lunes, 1 de octubre de 2012

El liderazgo de Hamlet y Claudio: ¿lo único podrido en el reino de Dinamarca?

por Marina E. Franco Urquidi.
Estudiante del ITAM
Shakespeare: liderazgo y corrupción.
Estudios Generales, segundo semestre, 2012.


Que cuatro capitanes lleven, como a un soldado, a Hamlet al tablado, porque sin duda, puesto a ello, se hubiera comportado con toda majestad.
    (Fortinbrás, Acto 5. Escena 2.) [1]

En El Príncipe de Maquiavelo, uno de los textos más influyentes respecto a cómo debe actuar un líder, éste expone que el susodicho príncipe debe ser tanto un zorro como un león –es decir, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que…no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal. [2] Esta es una de las razones por las que, a mi parecer, las capacidades de liderazgo y acciones como líderes tanto de Hamlet como de Claudio en la obra Hamlet, el príncipe de Dinamarca de William Shakespeare, peligran en este mismo reino tal que algo podrido haya en éste.

Al comenzar la obra, Claudio, a tan sólo unos pocos meses de tomar el trono que antes pertenecía a su hermano, Hamlet padre, parece ya encontrarse bien establecido como el legítimo rey al ser aceptado por el Consejo danés como tal. Mas es notorio que el nuevo líder del reino de Dinamarca inmediatamente le resta importancia a asuntos que presentan un peligro para su Estado. El lector, o, en su caso, público, es alertado tempranamente por el personaje de Horacio al posible peligro que presenta Fortinbrás hijo al querer éste vengar a su padre, pues en boca del mismo Claudio:

.…debéis saber que el joven Fortinbrás, no sabiendo apreciar nuestra valía, o creyendo que a causa de la muerte de nuestro amado hermano nuestro Estado se encuentra desmembrado y fuera de sus goznes… nos viene atosigando sin descanso… [3]


Plenamente consciente entonces que Fortinbrás presenta una amenaza inminente a Dinamarca, Claudio meramente manda a dos enviados (Cornelio y Voltemand) a pedirle al Rey de Noruega, tío de Fortinbrás, que detenga él a éste último, sabiendo aún que el líder noruego se encuentra inválido y en cama[4]  Declara entonces que basta ya de eso y prosigue a emborracharse en una fiesta.

En esta misma línea es destacable la imagen que presenta Hamlet de Dinamarca bajo Claudio a los ojos de las demás naciones, quienes parecen ahora considerar a este Estado el hazme-reír de Europa:

Este obtuso festejo a oriente y poniente nos hace ser juzgados y censurados por otras naciones: Nos tildan de borrachos, y con grosera frase, manchan nuestro buen nombre. [5]


Estos actos demuestran cómo Claudio a tan poco tiempo de tomar el trono parece ya estar incumpliendo con preceptos de cómo debe actuar un rey. A pesar de que se muestra decisivo en las acciones que toma para la protección de su Estado, éstas son claramente insuficientes. Por un lado, el Rey de Noruega difícilmente puede detener a Fortinbrás debido a su estado de salud y, en efecto, cuando regresan los enviados de Claudio le mencionan que el rey noruego le ordenó a Fortinbrás que desistiera, cosa que no hizo; y por otro lado, Claudio no parece tener previsión alguna de qué hacer en el muy probable caso de que Fortinbrás ataque Dinamarca. Asimismo, cómo se presenta en público durante sus fiestas, rompe otro precepto maquiavélico de cómo un líder debe ser zorro y león: el que al príncipe “le es preciso ser tan cuerdo que sepa evitar la vergüenza de aquellas [cualidades] que le significarían la pérdida del Estado, [6] en este caso el presentarse como un borracho ante las demás naciones.

Es interesante, entonces, que a pesar de que Claudio sí llevo a cabo obras que lo asimilan a un león, como fue el haber matado a su hermano e intentar matar a su sobrino para conseguir lo que menciona que le es más preciado (“[su] corona, [sus] propias ambiciones, [su] Reina” [7]); que vulnere a éstas mismas cosas al faltarle la perspicacia y previsión del zorro. Lo que le importa es la corona y el poder que ésta conlleva, pero no ejerce las responsabilidades también asociadas a usar esta corona – como lo son reinar de tal manera que asegure la permanencia de su Estado (no sólo de su lugar en el trono de éste) y el bienestar de los daneses.

En efecto, aunque sagazmente menciona a sus enviados al Rey de Noruega que si Fortinbrás intenta llevar un ejército a Dinamarca, las levas y enlistamientos y los suministros[8] en Noruega se hacen todos a costa de los súbditos en esa nación, no hay mención alguna en esta instancia de cuáles serían las consecuencias para los daneses si Fortinbrás llegase a atacar.

