jueves, 1 de noviembre de 2012

El riesgo y el valor de la incertidumbre

por Antonio Velasco
Estudiante del ITAM
Shakespeare: liderazgo y vida
Estudios Generales, Segundo semestre, 2012.

El mercader de Venecia de William Shakespeare
El riesgo del no arriesgado.
Vivimos en un mundo que se define por miles de millones de interacciones cada segundo. Las personas tienen preferencias y eligen una de muchas alternativas que arrojan diferentes resultados posibles a la vez. Todos los hombres racionales esperamos resultados concretos dada cierta acción, sin embargo, el mundo es demasiado complejo para entender qué es lo que realmente pasa cuando actuamos. El peor enemigo del hombre no es la cultura, sino la incertidumbre. El hombre arriesga sus acciones y así se arriesga a sí mismo en cada segundo dadas miles de interacciones con millones de resultados posibles.

¿Qué es el riesgo, entonces?
El riesgo es un lapso, y no un estado. Es ése lapso de incertidumbre frente a las probabilidades dado un resultado esperado que puede afectar o beneficiar al emisor de la acción. Es efímero y a la vez intermitente, pues el riesgo existe cuando las probabilidades de fallar y ganar son iguales en cada una de nuestras decisiones. Pensamos que nos estamos arriesgando sólo en acciones específicas, pero no logramos entender que el riesgo inicia desde que nos paramos de la cama porque no consideramos las interacciones del mundo cotidiano.

¿Por qué importan las decisiones de los demás en nuestra vida?
Porque esas acciones tienen consecuencias, y éstas están ligadas a nosotros en un circulo infinito de enlaces de causa - efecto. Imaginemos que un individuo llamado Benito Buendía sale de su hogar hacia el trabajo:

Benito, economista y hombre atlético a la mitad de su quinta década de vida, esposo y padre de tres hijos, el mayor de ellos se graduaba de la misma profesión que su padre - había estudiado en la New York University- y  la ceremonia era  el 14 de Septiembre de ese mismo año. Benito planeaba ir más tarde a escoger el reloj que le regalaría tres días después. Trabajaba 12 horas al día en una empresa con sus oficinas ubicadas en el Empire State de Nueva York.

Un día cualquiera del año 2001, sale de su casa muy temprano hacia el edificio. Cuando ingresa a su pequeña oficina, el Licenciado José Vives, su jefe en ese entonces, le informa que su compañero de oficina decidió emborracharse la noche anterior, por lo que Benito tendrá que suplir la presencia de su compañero en una junta -muy improbable de suceder en ese mes- en el piso 106 del entonces World Trade Center de Nueva York. Benito baja a la recepción del edificio para pedir su auto y se entera que uno de los encargados del Valet Parking del edificio chocó uno de los autos dentro del estacionamiento porque decidió desvelarse la noche anterior peleando con su esposa porque la prima de la misma no entregó un dinero que la primera le prestó sin el consentimiento de su esposo y tenían que pagar la hipoteca de su casa, la cual, era probable que perdieran poco a poco...

Por lo tanto, el exitoso Benito tendría que esperar 15 minutos más para acceder a su vehículo, pero decide tomar un taxi porque así tendría más probabilidades de llegar a tiempo a la junta y no se arriesgaría más, ¿para qué arriesgarse? Son las 8:25 A.M. del 11 de Septiembre del año 2001, una mañana cualquiera que goza de un increíble sol de verano en Nueva York. En el cruce de la calle Broadway y la 42, un hombre decidió terminar su vida aventándose del edificio en el cual se ubicaba su departamento, por lo que el taxista que llevaba a  Benito hacia el WTC tuvo que irse por  una vía alterna. A las 8 con 44 minutos, el taxista arriba a la torre Norte.

El taxímetro marca 17 dólares con 44 centavos y el taxista recibe un billete de $50 usd de la mano de Benito, pero no tiene cambio porque el pasajero anterior decidió pagar con un billete de $100 dólares y, por lo tanto, el taxista informó que no tenía suficientes monedas o billetes para darle el cambio. Benito se encontraba sacando todo lo que encontró en las bolsas de su chamarra - misma que no llevó a la tintorería porque pensó que sería poco probable que se ensuciara en los próximos días y, además, no tuvo tiempo, pues llevó a su hija a la reposición de su clase de Ballet que la maestra había cancelado el día anterior porque un hombre había atropellado a su hermana y había estado todo el día en el hospital- cuando escuchó un estruendo, seguido de gritos y el inolvidable sonido de los vidrios al romper.

