y suceden por los intereses particulares de unos cuántos líderes y/o por cuestiones de nacionalismo, religión, etnicidad, etc. Pero realmente son conflictos que pueden evitarse y así no permitir la muerte de soldados y víctimas como niños y mujeres inocentes, no hay necesidad de su estallido, no obstante suceden.


Dos mil almas y veinte mil ducados no deciden el pleito de esta bagatela. Ésta es la pústula de todo exceso de riqueza y de paz, que revienta por dentro pero no muestra afuera por qué el hombre se muere[1]

¿Por qué hay guerras? ¿Por qué el hombre provoca guerras innecesarias? Eso ha sido un tema que muchos académicos han desarrollado y sin embargo, no hay una respuesta clara. Lo que si se puede saber con certeza, son los efectos que producen los conflictos armados. Desde la antigüedad, los gobernantes eran quienes por obtener mayores territorios, prestigio y grandeza se lanzaban a conquistar otros reinos; en la Edad Media, lo que predominaba eran las guerras religiosas, -las Cruzadas o la Guerra de los Treinta Años; en el siglo XIX, las guerras Napoleónicas finalizaron con el Congreso de Viena cuyos resultados fueron no permitir que un hegemón quisiera imponerse sobre otros Estados y trazar el nuevo mapa Europeo desde perspectiva del equilibrio de poder. Desafortunadamente, la Primera y Segunda Guerra Mundial dejaron claro la capacidad destructiva que tiene el hombre, el número de víctimas alcanzó dimensiones que no se habían visto anteriormente y ¿cuál fue el verdadero fin de éstas? ¿Usar el nuevo armamento militar que poseían las potencias para determinar quién era el más poderoso? ¿Impedir un nuevo sistema político? De las palabras de Hamlet se puede ilustrar lo anterior, sobre todo porque la mayoría de los combatientes muere sin saber a ciencia cierta a qué se enfrentan.

Presencio la muerte de estos veinte mil hombres que en aras de una fantasía y de un engaño de la gloria van a la tumba como ir a la cama, luchan por un pedazo de terreno donde no pueden tantos hombres dirimir su contienda, ¿qué no es bastante sepultura y continente para ocultar los muertos? [2]

A pesar del número de muertes que ha habido, se siguen desarrollando nuevos conflictos armados en el mundo, que no bastó con las previas guerras, ahora éstas han evolucionado de tal forma que son más mortíferas. Se dirigen ataques especialmente contra la población civil, atacando a los sectores más vulnerables de la población, niños y mujeres. Se calcula que en todo el mundo hay 300 mil niños y niñas participan en conflictos armados. En lo últimos años se estima que han muerto dos millones de niños y niñas como consecuencia directa de los conflictos armados. [3] Precisamente para limitar los efectos de la guerra y proteger a las personas que no participan o que ya no participan en los combates y limitar los métodos de hacer la guerra, se creó el Derecho Internacional Humanitario.

Y se puede hacer la pregunta de Hamlet... ¿Qué es pues el hombre si su bien más importante y el negocio más grande de su tiempo es dormir y comer? Sin duda quien nos hizo con tanta discreción, mirando al antes y al después, no nos dotó de esa capacidad  ni nos dio esa razón de apariencia divina para que la dejemos sin uso enmohecerse[4] En verdad, el hombre tiene una mayor capacidad para crear y dotar de nuevas cosas al mundo que se pueden ver reflejadas en el ámbito artístico como en la poesía, en la arquitectura en el teatro y en el cine por decir algunos o bien en el ámbito científico y tecnológico como hemos visto ahora con las innovaciones en las telecomunicaciones, los avances en la medicina. El hombre puede abandonar el camino de la conducción a la guerra y desarrollarse mejor como persona con su capacidad creadora, mejorando las condiciones para una mejor convivencia social.