Por su lado, hay indicios de que, contrario a lo que dice Fortinbrás, Hamlet no se hubiera comportado con toda majestad, pues en gran parte por su inacción, son varias las fallas del liderazgo de Hamlet. Mientras Claudio sí lleva a cabo acciones (aunque como ya se mencionó éstas son insuficientes), Hamlet se muestra indeciso y dudoso por la mayoría de la obra – titubea tal como Maquiavelo destaca que un príncipe no debe hacerlo. Hamlet  tampoco es capaz de proteger apropiadamente a Dinamarca. Más allá de su irresolución ante cómo lidiar con su tío y el mal reinado de éste, que posterga hasta el final de la obra cuando su propia muerte es inminente, Hamlet tampoco tiene la previsión que le falta a Claudio cuando se trata de Fortinbrás. A pesar de que Hamlet también sabe cuál es la situación con el hijo del rey noruego que murió a manos de Hamlet padre, cuando un capitán del ejército de Fortinbrás le pide permiso de pasar con sus tropas en camino a conquistar un pedazo de tierra sin más provecho que su nombre [9] en Polonia, Hamlet se lo da sin considerar los posibles peligros de tener a un ejército liderado por alguien que quiere recuperar las tierras perdidas por Noruega a Dinamarca en el mismo territorio danés.

Es notable cómo Hamlet entonces rompe no sólo con el precepto de zorro y león de Maquiavelo al titubear y ser incapaz de prever contingencias al paso del ejército, sino con su propia estimación de cómo el estar preparado es todo[10] Para este punto, me parece importante ir al texto original en inglés para destacar un juego de palabras shakespeariano que me parece la traducción no encapsula por completo. En uno de sus grandes momentos retóricos, Hamlet pronuncia que the readiness is all. Readiness es, a su vez, un término que puede traducirse tanto como el estar preparado (traducción que usa Tomás Segovia en esta edición) como la disposición de hacer algo. En este sentido me parece sumamente irónico que Hamlet no pueda cumplir con sus mismos estándares hasta que es demasiado tarde – al no estar completamente dispuesto a hacer algo en contra de Claudio y al no estar preparado (en efecto, ni siquiera parece considerarlo posible) ante el inminente ataque por parte del ejército de Fortinbrás.

Igualmente, Hamlet observa el paso del ejército en su paso a Polonia y durante un soliloquio se lamenta que

… este ejército tan masivo y costoso mandado por un príncipe tan tierno y delicado…expone aquello que es mortal e incierto a todo lo que la fortuna, la muerte y el peligro osan, sólo por una cáscara de huevo…para vergüenza mía presencio la inminente muerte de estos veinte mil hombres que… van a la tumba como ir a la cama…[11]

En este discurso, no sólo elogia a quien pretende atacar a la nación de la cual Hamlet mismo es príncipe, sino que muestra un grado de empatía hacia los noruegos que son parte del ejército que no muestra hacia los propios compatriotas. Un ejemplo de esto es la disposición de Hamlet de dejar morir a Rosencrantz y Guildenstern, dos hombres que más que miembros de un ejército son daneses y supuestos amigos del mismo Hamlet; además, al dejar pasar al ejército de Fortinbrás y permitir que continúe el mal reinado de Claudio por medio de su inacción, expone a los súbditos daneses a que ellos mismos quizás vayan a la tumba ya sea porque son parte del ejército danés que podría llegar a pelear a su contraparte noruega o porque bajo el gobierno de Claudio se encuentran en la “pordiosería” que Hamlet describe en el Acto 2, escena 2. [12]

Quizás no es de sorprenderse que cuando Laertes regresa en el cuarto acto a vengar a su padre, la multitud se le une y grita ¡Escojamos nosotros! ¡Laertes será rey! [13]


NOTA: texto editado por MCA.


[1] William Shakespeare, Hamlet, Tomás Segovia (trad.), 2011, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Ediciones Sin Nombre, p. 323.
[2] Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, 2010, México: Ediciones Akal, p. 49
[3] William Shakespeare, Hamlet, Tomás Segovia (trad.), 2011, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Ediciones Sin Nombre, p. 35.
[4] Íbid.
[5] William Shakespeare, op.cit., p. 67.
[6] Nicolás Maquiavelo, op.cit., p. 42
[7] William Shakespeare, op.cit., p. 195.
[8] Íbid., p. 35.
[9] Íbid, pp. 231-232.
[10] Íbid, p. 307.
[11] Íbid., p. 235.
[12] Íbid, p. 122-123.
[13] Íbid, p. 243.

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