En tan sólo unos minutos, Benito vivía en una ciudad diferente. Logró levantar la vista y se percató que era testigo de algo que cambiaría el paradigma del mundo: un avión  Boeing 767 de American Airlines  que había despegado de Boston horas antes y se había reportado como secuestrado con 92 personas a bordo, se había impactado por completo entre los pisos 94 y 98 de la torre norte, misma a la que Benito ingresaría en unos minutos; estaba  atónito, pero también a salvo y con vida. Podemos concluir que Benito corrió con suerte y es un afortunado.En total, 3,017 personas perdieron la vida  y más de  6,000 resultaron heridas en los atentados al WTC durante el llamado martes negro. Las relaciones de causa y efecto se combinan con las consecuencias derivadas de las acciones de las demás personas y forman un circulo de interacción social que no se puede medir, pues cada segundo que pasa son más y más probabilidades y resultados esperados.

¿Qué habría pasado si…?
¿Qué habría pasado si la esposa del encargado en el Valet Parking no hubiese prestado dinero a escondidas de su esposo? o ¿Qué habría pasado si su compañero no se hubiese dejado llevar por las copas? Benito no se hubiese arriesgado en tomar un taxi, ni se habría preocupado por nada más. Simplemente Benito no existiría en estos momentos. Así es el impacto de las interacciones con los demás en la vida diaria. Benito no era un hombre arriesgado, de hecho, odiaba apostar o jugar juegos que se definan en el azar, pues sabía que incluso la probabilidad 1/1,000,000 no era cero y, por lo tanto, todo era posible. Hablando de probabilidades, la probabilidad de que un avión se incrustara en el WTC era muy, muy baja. No sólo se impactó un avión, sino dos.  Benito resultó un hombre arriesgado, y con suerte.

¿Es injusto el mundo?
El hombre llama “suerte” al momento en el que las altas probabilidades de fallar se anulan por el resultado contrario. La suerte es el nombre del resultado positivo de riesgo. Podemos decir que la suerte no es más que una simple coincidencia - los católicos creemos que esa es la manera en la que Dios usa su anonimato - en un mundo de resultados improbables. Hay un error que todos hemos cometido al menos una vez en nuestras vidas cuando se habla de el concepto de suerte: llegamos a creer que ésta está a nuestro favor todo el tiempo.

Las personas tienden a actuar como si la suerte estuviese de su lado siempre. Esto es un error porque la suerte es la excepción de la regla,  y no la regla per sé. Además, este pensamiento puede hacer que la decepción sea muy fuerte al momento de fallar, cuando el “golpe de suerte” termina arrasa toda la esperanza y energía del individuo. 

El mercader de Venecia
Para ilustrar esto, pensemos en el personaje Shylock, en la obra El mercader de Venecia de William Shakespeare: Shylock es un judío prestamista que ha sido humillado públicamente en múltiples ocasiones por Antonio, un hombre de clase alta y con mucha reputación en Venecia. Un día, por azares del destino y una historia que no contaré al lector de este ensayo, Antonio se ve en la necesidad de pedir un préstamo a Shylock, y él hace un trato significativo con Antonio: si no regresa la cantidad prestada en la fecha acordada, el pago será una libra de carne del pecho de Antonio. Shylock tiene una cualidad muy interesante: siempre fue humillado, pero  el dinero nunca le faltó y, por lo tanto, amigos tampoco.  Sin embargo, llegó a pensar que la suerte estaba de su lado siempre y que nunca lo traicionaría. La sorpresa es que, como todos, cuando menos lo imaginamos nuestra vida puede dar un giro de 180º y lo que creímos impensable, en realidad es todo lo contrario.

A Shylock, así como a muchas personas, se le olvidó la importancia de pensar lo impensable. La suerte es simplemente el resultado positivo de una acción con probabilidades de fallar muy altas. Es el lado positivo del riesgo. No se puede culpar  al mundo de injusto cuando la suerte abandona y las cosas cambian. Realmente, fallar no es tan malo; siempre y cuando, tengamos claro qué batallas sí vale la pena pelear. El riesgo y la suerte son cosas serias, la primera tiene un resultado inesperado y la segunda no es más que el resultado positivo de una probabilidad negativa dado algo improbable. El mercader de Venecia nos quiere dar una lección sobre el riesgo y suerte, entendámosla.
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(1) WTC Online Page. http://www.wtc.com/about/memorial-and-museum

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