Situando el único conflicto armado no internacional en América Latina, se encuentra Colombia, que lleva en ello casi 50 años. Hecho que no le ha permitido tener una estabilidad y crecimiento económico sostenido. El conflicto se debe al enfrentamiento de grupos paramilitares, grupos ilegales y la existencia de poderosos cárteles de narcotraficantes, por el control de varios territorios del país. Un 60% de la producción mundial de cocaína tiene su origen en dicho país. [5] Si se examina a fondo este conflicto armado, no se encuentra una verdadera razón que justifique esta guerra, ni el número de víctimas colombianas, que constantemente sufren de violaciones a sus derechos humanos. Lo único que quieren estos grupos irregulares, es el control de territorio y tener controlada a la población por medio del terror y violencia. Lo anterior, Hamlet lo ilustra al decir que sólo se enfrentan con todo lo que implica además de quizás terminar con su vida, vivir los horrores de la guerra sólo por una cáscara de huevo tras recibir órdenes de su líder, comandante o jefe armado.

... Es este ejército tan masivo y costoso mandado por un príncipe tan tierno y delicado, cuyo espíritu de ambición divina henchido, saca la lengua al invisible azar, y expone aquello que es mortal e incierto a todo lo que la fortuna, la muerte y el peligro osan, sólo por una cáscara de huevo. [6]

Para finalizar, quiero exponer estas últimas palabras de Hamlet que para mi dejan claro que para que se forme una guerra, quien la conduce sólo tiene en una parte de su pensamiento prudencia, puesto que sabe en los costoso que es un conflicto armado y que sabe además, que lo que está haciendo no es lo correcto. Sin embargo, el resto de su pensamiento, lo conlleva a satisfacer sus propios intereses, puesto que quizás es más conveniente realizar esta acción bélica, aprovechándose que su rival es inferior a él, o que sus objetivos son meras piezas de ajedrez que puede disponer de ellas en el momento que así lo decida, acciones que cuestan la vida de miles de inocentes que lo convierten en un cobarde. Tristemente son los conflictos bélicos que vemos hoy en día, de los cuáles el hombre no comprende y dimensiona las acciones anteriores y sigue cometiendo los mismos errores que podrían evitarse.

Ya sea por olvido bestial, o por algún cobarde escrúpulo de meditar con demasiada precisión sobre el asunto, pensamiento que, de partirlo en cuatro, mostraría solo una parte de prudencia por tres de cobardía[7]



[1] William Shakespeare, Hamlet, México, Ediciones Sin Nombre, 2009, pp. 231-232.
[2] Shakespeare, op. cit, p. 235.
[3] UNICEF, Niños y niñas en situaciones de emergencia y de conflicto armado, disponible en: http://www.unicef.org/spanish/protection/index_armedconflict.html (consulta: 20 de septiembre de 2012).
[4] Ibid, p.233.
[5] Ban Ki Moon, Informe del Secretario General sobre la situación de los niños y el conflicto armado en Colombia, disponible en: http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N09/488/76/PDF/N0948876.pdf?OpenElement, (consulta: 12 de septiembre de 2012).
[6] Ibid, p.235.
[7] Ibid.

martes, 2 de octubre de 2012

Amistad y corrupción

por María Islas García.
Estudiante del ITAM.
Shakespeare: liderazgo y corrupción.
Estudios Generales, segundo semestre, 2012


Hamlet y la calavera de Yorick, el bufón.
A lo largo de la obra se puede observar la presencia de tres personajes que acompañaran  a Hamlet en su debate entre ser o no ser.  Estos tres personajes si bien no aparecen durante todos los actos de la obra, si juegan un papel importante junto a Hamlet. Mientras  Horacio se muestra leal y de sentimientos verdaderos hacia el príncipe de Dinamarca,  Rosencrantz y Guildenstern juegan un doble papel que al final decidirá su destino.

En este ensayo se pretende mostrar como la amistad y la compañía de un ser leal es importante para llevar a termino cualquier plan que se tenga; además es importante notar que la corrupción existe también en la amistad y que un líder, para emprender un camino difícil, debe contar con aliados fieles y  sopesar cuando es importante mantener al enemigo cerca y en que momento deshacerse de ellos.

