viernes, 2 de marzo de 2012

Coriolano y Aufidio en una compleja relación

Por Carlos M. Ahumada Neyra
Estudiante de Relaciones Internacionales del ITAM
Alumno del materia optativa: Shakespeare: liderazgo y el dilema político
Primer semestre del 2012.
Coriolano con Aufidio en la versión de Ralph Finnes
Situada en el año 495 a.C., una de las épocas que han generado una mayor fascinación por parte de los historiadores, Coroliano es quizás una de las obras más sobresalientes de William Shakespeare. A pesar de esto, no es un texto reconocido al mismo nivel de Hamlet o de Romeo y Julieta. Utilizando el teatro como una buena representación de lo humano, Coroliano no es una obra que hable del amor convencional o de los problemas de carácter filosófico. Coroliano habla de la guerra, del honor y de la traición y de cómo estos pueden convivir separados por una línea de carácter asintótico haciendo interesante ver cómo es que puede actuar el hombre.

El objetivo de este ensayo, es analizar la escena crucial en el desenvolvimiento de la trama  que, si se lee entre líneas, nos puede dar mucha luz sobre un par de condiciones humanas a las cuales nos enfrentamos diariamente. Dentro de esta escena, la parte neurálgica será el discurso que pronuncia Tulio Aufidio al recibir a Cayo Marcio que ha pedido incorporarse  como parte de su ejército para derrotar a Roma, sino, que lo considere como un hermano para la causa de los Volscos.

Cayo Marcio es el retrato más preciso de lo que un verdadero soldado romano significaba: es un exiliado de Roma tras haber perdido la oportunidad de ser Cónsul por su falta de habilidad política y su necedad al mostrar una excesiva sinceridad a su pueblo, fue invadido por una ira que no se alcanza a dimensionar a través de las palabras inspirada por su odio y resentimiento. Por eso, Coriolano acude en búsqueda de su mayor enemigo sobre la tierra, Tulio Aufidio, comandante de los volscos, quien tenía como objetivo vencer a los romanos.

Es en el pueblo de Antio donde Cayo Marcio se presenta al general Aufidio, reconociendo Cayo Marcio las atrocidades que había cometido en esas tierras y sin temor a la venganza que pudieran tomar en su contra. Coroliano le ofrecer sus servicios y con eso intenta realizar su vendetta en contra los romanos y esto es lo que provoca en Aufidio una reacción extraordinaria:

Oh, Marcio, Marcio, cada una de tus palabras arranca de mi corazón antiguas raíces de odio. Si Júpiter pudiese hablar de las cosas divinas, desde aquella nube de ahí, y dijera: “es la pura verdad”, no daría a sus palabras mayor crédito que doy a las tuyas, mi noble Marcio…

En este primer momento del discurso, Aufidio reconoce en Marcio sinceridad. A pesar del odio que le tiene, existe una admiración y un respeto que alcanza umbrales de solemnidad. Posteriormente, hace referencia a Júpiter quién es el dios más grande del olimpo dentro de la mitología romana. El culto a Júpiter fue promovido por Numa Pompilio, Rey romano sucesor de Rómulo alrededor de 690 a.C. Júpiter, la contraparte romana del Dios griego Zeus, era el encargado de mediar entre los Dioses y los hombres, quién siempre tomaba decisiones justas y equilibradas además de tener dentro de sus atribuciones al cetro, el águila y el rayo. El hecho de que se compare las palabras de Cayo Marcio con aquellas que podría pronunciar el mismo Júpiter habla del júbilo que experimentaba Aufidio en ese momento además de la comparación, probablemente a nivel subconsciente, de Cayo Marcio con un Dios.

Deja que mi brazo rodee el cuerpo contra el que tantas veces se ha roto mi lanza enfurecida, para con sus astillas herir a la luna… Así yo te abrazo, oh yunque de mi espada, y así disputo con pasión, noblemente, tu cariño, con el mismo calor y empeño que usé luchando contra tu gallardía.

Continuando con la proclamación de Aufidio, se puede notar, de manera muy sutil, la felicidad que experimenta al tenerlo finalmente de su lado al pedirle a Cayo Marcio que le permita rodear su cuerpo con el brazo.

Posteriormente, se hace referencia al yunque. Es importante señalar que en la mitología romana, el yunque es un elemento que acompaña a Vulcano, dios del fuego y de los metales. Hijo de Júpiter y esposo de Venus (quién le fue infiel con el dios de la guerra Marte), Vulcano era quien forjaba el hierro y hacia armas para los dioses. En este sentido, Aufidio se pudo haber identificado con Vulcano al ser el quién a través de la ayuda de Cayo Marcio, proveyera de las armas y los elementos necesarios a los Volscos para de una vez por todas derrotar a Roma. No obstante, existe otra interpretación que no involucra a la mitología. Al nombrarlo como yunque de su espada, Aufidio también se podría estar refiriendo a Coroliano como el elemento que permite forjarse como hombre y forjar su honor y valentía. Justo de aquí es de donde se desprende el coraje con el que pretende ganarse su cariño, el mismo coraje que un día utilizó para pelear contra él.

