miércoles, 26 de octubre de 2011

Juntos podemos más

por Isabelle Torres Llamas
Estudiante de Relaciones Internacionales, ITAM
Curso optativo de Estudios Generales: Shakespeare: liderazgo y vida.

Un líder no puede solo, aunque se sienta invencible, con poderes para mover los cielos a su antojo, traer bien y alegría a quien lo ayuda y crear una tempestad rencorosa a quien le daña; la realidad es que el líder no existiría si no tuviera personas que lo siguieran y lo apoyaran. Un líder sin el fulgor de su gente es simplemente un emprendedor, cuando logra transmitir y comprometer a las demás personas, entonces se vuelve el “cabecilla”, pero cuando el proyecto se enfrenta a dificultades y esta persona logra sacarlo adelante, entonces es un líder. A lo largo de este ensayo, se analizará al círculo íntimo de personas que rodean a un líder y la importancia de cada una de ellas en el momento que el proyecto se enfrenta a alguna dificultad, cambio o transformación. Para ilustrar esto, se tomará la obra del dramaturgo William Shakespeare, La Tempestad.

La Tempestad, como su nombre lo indica, comienza con una tormenta, y así como el cielo despejado de la mañana se nubla sin previo aviso por la tarde, los problemas se arremolinan cuando uno menos lo espera. Se dice que un buen líder puede ver el futuro, pero dejando constatada la naturaleza imperfecta del ser humano, asumiremos que el líder tiene que enfrentar la tormenta en el momento que se presenta. En el caso de la obra, Próspero es el líder que desata la tempestad, pero aún habiendo “visto el futuro”, se enfrenta a situaciones que no contempló, como la traición de Calibán o el sufrimiento de Gonzalo, y que requirieron de un cambio en el rumbo, pero sobre todo de un equipo que lo apoyara. A continuación, se describirán los arquetipos que nos presenta Shakespeare en su obra.

Aquel noble sabio. Está en la naturaleza del líder ver más allá de las nubes y vislumbrar la calma, no obstante, es perfectamente comprensible, que el líder busque consejo en aquella persona a la que admira; el mentor o amigo que le dio la confianza necesaria para asumir su papel de liderazgo y que lo necesita para afrontar el cambio. Si bien en la obra, Próspero no busca directamente a Gonzalo, sí comenta la importancia que tuvo su mentor para su supervivencia y la de su hija: con nosotros llevábamos algunos víveres y un poco de agua dulce, que un noble napolitano llamado Gonzalo (encargado de ejecutar la traición), por piedad nos dejó … también me procuró, sabiendo que era amante de mis libros, obras de mi propia biblioteca.

Piadoso corazón. Dice el dicho: “la fe y la esperanza es lo último que muere” y es cierto, o por lo menos, debería de serlo. Un naufragio en la vida difícilmente se podría enfrentar si no hubiera algo por qué luchar, o mejor aún, alguien por quien luchar: el enamorado, los hijos, la familia, los amigos… Estas personas se vuelven el objeto de nuestra esperanza, el impulso de cambio, la superación de las dificultades. En el caso de Próspero, es su hija Miranda la que lo hace sobrevivir el destierro  y lo impulsa a buscar recuperar su ducado: ¡Fuiste tú quien me salvo!... tu sonrisa me devolvió el valor ... lo que he hecho, lo he hecho pensando en ti. También en la obra, encontramos el caso contrario, Alonso que asume que su hijo está muerto, pierde toda esperanza y se deja llevar por la desesperación: aquí abandono mis esperanzas y dejo de alagarme con sus engaños. El joven que buscamos se ahogó.

¡Me conformo con esta cárcel!  Superar las tormentas, no sólo es cuestión de voluntad, también se necesita trabajo duro. Por ello, se debe tener a una o varias personas que estén dispuestas a seguirte y trabajar, personas que han demostrado tanto valor y confianza que les estarías dispuesto a dar third of mine own life. En la obra, vemos como Próspero pone a prueba a Ferdinando, con tareas arduas y que no eran acorde a su rango, pero la lección que aprende no podría haber sido mejor y más propicia para juntos enfrentar el futuro: hay placeres unidos al dolor, pero también hay sufrimientos, como éste que terminan por realzar el placer. Hay humillaciones que pueden ser soportadas con dignidad, y trabajos miserables que pueden tener propósitos nobles.

Si fuera humano. Quizá la persona más importante que necesita el líder a su lado es a su espejo. Un espejo no proyecta la imagen tal cual la recibe, un espejo da la imagen en perspectiva. La persona espejo es aquella que provee en su consejo una visión distinta de las cosas. La empatía es un arma de dos filos porque, por un lado, ayuda a que dos personas se conecten y se preocupen el uno por el otro, pero por otro lado, puede hacer que las dos personas no vean más allá de los mismo sentimientos, sin encontrar una solución. Por ello, la persona espejo es importante, porque sabe mediar entre ser empático ante la situación, pero con la suficiente frialdad para poder plantear el escenario desde otra perspectiva. El líder cuenta con muchas herramientas, pero finalmente es humano y como humano puede caer en la angustia o el rencor, por lo que necesita de alguien que le sepa recordar su papel y objetivos.

El espejo de Próspero en la obra es el espíritu Ariel, él (ella) al contemplar la venganza de Próspero sobre los náufragos, se apiada de ellos y aboga por ellos: tu poder obra en ellos con tanta fuerza que, si los vieras, seguramente te compadecerías. Otra característica de la relación entre el líder y el espejo es la comunicación. Puede ser que alguien del equipo tenga una propuesta diferente a la del líder, pero si el líder no ha creado el ambiente propicio para que esta persona se pueda comunicar, esta persona no lo hará; asimismo, la persona espejo tiene la suficiente moderación para saber que su consejo es importante y debe decirlo, así como el momento indicado para hacerlo. Como se puede ver en la obra, Ariel no llega a confrontar a Próspero directamente, lo cual podría cerrar la comunicación entre ambos, se espera a que él le pregunte, del mismo modo Próspero es receptivo y confía en el consejo de su espejo: 
- ¿Eso piensas Ariel?
- Yo lo haría, señor, si fuera humano.

Se han visto 4 arquetipos de personas que ayudan a un líder en una situación de cambio: el mentor, la esperanza, el compromiso y el espejo. Pero también existen arquetipos de personas que dificultan el proceso de cambio para el líder, como en la obra es “el que nunca cambia”.

Semilla de bruja. El problema de los que nunca cambian no es su propia incapacidad de adaptarse, sino la semilla de miedo y angustia que siembran en aquellos que temen a las consecuencias de una transformación. Dice el dicho “ten a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca”, por eso el líder no debe dejar de lado a estas personas, debe lidiar con ellas en su debido tiempo y procurar vacunar a los otros de la cizaña del primero. En La Tempestad, esta semilla literalmente de bruja es el nativo de la isla, Calibán. Calibán sirve a Próspero de mal modo y ante la primera oportunidad (cuando se encuentra con Stephano y Trínculo) planea traicionarlo: Comete el afortunado crimen que hará la isla tuya para siempre y que me convertirá a mi, Calibán, en tu agradecido lamepies. Pero Próspero como buen líder sabe evaluar la situación y actuar de forma concisa, sin que afecte la transformación que planeó.