En el primer acto, aparece Horacio quien es llamado por los guardias del castillo de Elsinor para que hable con el espectro del rey Hamlet. Como un servicio hacia su buen amigo Hamlet, Horacio acude con los guardias y se da cuenta que es el príncipe quien debe hablar con el espectro para saber que es lo que necesita. Horacio se encontraba en Dinamarca por que había asistido al funeral del Rey. Cuando Hamlet  se encuentra con el fantasma de su padre, Horacio esta presente, mostrando de esta forma que los secretos no existen entre ellos.

En el segundo acto, aparecen Rosencrantz y Guildenstern, quienes han sido llamados por los reyes para que acompañen e investiguen que es lo que le sucede a Hamlet pues consideran que quizás con sus amigos revele la verdadera razón de su locura y los planes que pueda tener. Aquí se presenta la principal diferencia entre la amistad de unos y otros. Horacio se había trasladado hasta Dinamarca para presentar sus respetos ante la muerte del padre de sus amigo; los otros no acudieron al funeral y esperaron hasta ser requeridos por los reyes para ir a visitar a su amigo de quien se sabia estaba al borde de la locura.

Es importante notar que Hamlet nunca tuvo dudas de Horacio; era a él a quien acudía cuando necesitaba ayuda, o cuando su corazón estaba a punto de estallar. Sólo se atrevía a confesarse con él por ser una persona equilibrada y que siempre se había mostrado como un fiel compañero. Hamlet  lo menciona en el tercer acto escena dos: Horacio, eres un hombre tan cabal como pudo jamás hallar mi trato[1] Para el príncipe de Dinamarca, su buen amigo Horacio ha sabido ser un hombre lleno de gratitud que ha estado presente en todo momento que él ha requerido de su presencia sin ni siquiera tener que mencionarlo. En cambio, cuando Guildenstern y Rosencrantz llegaron y Hamlet les solicitó que fueran sinceros acerca de la razón por la que habían llegado a Elsinor, Rosencrantz respondio: Visitaros, Señor, no hay otro motivo[2] Sin embargo, tras una estratégica selección de palabras por parte de Hamlet, éste logró que Guildenstern dijera que habían sido mandados llamar por los reyes.

Es claro que Hamlet sabia muy bien quienes eran sus aliados y quienes, llegado el momento, lo traicionarían, ya que la lealtad es algo que se construye día a día y que fácilmente se puede perder. El hecho de no haber sido sinceros desde la primer pregunta de Hamlet acerca de su aparición hizo que este desconfiara de ellos y, sumado a esto, el haber sido traídos por los reyes hizo que nunca volviera a confiar en ellos y que en adelante se cuidara de parecer loco en presencia de ellos, caso contrario con Horacio. En el cuarto acto, segunda escena, cuando Hamlet mata a Polonio y que estos dos son mandados a averiguar dónde el joven ha dejado el cuerpo Hamlet les reprocha su deslealtad al decirles que son como esponjas que el rey prontamente exprimirá: que chupa la autoridad del Rey, sus recompensas, sus atribuciones. Pero esos subalternos dan al rey el mejor servicio al final. Los guarda, como un mono, en el rincón de su quijada: lo primero que mastica y lo último que traga; cuando necesita lo que habéis recogido, sólo tiene que exprimiros, y vosotros, esponjas, quedáis otra vez secos[3] Guildenstern y Rosencrantz no entienden lo que Hamlet trata de decirles, pero este sabe bien que una vez el rey Claudio obtenga la información que necesita los desechara y no se acordara siquiera de sus nombres.