Quiero que sepas primero que un día yo amé a la doncella que hice mi esposa; pues bien, nunca un hombre lanzó suspiros más sinceros. Y viéndote aquí, criatura nobilísima, más danza mi corazón de felicidad en mi pecho que cuando mi recién desposada virgen cruzó el umbral de mi casa…

Durante mucho tiempo, varios analistas literarios y expertos en el dramaturgo inglés, han estado intrigados por la vida íntima de Shakespeare. Mientras que algunos opinan que era homosexual, otros lo niegan pero afirman que era bisexual. Sin embargo, independientemente de su inclinación sexual, se puede encontrar, no sólo en esta obra si no en todo su trabajo, referencias homoeróticas como la que se puede presenciar aquí. Al referirse a Cayo Marcio como criatura nobilísima y al decirle que siente más felicidad e incluso excitación en ese momento en el que, una vez convertida en su esposa, su mujer entró a su casa, el autor nos deja dos opciones de interpretación: la primera, la presencia de homosexualidad abierta en la época; la segunda, la comparación de la guerra, el honor y la amistad en medio de esos dos, con el placer de estar con una mujer.

Tu, émulo de Marte, has de saber que tenemos un ejército en pie de guerra y que de nuevo era mi intención arrancar el escudo de tu brazo, o perder yo el mío. Ya me has vencido más de doce veces, y desde entonces cada noche en mi ensoñación veo que tu y yo luchamos juntos, y sueño también que rodamos juntos y que nos arrancamos el casco y que nos apretamos , el uno al otro, la garganta…Luego, más muerto que vivo me despierto, y no hay nada junto a mí….”

Una vez acabado el discurso sentimental, Aufidio hace una entrada espléndida al tema que le interesa: la guerra. Tú, émulo de Marte. ¿Qué más bella introducción para ganarse el respeto, la admiración e incluso el cariño de una persona como Coroliano cuya naturaleza de guerra le hace ser lo que es?

Marte, al igual que Vulcano, es hijo de Júpiter y de Juno aunque se dice que Juno lo engendró sin la intervención de Júpiter a través de la fecundación de una flor, razón por la cual también se le asocia con la primavera. Aunque al principio estaba asociado con el ganado, la fertilidad y la agricultura, Marte pronto ganó adeptos como su representación del Dios de la Guerra a quién  rendían tributo antes de salir a pelear.

No es casualidad que Shakespeare haya nombrado a Coroliano como Cayo Marcio. En este sentido, no solo Aufidio reconoce en él cierto grado de divinidad asociado con la guerra si no que el mismo autor se lo otorgó desde un principio dándole ese nombre.  Es interesante notar que es a Marte a quién se le atribuye la paternidad de Rómulo y Remo y por lo tanto, por extensión, guardián del pueblo de Roma. ¡Qué gran ironía! Cayo Marcio, Marte, los protectores de Roma buscando a Tulio Aufidio, enemigo, para derrotar lo que ellos mismo protegieron utilizando la gallardía más pura que jamás se haya visto.

El hecho de que Aufidio mencione que incluso en sus sueños aparece él luchando lado a lado, es un reflejo de su obsesión, quizás no solo para vencerle sino incluso como elemento que le otorga sentido y personalidad a su propia vida.  

Querido Marcio, no tuviéramos otra causa para luchar contra Roma más que tu propio destierro, y todos- desde los de doce hasta los de setenta años- nos levantaríamos, las armas dispuestas, y cual cascada impetuosa inundaríamos las entrañas de la ingrata Roma…Entra, mi amigo, y estrecharás la mano de los senadores que vinieron a saludarme, antes de partir a la guerra contra vuestras centurias, aunque no contra la propia Roma.”

Con esto, Aufidio cierra su discurso. A manera de conclusión, el comandante Volsco le ofrece a su amigo Marcio que estreche la mano no con los senadores como élite política sino como representantes del pueblo con el que estaba a punto de generar un pacto donde el orgullo y el honor iban a ser los actores principales. Aufidio asegura que su destierro hubiera sido motivo suficiente para inundar a Roma con la furia del ejército volsco aunque bien sabían ambos que sus motivaciones eran distintas a pesar de que al final del día convergieran en un solo objetivo que era la destrucción de Roma.

Con este breve análisis, se expone no solo la calidad del autor para retratar lo humano, si no también la complejidad de las ramas que existen detrás del follaje shakesperiano que nos pueden conducir por mundos interminables llenos de imágenes, colores, historias y bellas explicaciones sobre nuestro andar diario por esta tierra.

NOTA: editado para esta publicación por Martín Casillas de Alba.

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