domingo, 4 de noviembre de 2012

Una báscula desigual


por María Islas García
Estudiante del ITAM
Shakespeare: liderazgo y corrupción
Estudios Generales, segundo semestre del 2012.

Al Pacino como Shylock en El mercader de Venecia
El Mercader de Venencia tiene a dos personajes principales: Antonio y Shylock. El antagonismo de ambos resulta esencial para el desarrollo de la obra. La relación que existe entre ellos es de carácter comercial: Shylock es un usurero judío a quien Antonio acude para conseguir el dinero que Bassanio necesita para emprender un viaje y conseguir a la mujer con la cual desea casarse. Antonio, siendo un mercader afamado de Venencia, tiene que recurrir al judío pues su fortuna esta puesta en el mar y el amor que le profesa a su amigo Bassanio hace que decida contraer una deuda con Shylock. A través de la obra, la relación entre estos dos personajes comienza a complicarse pues, pasados los tres meses del plazo para el pago del préstamo, es momento de que Antonio cumpla con la clausula especificada como necesaria en caso de incumplimiento: debe proporcionar una libra de carne de su cuerpo cortada por Shylock. La finalidad de este ensayo es analizar qué es más importante: ¿un kilo de carne o las raíces que pueden ser arrebatadas a un hombre?

Shylock es un hombre religioso que asiste a la sinagoga como cualquier judío lo hace. Es viudo y tiene una hija, Jessica, la cual es quien se encarga de la casa, aunque se siente aprisionada por su padre. El judío practica la usura, actividad prohibida para los ciudadanos venecianos, pero que, como extranjero, podía realizar. Antonio es un mercader reconocido y admirado, parece no tener más familia que Bassanio, un amigo cercano al cual cuida y procura en todo momento. Además, están Salerio y Solanio quienes también son mercaderes pero de menor importancia. Antonio ha prestado dinero sin intereses en distintas ocasiones a sus allegados. Esta es una de las principales causas por lo que ambos personajes se odian: mientras que uno utiliza los prestamos como medio de sobrevivencia, el otro lo hace por el placer que le causa ayudar a la gente. Sin embargo, la historia de odio entre ellos va más allá de lo meramente comercial. Antonio ha aprovechado cada oportunidad que se le presenta para humillar y discriminar al judío. Antes de firmar el pagaré por el préstamo de 3,000 ducados Shylock hace ver a Antonio el maltrato que ha sufrido de su parte: «me tratas de infiel, perro y sanguinario y escupes en mi gabán hebreo».[1] De esta forma y tras decidir que es buena idea prestarle el dinero al enemigo, decide imponer la clausula de incumplimiento en la cual Antonio tendrá que dar un libra de carne a cambio. Las acusaciones de Shylock no son en vano. Este personaje pertenece a un clase injustamente marginada por la sociedad llena de prejuicios que no es capaz de reconocer sus propios excesos. Los judíos viven alejados y segregados de la sociedad, son menospreciados por los habitantes de Venecia y marcados con un gorro rojo mientras caminan por las calles. El mercader es la encarnación de lo que todos los cristianos le han hecho a los judíos, por eso Shylock decide que, cortando esa libra de carne será suficiente para saciar su venganza. Castigar al mercader de Venecia es castigar a la Venecia mercantilista y adultera en sí misma.

Cuando Shylock es cuestionado acerca de los motivos para querer la carne de un humano éste contesta: «darlo de cebo a los peces. Y si no sirve de alimento para nada más, al menos alimentara mi venganza.»[2] En esta escena, el judío expresa el odio que siente hacia los cristianos. Hace una justa comparación preguntándole a Salerio sí los cristianos y judíos no son seres humanos semejantes y que tan sólo difieren en sus creencias. Shylock apunta que si los judíos han de pagar una ofensa cometida a los cristianos con la venganza, entonces los cristianos deben pagar de la misma forma, pues es lo que han enseñado. Así, el obtener la libra de carne es justo porque Antonio no ha cumplido con su palabra. Considera que la libra de carne no representa nada para el judío como bien lo ha expresado, pero si representa el pago de una vieja deuda por parte de los venecianos.

La religión que se profesa es parte de una educación y un sentimiento a fin con ciertas personas, y no debe ser un utensilio para discriminar. Seria tanto como discriminar a los venecianos que asisten a los burdeles donde las mujeres ofrecen sus servicios carnales. Sin embargo, estos no son criticados ni segregados por la sociedad. Los excesos de los venecianos no son mal vistos hasta que son cometidos por un «extranjero»: un judío.

Si se observara con detenimiento, seria evidente que al contrario de la actitud de los cristianos quienes se pierden en los excesos (alcohol, comida, mujeres, apuestas), los judíos llevan una vida recatada, sin opulencia y sin escándalos. ¿Son entonces los cristianos merecedores de un trato distinto a los judíos? Ambos son seres humanos con virtudes y deficiencias que no deben ser criticadas ni juzgadas.

Los hechos son evidentes: Antonio no pudo cumplir con el contrato, entonces es justo que pague la sanción que el mismo firmó. Sin embargo, tras un juicio bastante dudoso en donde sólo el cristiano tenia abogado. La situación se torna en contra de Shylock y termina pagando su error que, a mi parecer, pesa más que una libra de carne: debe convertirse al cristianismo.

La religión es parte de las herramientas que los humanos tienen para sentirse pertenecientes a un grupo. Despojar a un individuo de su religión, es eliminar su identidad. Shylock ha sido desprovisto de todo: casa, fortuna y religión. Sin pertenecer a la clase judía, ya no podrá practicar la usura, y como consecuencia su medio de sustento se ve perdido. Este hombre ya no pertenece a ningún lugar: al convertirse al cristianismo ya no sólo será repudiado por estos y catalogado como un «marrano» sino que también será despreciado por los judíos por negar su origen.

Así, al final de la obra, es el judío quien pierde más por que ahora deberá sobrevivir en una ciudad donde no pertenece a ningún lugar. Debe sobrevivir en una Venecia  donde su mayor posesión se encuentra en sus adentros, donde puede libremente profesar a su Dios y no al que le fue impuesto y el cual debe adorar para satisfacción de los venecianos.

Una libra de carne ante estas circunstancias parece no ser tan pesada como la vida de un hombre. Antonio sabia lo que implicaba firmar el pagaré y sabía que en caso de no cumplir pagaría con su vida, y aún así estuvo dispuesto a firmar por satisfacer a su querido amigo. Sin embargo, Shylock quien actuó con la única convicción de demostrar a los  cristianos que la única diferencia que existe entre unos y otros es el Dios al que profesan o la forma en lo que lo hacen termino despojado de su ser  por  tal osadía.




[1] William Shakespeare, El mercader de Venecia, Centro Dramático Nacional, Madrid, (pág. 129).
[2] Ibid, (pág. 205).

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