La diferencia entre ambas amistades es muy clara. Horacio siempre ha sido leal y a prestado sus servicios sin ser requeridos y de forma honesta. Siempre ha estado al lado de su amigo a quien el ha servido de apoyo incondicional en el transcurso de toda la obra y que haciendo una recapitulación, sólo aparece en los actos más importantes que vive Hamlet: en el momento en que se aparece el espectro, cuando se monta la obra en el palacio en la cual el joven príncipe quiere desenmascarar al nuevo rey, es Horacio quien anuncia a la Reina que  Ofelia se ha vuelto loca, es a este joven compañero a quien Hamlet escribe cuando va de regreso de Inglaterra, es este fiel amigo quien acompaña al príncipe al funeral de su amada Ofelia, esta con él en el momento que Osric anuncia el duelo que se llevara a cabo con Laertes y sobre todo es Horacio quien al ver a su amigo Hamlet morir decide que tiene mas sangre de romano que de danés [4] y decide que quitarse la vida con el veneno sobrante es la única solución para seguir acompañando a su tan querido amigo. En cambio, Guildenstern y Rosencrantz aparecen un par de escenas y siempre en los momentos en que la actitud de Hamlet es cuestionable, como en el asesinato de Polonio. Además, el final de los tres parece ser significativo: mientras que éstos dos llegan a Inglaterra con su sentencia de muerte en la mano, después que Hamlet descubriera que ellos eran los portadores de una carta que transmitía instrucciones precisas para que lo mataran, Horacio estaba dispuesto a quitarse la vida por su amigo.

El desenlace de la historia de cada uno es importante, pues es del dominio común que “al sembrar vientos se cosecharán tempestades”. Horacio siempre fue un hombre recto que se guio por su honestidad y amor hacia Hamlet. Es un personaje capaz de separar las emociones y de no dejarse influenciar por aquellos que pueden dañar su lealtad. En cambio, Rosencrantz y Guildenstern se dejaron llevar por los favores que podrían tener por parte de los reyes si realizaban las labores que estos les encomendaron. No fueron sinceros con su amigo desde un principio y se prestaron al juego de la corrupción que, al final termino, se los llevó a la tumba.

La relación que se da entre estos personajes esta llena de matices. Los tres amigos de Hamlet lo ven como un líder y siempre han estado dispuestos a servir a aquel que por naturaleza posee un rango superior. Sin embargo, dos se dejaron seducir por la corrupción y decidieron ser participes de un juego que les deparo un final funesto. En cambio, Horacio quien siempre fue fiel a sus convicciones tuvo un final honorable, y se convirtió en el vocero de su mejor amigo.



[1] William Shakespeare, Hamlet. UAM, México 2011, pp. 165.
[2] Ibid, pp. 123.
[3] Ibid, pp. 223.
[4] Ibid, pp. 319.

lunes, 1 de octubre de 2012

El liderazgo de Hamlet y Claudio: ¿lo único podrido en el reino de Dinamarca?

por Marina E. Franco Urquidi.
Estudiante del ITAM
Shakespeare: liderazgo y corrupción.
Estudios Generales, segundo semestre, 2012.


Que cuatro capitanes lleven, como a un soldado, a Hamlet al tablado, porque sin duda, puesto a ello, se hubiera comportado con toda majestad.
    (Fortinbrás, Acto 5. Escena 2.) [1]

En El Príncipe de Maquiavelo, uno de los textos más influyentes respecto a cómo debe actuar un líder, éste expone que el susodicho príncipe debe ser tanto un zorro como un león –es decir, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que…no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal. [2] Esta es una de las razones por las que, a mi parecer, las capacidades de liderazgo y acciones como líderes tanto de Hamlet como de Claudio en la obra Hamlet, el príncipe de Dinamarca de William Shakespeare, peligran en este mismo reino tal que algo podrido haya en éste.

