lunes, 24 de diciembre de 2012

Shakespeare: liderazgo y justicia

por Antonio Velasco
Estudiante del ITAM
Shakespeare; liderazgo y corrupción
Estudios Generales, Segundo semestre, 2012.

Isabel visita a su hermano Claudio, condenado a muerte.


A Martín Casillas de Alba, 
por adentrarme al mundo de Shakespeare 
por ayudarme a entender el liderazgo y cuál es la meta del mundo y la vida.

I. Introducción.
El siguiente ensayo es un análisis de las situaciones que, a mi punto de vista, son las más importantes sobre la tragicomedia escrita por William Shakespeae en 1604, Medida por Medida. El ensayo está dividido en dos partes: Medida por medida, en la cual, desarrollo cuál es la ley del talión, cómo sería el mundo si todo se rigiese bajo esa ley y qué entendemos por justicia, el punto de este apartado es que nos permita pensar y plantearnos por qué los individuos actuamos y cómo lo hacemos y, en un acto un poco ambicioso, cómo debemos hacerlo ; el segundo apartado tiene el título de El valor de las cosas, y en esta parte trato de expresar una de las lecciones más importantes que me ha dejado Shakespeare, lo que trato de explicar es cómo vivimos y porqué, según Shakespeare y yo, no somos felices. La respuesta radica en que dejamos de valorar las cosas cuando buscamos más, y los hombres podemos ser más felices si buscamos mayor bienestar sin olvidar todo lo que ya tenemos, somos seres mortales y podemos vivir en completa felicidad siempre y cuando vayamos más allá de nuestros objetivos, y vivamos al máximo de nuestras posibilidades en todo momento.

II. Medida por Medida.
No juzguéis, para que no seáis juzgados.
 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados,
y con la medida con que medís, os será medido.”
Mateo 7.2.

¿Cómo sería el mundo si se rigiera bajo aquel viejo proverbio : “ Ojo por ojo, diente por diente” ?¿Sería todo más justo? O, en otro caso, ¿sabríamos siquiera el significado de la palabra “ justicia” ? El significado de dicha palabra ha sido buscado, analizado, añorado desde la antigua Grecia, sin embargo, hoy podríamos saber que la justicia es intersubjetiva, es decir, cada persona tiene su propio significado de justicia y todos los individuos somos diferentes. No existe un significado aceptable, general, omnipotente. Lo que sí existe es la ley, las reglas del juego para todos los individuos que viven en una sociedad ordenada.

En un mundo en el cual todos somos actores de nuestra propia historia, invertimos tiempo en buscar justicia, lo cual, no implica  que busquemos ser justos, entonces, ¿cómo debe actuar el hombre? Desde mi punto de vista, la mejor manera de dar respuesta a la pregunta es de la manera en que el filósofo alemán Immanuel Kant propone en el imperativo categórico, es decir : “Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal (1) de este modo, si buscamos justicia automáticamente partimos del supuesto que también somos justos, y así entramos al circulo virtuoso de la concepción de la ley. El hombre necesita tener una idea de justicia, aunque sea subjetiva, y actuar de tal manera que desease que ésa facultad rigiera su vida.

¿A qué viene todo esto? En 1604, William Shakespeare escribió en el primer folio la tragicomedia “Medida por medida” en la cual, se  usa el concepto de la ley del talión - ojo por ojo -  para dar solución a una serie de problemas derivados por una condena injusta , producto  del abuso de poder. Después de leer la obra de Shakespeare, hay muchas cosas que me hacen ruido en la mente, sin embargo, en este apartado trataremos sólo dos: la clemencia y el abuso de poder. Es importante mencionar el porqué de elegir estos dos aspectos: ambos están ligados al significado de violencia e implican la acción del hombre , es por esto que, con anterioridad, me enfoqué a decir qué ha pasado en términos de violencia y cuál debería ser la manera de actuar de los individuos.

En primer lugar, tomo como clemencia el momento en el que la bondad se sobrepone ante cualquier otra emoción humana antes de emitir o dictar una decisión.  En efecto, no podemos vivir nuestra vida basándonos y actuando sólo por bondad, sin embargo, existen situaciones donde esa acción hace una gran diferencia.  La lección de Shakespeare es la siguiente: la clemencia es importante, sin embargo, hay que saber cuándo, a quién y en qué ser clementes. El hombre virtuoso no es aquel que se rige bajo la clemencia todo el tiempo, el que entiende que ésta es necesaria para tener una visión de mundo más abierta y sabe cómo y cuándo aplicarla. 