Al comenzar la obra, Claudio, a tan sólo unos pocos meses de tomar el trono que antes pertenecía a su hermano, Hamlet padre, parece ya encontrarse bien establecido como el legítimo rey al ser aceptado por el Consejo danés como tal. Mas es notorio que el nuevo líder del reino de Dinamarca inmediatamente le resta importancia a asuntos que presentan un peligro para su Estado. El lector, o, en su caso, público, es alertado tempranamente por el personaje de Horacio al posible peligro que presenta Fortinbrás hijo al querer éste vengar a su padre, pues en boca del mismo Claudio:

.…debéis saber que el joven Fortinbrás, no sabiendo apreciar nuestra valía, o creyendo que a causa de la muerte de nuestro amado hermano nuestro Estado se encuentra desmembrado y fuera de sus goznes… nos viene atosigando sin descanso… [3]


Plenamente consciente entonces que Fortinbrás presenta una amenaza inminente a Dinamarca, Claudio meramente manda a dos enviados (Cornelio y Voltemand) a pedirle al Rey de Noruega, tío de Fortinbrás, que detenga él a éste último, sabiendo aún que el líder noruego se encuentra inválido y en cama[4]  Declara entonces que basta ya de eso y prosigue a emborracharse en una fiesta.

En esta misma línea es destacable la imagen que presenta Hamlet de Dinamarca bajo Claudio a los ojos de las demás naciones, quienes parecen ahora considerar a este Estado el hazme-reír de Europa:

Este obtuso festejo a oriente y poniente nos hace ser juzgados y censurados por otras naciones: Nos tildan de borrachos, y con grosera frase, manchan nuestro buen nombre. [5]


Estos actos demuestran cómo Claudio a tan poco tiempo de tomar el trono parece ya estar incumpliendo con preceptos de cómo debe actuar un rey. A pesar de que se muestra decisivo en las acciones que toma para la protección de su Estado, éstas son claramente insuficientes. Por un lado, el Rey de Noruega difícilmente puede detener a Fortinbrás debido a su estado de salud y, en efecto, cuando regresan los enviados de Claudio le mencionan que el rey noruego le ordenó a Fortinbrás que desistiera, cosa que no hizo; y por otro lado, Claudio no parece tener previsión alguna de qué hacer en el muy probable caso de que Fortinbrás ataque Dinamarca. Asimismo, cómo se presenta en público durante sus fiestas, rompe otro precepto maquiavélico de cómo un líder debe ser zorro y león: el que al príncipe “le es preciso ser tan cuerdo que sepa evitar la vergüenza de aquellas [cualidades] que le significarían la pérdida del Estado, [6] en este caso el presentarse como un borracho ante las demás naciones.

Es interesante, entonces, que a pesar de que Claudio sí llevo a cabo obras que lo asimilan a un león, como fue el haber matado a su hermano e intentar matar a su sobrino para conseguir lo que menciona que le es más preciado (“[su] corona, [sus] propias ambiciones, [su] Reina” [7]); que vulnere a éstas mismas cosas al faltarle la perspicacia y previsión del zorro. Lo que le importa es la corona y el poder que ésta conlleva, pero no ejerce las responsabilidades también asociadas a usar esta corona – como lo son reinar de tal manera que asegure la permanencia de su Estado (no sólo de su lugar en el trono de éste) y el bienestar de los daneses.

En efecto, aunque sagazmente menciona a sus enviados al Rey de Noruega que si Fortinbrás intenta llevar un ejército a Dinamarca, las levas y enlistamientos y los suministros[8] en Noruega se hacen todos a costa de los súbditos en esa nación, no hay mención alguna en esta instancia de cuáles serían las consecuencias para los daneses si Fortinbrás llegase a atacar.

Por su lado, hay indicios de que, contrario a lo que dice Fortinbrás, Hamlet no se hubiera comportado con toda majestad, pues en gran parte por su inacción, son varias las fallas del liderazgo de Hamlet. Mientras Claudio sí lleva a cabo acciones (aunque como ya se mencionó éstas son insuficientes), Hamlet se muestra indeciso y dudoso por la mayoría de la obra – titubea tal como Maquiavelo destaca que un príncipe no debe hacerlo. Hamlet  tampoco es capaz de proteger apropiadamente a Dinamarca. Más allá de su irresolución ante cómo lidiar con su tío y el mal reinado de éste, que posterga hasta el final de la obra cuando su propia muerte es inminente, Hamlet tampoco tiene la previsión que le falta a Claudio cuando se trata de Fortinbrás. A pesar de que Hamlet también sabe cuál es la situación con el hijo del rey noruego que murió a manos de Hamlet padre, cuando un capitán del ejército de Fortinbrás le pide permiso de pasar con sus tropas en camino a conquistar un pedazo de tierra sin más provecho que su nombre [9] en Polonia, Hamlet se lo da sin considerar los posibles peligros de tener a un ejército liderado por alguien que quiere recuperar las tierras perdidas por Noruega a Dinamarca en el mismo territorio danés.

Es notable cómo Hamlet entonces rompe no sólo con el precepto de zorro y león de Maquiavelo al titubear y ser incapaz de prever contingencias al paso del ejército, sino con su propia estimación de cómo el estar preparado es todo[10] Para este punto, me parece importante ir al texto original en inglés para destacar un juego de palabras shakespeariano que me parece la traducción no encapsula por completo. En uno de sus grandes momentos retóricos, Hamlet pronuncia que the readiness is all. Readiness es, a su vez, un término que puede traducirse tanto como el estar preparado (traducción que usa Tomás Segovia en esta edición) como la disposición de hacer algo. En este sentido me parece sumamente irónico que Hamlet no pueda cumplir con sus mismos estándares hasta que es demasiado tarde – al no estar completamente dispuesto a hacer algo en contra de Claudio y al no estar preparado (en efecto, ni siquiera parece considerarlo posible) ante el inminente ataque por parte del ejército de Fortinbrás.

Igualmente, Hamlet observa el paso del ejército en su paso a Polonia y durante un soliloquio se lamenta que

… este ejército tan masivo y costoso mandado por un príncipe tan tierno y delicado…expone aquello que es mortal e incierto a todo lo que la fortuna, la muerte y el peligro osan, sólo por una cáscara de huevo…para vergüenza mía presencio la inminente muerte de estos veinte mil hombres que… van a la tumba como ir a la cama…[11]

En este discurso, no sólo elogia a quien pretende atacar a la nación de la cual Hamlet mismo es príncipe, sino que muestra un grado de empatía hacia los noruegos que son parte del ejército que no muestra hacia los propios compatriotas. Un ejemplo de esto es la disposición de Hamlet de dejar morir a Rosencrantz y Guildenstern, dos hombres que más que miembros de un ejército son daneses y supuestos amigos del mismo Hamlet; además, al dejar pasar al ejército de Fortinbrás y permitir que continúe el mal reinado de Claudio por medio de su inacción, expone a los súbditos daneses a que ellos mismos quizás vayan a la tumba ya sea porque son parte del ejército danés que podría llegar a pelear a su contraparte noruega o porque bajo el gobierno de Claudio se encuentran en la “pordiosería” que Hamlet describe en el Acto 2, escena 2. [12]

Quizás no es de sorprenderse que cuando Laertes regresa en el cuarto acto a vengar a su padre, la multitud se le une y grita ¡Escojamos nosotros! ¡Laertes será rey! [13]


NOTA: texto editado por MCA.


[1] William Shakespeare, Hamlet, Tomás Segovia (trad.), 2011, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Ediciones Sin Nombre, p. 323.
[2] Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, 2010, México: Ediciones Akal, p. 49
[3] William Shakespeare, Hamlet, Tomás Segovia (trad.), 2011, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Ediciones Sin Nombre, p. 35.
[4] Íbid.
[5] William Shakespeare, op.cit., p. 67.
[6] Nicolás Maquiavelo, op.cit., p. 42
[7] William Shakespeare, op.cit., p. 195.
[8] Íbid., p. 35.
[9] Íbid, pp. 231-232.
[10] Íbid, p. 307.
[11] Íbid., p. 235.
[12] Íbid, p. 122-123.
[13] Íbid, p. 243.