En segundo lugar, hablaremos del abuso de poder; actividad que se ha visto en toda la historia y evolución del hombre.  Esta actividad no sólo corrompe al individuo en cargo, sino a toda una sociedad y es muy común que suceda en regímenes totalitarios, es decir, cuando una sola persona tiene el poder total de toda una nación.  Como ya sabemos, el hombre está condicionado por los eventos exógenos a él, es decir, vivimos conforme a las circunstancias, y éstas pueden jugarnos chueco.

El abuso de poder puede ser una actividad  que se desarrolla durante un largo periodo, sin embargo, aunque parece eterna, nada lo es. ¿Cómo sería un mundo en el cual el abuso de poder se solucionara bajo la premisa  de medida por medida? No lo imagino, sin embargo, en la actualidad hay métodos que la ley tiene para sancionar esta actividad.  En un diálogo del libro, Shakespeare escribe lo siguiente: “ Toda actividad por uso inmoderado exige restricción. Como las ratas devoran su propio veneno, nuestra inclinación persigue un mail del que estamos sedientos, y cuando bebemos, morimos,[2] creo que es una lección importante que no debemos pasar en vano.

III. El valor de las cosas

 [...] Ya no somos el vigor que  en los días de antaño
movía la tierra y los cielos, pues lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con
una voluntad decidida a combatir, buscar, encontrar  y no ceder.” 
Tennyson.
¿Qué es la vida?¿Cómo hay que vivirla? Tal vez estas sean las preguntas que todos los hombres han intentado contestar, todos hemos añorado saber por qué estamos aquí y qué nos depara el futuro. Creo, desde mi punto de vista, que William Shakespeare intentaba decir cuáles eran los errores de los hombres y por qué la complejidad del mundo y de nuestras vidas.  He encontrado en Medida por Medida el diálogo más bellos que he podido leer, el del Duque en el Acto III, escena I.  No lo pongo aquí ni lo cito porque no quiero quitarle la oportunidad a usted, lector, de vivir una experiencia tan grata.  Lo que sí trataré en este apartado es desarrollar y hablar de algo que nunca nos ponemos a pensar: nunca somos felices en la totalidad de nuestras circunstancias.

¿Por qué no somos felices? Según Shakespeare, la respuesta yace en que siempre buscamos más y no nos enfocamos en lo que ya tenemos. No se trata de ser conformistas, pues el discurso puede parecer decir eso, sino de buscar ser mejores siempre y cuando no olvidemos todo lo que ya tenemos. Es decir, no buscar sólo el destino del viaje, sino dejar que el mismo viaje sea una experiencia enriquecedora. En muchas ocasiones, pensamos que no estamos en el mejor momento de nuestras vidas, nos deprimimos, maldecimos,  y, por lo tanto, olvidamos; el punto no es que olvidamos sino qué es lo que dejamos atrás: nos quejamos y olvidamos de las mejores cosas de nuestras vidas, de lo que nos hace únicos.

En algún momento de nuestras vidas se nos olvida que polvo fuimos y en polvo nos convertiremos. Lo que quiero decir es que vivimos por un periodo limitado, nadie es eterno, y dejamos que nuestras emociones negativas se sobrepongan ante las demás. No somos constantes, pues cambiamos día a día, segundo a segundo y lo debemos hacer para bien, el cambio es bueno siempre y cuando sea para un mayor bienestar. Valoramos las cosas cuando nos provocan satisfacción, pero las olvidamos cuando buscamos algo más y no lo podemos conseguir.

Es cierto, no existe una total felicidad, el rico quiere ser pobre y viceversa, pues todos vivimos por un periodo limitado en el que buscamos felicidad total; nos da miedo el cambio, pero no nos damos cuenta que cambiamos en todo momento y en todo lugar, nos da miedo hacer malas decisiones, sin embargo, olvidamos que no hay mejor decisión que la que ya hemos tomado. Por conclusión, creo que esas son las virtudes de todo buen líder: ser justo y actuar conforme a sus ideales, saber buscar más, pero no olvidar los logros y errores previos, tomar la decisión que más miedo nos da, saber que no todo está bajo nuestro control, que tal vez sea necesario cambiar el rumbo de las cosas, si es necesario, entender que perder todo puede ser el mejor lugar para volver a comenzar.

No vivimos para siempre, sin embargo, podemos extender nuestra felicidad si entendemos estos detalles, y vivimos al máximo de nuestras posibilidades.



[1] Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona, Ariel.
[2] Medida por Medida. William Shakespeare, Universidad Nacional Autónoma de México, 2008. pp. 41.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada