viernes, 30 de septiembre de 2011

La importancia de tener una visión

por Hugo Vallarta
Estudiante de Relaciones Internacionales, ITAM
Curso optativo de Estudios Generales: Shakespeare: liderazgo y vida.

Después de tomar Harfleur, Enrique V se enfrenta en Agincourt contra los franceses, 1415

Si había alguien en Brasil que dudaba de que un tornero mecánico, salido de una fábrica, llegase a la Presidencia, el 2002 probó lo contrario. Y yo, que tantas veces fui criticado por no tener un diploma de nivel superior, recibo ahora mi primer diploma: el de presidente de la República de mi país.  Muchas gracias. 
Luiz Inácio Lula da Silva.
                                                                  

Mediante este ensayo se analizarán y estudiarán los puntos más importantes que Enrique V desarrolló como líder durante su empresa para conquistar Francia y reclamar su derecho a la corona francesa, en específico la importancia de tener una visión y cómo lograrla mediante la misión. Asimismo, con lo desarrollado en este ensayo se analizará el éxito del ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, contrastando los puntos que Shakespeare nos muestra en su obra y que estos puntos pueden trasladarse a cualquier ámbito contemporáneo, ya sea político o administrativo.


Se le concede el concepto de líder a Enrique V porque es un rey que basa sus acciones en una visión y para lograrla, en gran medida, el instrumento que utiliza recurrentemente es la comunicación efectiva. Rasgo que es imprescindible de un buen líder, ya que implica la capacidad de escuchar y de hablar en un sentido amplio. Es decir, encontrar los puntos clave que mueven a las personas que van a ser dirigidas en tanto que deben, al mismo tiempo, ser integradas en el proyecto. Esto, en el sentido de que deben en cierta medida proyectar sus capacidades y sueños en el líder cuyo fin es la identificación con el líder como igual y no como superior mediante el discurso.


Es importante hacer la distinción entre visión y misión. La primera es, en pocas palabras, un sueño, es decir, la capacidad de imaginar lo que puede ser la vida o el fin último de ésta basada en ciertos valores. Es mirar hacia “afuera.” Todo esto sin perder los pies de la tierra. Es decir, imaginar y tener las más grandes ambiciones al tiempo de estar consciente de las capacidades y recursos de los cuales se disponen. Justamente, esto último es la misión. Es hacer una retrospección o un análisis interno y el propósito básico de la visión. Es mirar hacia “adentro,” es cómo lograrlo. 


Aunque se pensaba que el príncipe Enrique V malgastaba su tiempo oscilando entre el bajo mundo y la alta corte. Estas acciones realmente respondían al interés del joven príncipe en conocer al verdadero pueblo inglés que se reunía en las tabernas; así como lograr transmitir sus ideales con aquéllos que serían parte del Consejo cuando fuera rey de manera clara. Esta acción tiene en sí un importante rasgo de un líder: aprender el lenguaje popular para tener una comunicación efectiva con los colaboradores que le acompañarían y ayudarían a lograr su visión al tiempo de manejar un lenguaje refinado con la clase de las altas esferas sociales. Por tanto, un buen líder siempre debe aprender a escuchar a las personas que va a dirigir para conocer las necesidades, motivaciones, creencias, así como temores con el fin de apelar a ellos cuando sea necesario pese a que no provengan de los mismos estratos sociales; por ejemplo cuando se presenten crisis o se requiera un cambio de estrategia. Un claro pasaje de lo anterior es cuando Enrique V se pasea entre las huestes inglesas para escucharles y para cuando se dirija a ellos, estos se alineen con mayor facilidad a su visión.

Otro rasgo de Enrique V que es importante destacar es la práctica que desempeñaba cuando de resolver problemas se trataba, la cual consistía en “ponerse en el lugar del otro.” Por ejemplo, en la batalla de Agincourt, Enrique V se dio cuenta que la probabilidad de tener éxito era baja dada las circunstancias en las que se hallaba el ejército inglés, ya que se encontraba enfermo, cansado y que, además, era superado en número por el ejército francés. Ante este escenario desalentador, Enrique V reconoce que para alcanzar su visión debe flexibilizar su misión, ya que un líder debe anticipar las crisis que se presentan y siempre tener un plan alternativo a desarrollar con el fin de obtener el mejor resultado. Enrique V lo logra mediante la arenga de los felices selectos, el cual el mismo Enrique V motiva a sus huestes poniéndose en el lugar de aquéllas. Es decir, trata de transmitir la imagen no de un Rey inalcanzable y diferenciado con ciertos privilegios que el pueblo inglés no disfrutaba sino que, al contrario, vende la imagen de un Rey como igual, que comparte los mismos sueños, intereses y miedos para integrarlos al proyecto que ya había emprendido; pero sobre todo, que Enrique V estaba dispuesto a perder la vida en la batalla junto con sus soldados. Allí reside el punto de igualdad y hermandad entre el Rey y sus súbditos. Asimismo, como transmitirles seguridad y apelar a los sentimientos más profundos y sensibles de aquéllos, como el orgullo y el honor, para evitar cualquier vacilación; por ejemplo la propia libertad y responsabilidad que cada soldado posee tanto para librar la batalla contra los franceses o retirarse y regresar a Inglaterra.

La visión del ex presidente Brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, durante su cargo se basó prácticamente en aumentar el bienestar social, fortalecer la democracia, así como repartir el crecimiento económico lo más igualitariamente en la nación brasileña. Esta visión no fue declarada tal cual se presenta aquí. Sin embargo, con base en el pasado laboral, así como político del ex presidente, es comprensible llegar a tal conclusión. En breve, Lula da Silva abandonó los estudios e ingresó a trabajar a una fábrica como obrero. Dada la situación política brasileña que en el año de 1964 se instauró un régimen militar en el poder, esto repercutió directa e indirectamente en la vida de Lula, ya que su hermano, que era militante del ahora extinto Partido Comunista Brasileño, fue torturado por el gobierno debido a que cuestionaba las prácticas policiacas y gubernamentales que éste llevaba a cabo. Al mismo tiempo que el mismo gobierno tenía cierto control sobre los sindicatos de obreros de los sectores que eran estratégicos para el país, cuyo líder sindical era el mismo Lula da Silva, y que además el gobierno había prohibido demostraciones de los grupos sindicales, Lula da Silva decide convocar a una huelga general, lo cual resultó en una represión brutal y violenta. Con esto se evidencia la capacidad de liderazgo de Lula ya que pese a la represión inminente que se podía presentar, logra alentar a un movimiento popular para que se escuchen sus intereses y necesidades -tal es el caso como Enrique V lo hace durante el momento previo a la batalla de Agincourt.

No obstante, esto facilitó el desmoronamiento del régimen militar y condujo a su apertura en un sentido democrático; aunque es necesario aclarar que fue un proceso paulatino. Justo en el momento en el cual se había permitido las elecciones directas (diretas ja!), Lula también fue participe de convocar a las bases populares de Brasil para protestar en contra de las acciones corruptas del entonces presidente Collor de Melo, una vez electo.

Con base en lo anterior,  es necesario destacar dos puntos. Primero que la visión de democratizar al país y compartir el crecimiento económico se logró por la identificación que el pueblo brasileño tenía con Lula da Silva como iguales. En contraste con Enrique V, Lula da Silva no ´provenía de la clase social más alta; sin embargo, esta desventaja, en relación al acceso de poder en Brasil, supo capitalizarla en una virtud ya que conocía el lenguaje para comunicarse con los obreros; así como reconocía también las demandas populares brasileñas. Había un reconocimiento como iguales entre el pueblo brasileño y Lula, ya que era visto como un portavoz de los intereses de aquél. Esto le valió la victoria a la presidencia en el año 2003 y una segunda victoria en el 2006.

En resumen, Lula da Silva reúne las cualidades de un líder ya que, a pesar de que no logró obtener un diploma académico, supo escuchar los consejos de las personas que sí lo habían obtenido al tiempo que era identificado como un presidente que realmente representaba el sector popular brasileño ya que escuchó y vivió las necesidades, motivaciones y miedos de tal sector. Pero sobre todo, la visión de Lula da Silva era compartida por la gran mayoría de la nación brasileña.

México D.F. a 30 de septiembre, 2011.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Enrique V: Liderazgo que inspira y motiva

por María Arellano
Estudiante de Economía y Ciencia Política, ITAM
Curso optativo de Estudios Generales Shakespeare: liderazgo y vida.
El sitio de Harfleur, 1415.

El corto reinado de Enrique V  (1413-1422) se inscribe en la Guerra de los Cien Años, una guerra iniciada en 1337 por Eduardo III, quien reclamaba el trono de Francia heredado por Felipe de Valois a la muerte de Carlos IV.

Enrique V, por su victoria en la batalla de Agincourt sobre los franceses, sigue siendo, en la leyenda nacional, el más heroico de los reyes ingleses[1] Es imposible pensar Enrique V, tanto la obra de teatro como al personaje detrás de ésta, sin pensar en la guerra que marcó su reinado y lo convirtió en el monarca  que venció a la poderosa caballería francesa y heredó dos coronas a su hijo.

Lejos de ser únicamente un notable jefe militar, el Enrique V que nos presenta Shakespeare tiene varias facetas, pasa de ser un joven heredero frívolo a un rey capaz de conducir a unas tropas en desventaja a una victoria militar contundente. El hombre en el trono es sostenido por una visión, que logra compartir con sus súbditos, es un líder excepcional, que inspira y motiva.

En la obra de teatro, Shakespeare solo esboza un retrato de aquel que fue heredero al trono, un joven en apariencia disperso y frívolo, en palabras del Obispo de Canterbury no se ocupaba más que de cosas fútiles, rodeándose de unos ignorantes, mal educados y superficiales, pues sólo se pasaba las horas en orgías, banquetes y placeres sin estudiar nunca, sin recogerse en sí jamás, entregado como estaba a los espectáculos públicos y al populacho.[2]

Esta descripción de Hal contrasta con el Enrique V que aprendemos a conocer a lo largo de la obra, la referencia al pasado nos permite ver la evolución y el cambio en el personaje; la transición entre príncipe heredero y Rey (que) implicó no sólo un cambio en el titulo que ostentaba Enrique, sino también un cambio drástico de actitud. El joven que parecía ser frívolo realmente era cultivado, inteligente, sereno.
Aunque en apariencia el cambio es inexplicable, Enrique siempre estuvo preparándose para ser rey. Su forma de aprender y prepararse para reinar era esa, El príncipe disimulaba tras el velo de la intemperancia sus meditaciones[3]. Si bien atípica, la escuela de la vida forjó el carácter y la forma de gobernar del joven monarca, a la escucha de los otros. En la taberna convivía con quienes serían sus súbditos, pudo conocer de primera fuente las preocupaciones de éstos. Esta característica la veremos en el Acto IV, Escena 1. Poco antes de  la batalla que habría de determinar su reinado, Enrique V sale a caminar entre las tropas, escondiendo su rostro, escuchando la inquietud de los soldados frente a un panorama funesto.

Enrique siempre estuvo preparándose, a su manera, para gobernar, su pasado no lo determinó. Sin embargo, siempre va a haber quienes no estén convencidos de nuestros cambiosEn efecto, siempre examinamos el pasado a la luz de nuestro presente: el pasado es la raíz de nuestro presente, y nosotros escogemos examinarlo y sacar ciertas conclusiones. Por ejemplo, el rey de Francia y el Delfín tienen lecturas diferentes de los riesgos a los que se enfrentan en una batalla contra los ingleses invasores. El Rey toma en cuenta la herencia y el linaje de Enrique V para  considerarlo una amenaza real, mientras que el Delfín cree que hay que tomar las cosas más a la ligera, convencido de que Enrique V sigue siendo Hal. Prueba de esto es la provocación a la que lo somete, enviándole un cofre con pelotas de tenis (Acto I, Escena 2).

Es importante ver que el pasado nunca nos determina por completo, Enrique V es un héroe “moderno”, él mismo forja su historia y se convierte en un líder. Enrique no es un Edipo que no puede evitar matar a su padre, no es presa de un destino inevitable, sino que él crea las condiciones de su victoria. El pasado no es una condición necesaria para definir nuestro presente, si bien el rey de Francia teme a Enrique V pues Procede de esa generación sanguinaria que llevó el horror a nuestros hogares (…) [4] , la victoria en Agincourt  pertenece únicamente a Enrique y sus tropas.

Sin embargo, como lo decía Marx [5], aunque el hombre escoge y crea su historia, lo hace dentro de un marco heredado, circunstancias que reciben del pasado. Enrique es heredero de su pasado, pero nunca es su prisionero, tiene que asumir su pasado a fin de escoger libremente un futuro. El distanciamiento con su pasado lo vemos cuando se deslinda de viejos amigos, desterrando a Falstaff. Otro ejemplo de la necesidad de distanciarse de su pasado para asumir el liderazgo es cuando condena a uno de sus antiguos compañeros de taberna, Bardolph, quien había robado en la batalla, pues lo más importante son sus principios.

Para cualquier líder, es necesario conocer el pasado, pues sólo a través de éste podemos conocer y entender el presente. En el caso de Enrique V, vemos como la convivencia en la taberna con sus súbditos es lo que le permite ser un rey temperado hoy, consciente de los sacrificios que les pide a los hombres en la batalla. La capacidad de transformación y de adaptación es un requisito para poder ser un buen líder.

No es posible disociar el liderazgo de Enrique V de su papel como estratega y jefe militar, pero hay que resaltar cual fue la motivación de esta guerra. Aunque la exposición de la genealogía del rey por parte del Obispo de Canterbury pueda recordarnos el artículo de Voltaire sobre la Guerra en el Dictionnaire Philosophique Portatif, lo que incita a Enrique a iniciar la guerra es la convicción de la legitimidad de su derecho al trono francés. Enrique tiene una visión, va a defender a lo que tiene derecho para poder gobernar en paz.  

El rey les muestra a los nobles ingleses en el consejo quien es, y frente al desafío lanzado por el Delfín refuerza su postura, y hace explícita su visión: va a luchar por su derecho al trono, su objetivo es recuperar el trono de Francia. La Visión es la que sostiene la convicción de Enrique de que va a recuperar el trono de Francia, cosa que hace, pese a las adversidades (traiciones, ejército menor, enfermedad, fatiga) que se van presentando en su camino.

Sin embargo, aunque Enrique tenía clara su visión, seguía siendo algo individual, cuando era heredero al trono los demás no lograron ver su determinación, creían que era frívolo cuando realmente se estaba preparando en todos los ámbitos (en la calle y estudiando) para ser rey.

Cabe preguntarse cómo se puede compartir la visión, algo tan personal, a fin de motivar a los que nos rodean. Enrique V logra inspirar a través de su visión, y es por su convicción, porque logró apropiársela que infunde tanta motivación. Un líder tiene primero que tener clara su visión, y tiene que adoptarla como estandarte a fin de poder inspirar a los demás.

Si bien la visión es algo personal, a través de la imaginación podemos transmitirla e inspirar a los demás, presentando la imagen de un mejor futuro. Pero la visión no permite simplemente imaginar, sino que nos da las herramientas para poder lograrlo. La visión infunde motivación e inspiración, no es manipulación, no movemos al otro a actuar a través de mentiras o ilusiones, sino presentándole una idea clara, que es un motor todavía más potente.

En la obra, vemos dos claros ejemplos de la motivación y la visión del rey, cuando toma Harfleur, y cuando no flaquea frente al ejército francés y logra ganar la batalla de Agincourt pese a la inferioridad en números.

Si Enrique V no hubiera logrado transmitir su visión a los soldados y hacerlos partícipes de su sueño, muchos hubieran aceptado su propuesta de regresar con los gastos pagados a Inglaterra antes de la batalla de Agincourt. Lo que infunde valor es la visión y la determinación del líder, quien logra no sólo recuperar la corona de Francia, sino unificar Inglaterra, unir a los nobles alrededor suyo. Vemos el contraste con Francia, que estaba desgarrada por  la oposición entre los Borgoña y los Armagnacs, con un rey sin visión clara.

En la historia, podemos identificar ejemplos de visiones claras que lograron cambiar las cosas y motivar a muchos para actuar son Martin Luther King y Gandhi, líderes de movimientos pacíficos que luchaban por mejores condiciones de vida para los suyos.

A través de la visión, Enrique V va a lograr motivar a sus tropas. Un líder tiene que motivar e inspirar, tiene que llevar a cabo ciertas acciones y para ello necesita del apoyo de los demás. Para conseguir el apoyo, un líder tiene que ser respetado, infundir confianza y ser capaz de convencer a sus súbditos, cosa que Enrique V hace a la perfección.

Contrariamente al Nerón que nos presenta Racine en Britannicus [6] quien dice “basta que me teman”, Enrique V es un líder que inspira y motiva. La acción que inspira no se da por temor o simplemente porque se están recibiendo ordenes, sino porque Enrique V está convencido de su misión y es capaz de convencer a los demás. Así reconocemos la grandeza de este líder, que infunde confianza y respeto entre sus tropas, no es un tirano que se sirve del miedo o de engaños.

Aunque un día antes de la decisiva batalla los soldados preferirían no estar allí y que el rey estuviera sólo para enfrentar la muerte (Acto IV, Escena 1), al día siguiente su discurso los inspira y los motiva a tal punto que incluso Westmoreland, quien deseaba tener más tropas para combatir al enemigo, cambia por completo de postura ¡Le rogaría a Dios, señor, que sólo fuésemos usted y yo sin más ayuda los que tuviéramos este combate! [7].

En la arenga previa a la toma de Harfleur, la primera victoria del rey en territorio francés, éste logra motivar a sus tropas usando recursos que varios grandes líderes modernos han retomado.


En particular, podemos citar al General de Gaulle, quien desde Londres encabezaba la resistencia francesa. En el  discurso del 18 de Junio de 1940, de Gaulle  acepta la superioridad de armas del enemigo, pero dice que la esperanza no ha desaparecido, la última palabra no se ha dicho.

Certes, nous avons été, nous sommes, submergés par la force mécanique, terrestre et aérienne, de l´ennemi.(…) Mais le dernier mot est-il dit ? L´espérance doit-elle disparaître ? La défaite est-elle définitive Non !(…) Quoi qu'il arrive, la flamme de la résistance française ne doit pas s'éteindre et ne s'éteindra pas.  [8]

Enrique V también se encontraba en una situación de inferioridad, pero logró vencer al enemigo por su determinación, por inspirar a los soldados y convencerlos primero de la justicia de su causa y después por inspirarlos a buscar el honor. El General de Gaulle, en su discurso del 22 de Junio de 1940, llama a continuar la resistencia: sí hubo una derrota, pero la guerra no está perdida. Hace un llamado a todos los franceses que quieren seguir siendo libres, así, al hablar de honor y de interés de la patria, la lucha es por un valor superior, por la libertad.

Or, beaucoup de Français n'acceptent pas la capitulation ni la servitude, pour des raisons qui s'appellent l'honneur, le bons sens, l'intérêt supérieur de la Patrie. (…) J'invite tous les Français qui veulent rester libres à m'écouter et à me suivre. (…) Vive la France libre dans l'honneur et dans l'indépendance ! »[9]

El líder de la resistencia francesa les recuerda que hay tiempos mejores, hay que luchar por la libertad, no hay que capitular, sino que hay que luchar por un valor superior, recordando que tienen el apoyo de los aliados. Si queremos asumir una postura de liderazgo, tenemos que tener en mente qué tipo de líder queremos ser: ¿queremos ser Enrique V o Nerón? Un buen líder tiene que ser inclusivo y estar a la escucha de los demás, como lo estuvo Enrique V, tanto en la taberna como en el consejo o en el campamento.

En la arenga antes de Agincourt, el rey se incluye en la acción y el peligro con los demás, ser el rey, ya no es suficiente para que los soldados quieran seguirlo sin dudar a una muerte que parecía cierta. Enrique V refuerza el aspecto de la unidad, son los pocos elegidos, todos están al mismo nivel, incluyéndolo. Al nombrar a sus soldados hermanos, éstos ya no están luchando por una lealtad impuesta, lejana, sino por su hermano, que también los va a defender hasta la muerte.

Mediante varios recursos que podemos resumir en el “octálogo de la motivación”, Enrique se erige en un verdadero líder, más allá de un mero jefe militar. Es por la cercanía con sus súbditos y su respeto que reconocemos en Enrique V a un líder.

Detrás del líder, hay un hombre, que siente el peso de su liderazgo, ¡Cruel responsabilidad, hermana gemela de la grandeza! [10].

Ante la perspectiva de una batalla en la que están en franca desventaja numérica, el rey se desahoga primero con su hermano. Hay que tomar en cuenta que no es posible ser un líder aislado, tienes que tener apoyos en quien confiar y a quién acudir. La dificultad de ser un líder reside en saber en quién confiar, a Enrique V tres de sus consejeros más cercanos lo traicionan en Southampton.

Además de rodearse de consejeros y amigos fieles, Enrique V decide caminar entre su tropa para infundirles ánimos, es otra forma de motivación, no se incluye sólo en los discursos y en la acción de la batalla, sino también en los momentos difíciles en los que el panorama no se ve claro. Enrique V tiene que dominar sus emociones, tiene que verse sereno para infundir confianza y no miedo entre sus tropas. Esta inclusión, el dejarse ver sereno por sus tropas evita que hayan rumores de que el rey ha huido, o que no está listo para la batalla.

El líder vive en una constante representación, que en el caso de un rey es aún más visible: los lujos, las reverencias…tiene que mantener un papel de líder en todo momento, lo que evita que pierda el rumbo es su visión, es su ancla y su brújula.

El buen líder tiene que saber asumir las responsabilidades que le corresponden, pero no más, Enrique V por ejemplo no es responsable de si los soldados mueren en pecado, pues sigue existiendo la libertad, sobre todo cuando el rey les da la posibilidad de regresar a Inglaterra. Así, aunque el liderazgo evidentemente va a ser fuente de responsabilidad, hay que cuidarse de no caer en la culpabilidad.
Enrique V, antes de enfrentarse a los franceses en Agincourt, libra una batalla interna, al debatirse entre una culpabilidad no justificada por la responsabilidad de ¡Vidas, almas, deudas, esposas, hijos y pecados! [11] y la necesidad de tomar las riendas de la situación, asumir su decisión hasta el final. El peso del liderazgo implica a veces, tener que dejar de lado nuestras preocupaciones para asumir una máscara de serenidad, y así poder infundirles confianza a los demás, un líder no se puede permitir perder la confianza de los suyos.

Hay que recordar que detrás de cada líder, se encuentra un hombre. No son los lujos ni los honores los que van a distinguir a uno de otro, sino su capacidad de infundir respeto y motivación en los demás. Para ello, es necesario tener una visión que nos sostenga y que nos guíe, en el caso de Enrique V, de Gandhi o de Charles de Gaulle, es fácil identificar cuál era su visión y su motivación, ¿cuál es la visión de los líderes actuales?

Enrique V logró recuperar el trono francés, su visión era tan poderosa que logró superar todos los obstáculos que se le presentaron. Primero, logró que no sólo el consejo sino toda una nación lo apoyara en su campaña y lo reconozca no como Hal el heredero frívolo sino un gran rey. Después de la traición de tres de sus consejeros y amigos más cercanos en Southampton, el rey no se ve desmoralizado sino que logra seguir confiando en sus consejeros y buscando su opinión. Finalmente, logra motivar a sus tropas para superar la fatiga, la enfermedad y la inferioridad numérica para vencer a los franceses.

Shakespeare nos presenta un personaje digno de las tragedias griegas. Un personaje ilustre, en un contexto histórico casi legendario, una lucha desigual en la que Enrique V va a probar su valentía y heroísmo. Sin embargo, Enrique V es un héroe moderno, no está sometido a un destino funesto del que no puede escapar. Enrique V forja su destino,  es él quien motiva a sus tropas y gana la batalla, no Dios. Aunque Enrique V declara ¡Demos gracias a Dios más que a nuestro esfuerzo! [12], a mi parecer, un líder debe de saber reconocer sus victorias, sólo así puede también reconocer el mérito y agradecer el esfuerzo de los demás.
 México D.F. a 29 de septiembre, 2011.


[1] Seward, Desmond. 1978. The Hundred Years War. The English in France 1337-1453. Penguin Books. Pp. 153
[2] Shakespeare, William. Versión de Martin Casillas de Alba. 2008. La Vida de Enrique V. El Globo Rojo. Pp. 19. 
[3] Ibid, pp. 18.
[4] Ibid, pp.42
[5] Marx, Karl. 18 Brumario. 1852
[6] Racine, Jean. Œvres complètes. Tome II. Lefèvre Libraire. Pp.220. Nerón dice  « Heureux ou malheureux, il suffit qu´on me craigne » .
[7] La Vida de Enrique V, pp. 84.
[8] Charles de Gaulle. Llamado del 18 de Junio de 1940.
[9] Charles de Gaulle. Llamado del 22 de Junio de 1940.
[10] La Vida de Enrique V. pp. 78
[11] Ibid, pp. 78
[12] Ibid, pp. 94

Consúltalo con la almohada...

por Isabelle Torres Llamas
Estudiante de Relaciones Internacionales, ITAM.
Curso optativo de Estudios Generales: Shakespeare: liderazgo y vida.

Detalle de la batalla de Agincourt, 1415.
Introducción
¿Cuántas veces no has dicho esta expresión? ¿Cuántas veces no has postergado una decisión difícil hasta un día o dos después? ¿Cuántas veces no te ha visitado el insomnio por las noches? Pero¿por qué hacemos esto? ¿Todo el mundo lo hace? ¿Qué nos responde la almohada que sea tan importante escucharla? El darnos un tiempo a solas para decidir el rumbo de nuestras vidas es parte de nuestra naturaleza, el ser consientes o dedicarle un pensamiento objetivo a esta reflexión en una cualidad del líder. Todos en la vida nos hemos enfrentado a situaciones complicadas en que nuestras decisiones cambiarán por completo nuestra vida y/o la de los que nos rodean. Ante esta situación, uno puede decidir: Ser o no ser: de eso se trata, (Hamlet, 3.1.) Como lo ilustra Shakespeare en Hamlet, el ser humano puede decidir ser, es decir, enfrentar una situación asumiendo la responsabilidad y consecuencia de los actos; o no ser, esto no implica terminar con la vida, sino dejar que las circunstancias nos lleven o, lo que es peor, evitar la realidad de nuestra vida escondiéndonos en escusas del pasado o adicciones.

Es triste pensar que la mayoría de las personas eligen no ser; dejan que su vida se desperdicie en la rutina del trabajo aburrido y el esfuerzo mínimo, no se preocupan por nada que esté más allá de su vecindario, “al fin y al cabo a mi de qué me afecta”, evitan la responsabilidad y cuando al fin tienen que tomar una decisión, rehúyen o excusan sus consecuencias. En cambio, el líder es. La persona que es líder muchas veces se le identifica como una persona activa; tiene un rumbo claro de a dónde quiere llegar, toma las decisiones necesaria para llegar ahí y asume la responsabilidad de las acciones que lo llevaron ahí.

Una vez identificada la diferencia entre una persona “común y corriente” y el líder, me gustaría enfocarme en el proceso que hace un líder cuando se enfrenta a una situación complicada. Para esto estaremos haciendo referencia a la obra de Shakespeare, Enrique V.

Mantener la calma
No se puede definir qué es una situación complicada, ya que varía de contexto y edad, mientras que para un estudiante de bachillerato es elegir carrera, para un empresario puede ser el recorte de personal. Sin embargo, un líder debe mantener los nervios calmados, no dejar que las emociones lo sucumban y sobre todo, si la decisión implica a más personas, ser un buen actor: Viendo su real semblante, cabría pensar que es ajeno al temible ejército que los rodea y, en sus mejillas, no se advierten los estragos de la fatiga y noche en vela, (Enrique V, 4. Prólogo.) El mantener la calma no sólo le ayudará al líder a ser objetivo, sino que ayudará a mantener a su gente optimista y de buen ánimo.

Escuchar
Es un error de las personas que se encuentran en puestos de responsabilidad pensar que están solos ante una crisis. Las acciones de una persona raramente le afectan sólo a ella y, en puestos de responsabilidad, dicha persona tiene a todos sus subordinados por quien responder. Por ello, es importante que el líder escuche a sus subordinados porque: para empezar, esto le ayuda a hacer que la gente se comprometa con la situación y así como la decisión a la que se llegue; también, no se puede descartar que alguno de los subordinados cuente con la solución o con la idea que desencadene un proceso creativo que lleve a la solución, y finalmente en este acto el líder puede dejar claro hasta dónde llega su responsabilidad como líder y dónde empieza la responsabilidad de cada uno.

Si un padre envía a su hijo a buscar mercancías y éste naufraga hallándose en pecado, según su razonamiento, el peso de su maldad debería caer sobre la conciencia de su padre… (pero) en estas condiciones, si mueren en el pecado, el rey no es más responsable de su condenación que lo era antes de las faltas que cometieron, (Enrique V, 4.1.)

La batalla interior
El siguiente paso que debe hacer un líder al enfrentarse a una situación complicada es estar a solas: “consultarlo con la almohada”. Puede parecer obvio este paso, sin embargo, ante una situación de crisis, el líder puede quedarse con el consejo del amigo, que le pareció conveniente, sin realmente haber reflexionado de manera objetiva las consecuencias de esa acción. Despejar la mente (lo más que se pueda) y tomar unos minutos a solas, ayudarán enormemente a tomar una decisión objetiva y respaldable. Este paso, se puede observar en el monólogo que dice Enrique V en (4.1.) durante lo que le hemos llamado la negra noche del alma.

También en este punto el líder debe discernir lo que escuchó de sus subordinados, es decir, debe ver qué palabras fueron resultado de una adulación por parte del subordinado mustio, o qué palabras estuvieron cargadas de un pesimismo venenoso, que lo único que pretendía era inspirar temor. ¿Qué te dan a beber cuando te alaban, en lugar de refrigerarte con un sincero homenaje, sino el veneno de la adulación? ¡Cae enferma, soberbia Grandeza y di a tu Majestad que te cure! (Enrique V, 4.1.) Discernir las palabras, para ver la realidad verdadera y el consejo honesto, es parte de esta reflexión.

Finalmente en este espacio, el líder puede dejar sus verdaderos sentimiento fluir: ¡Toda la responsabilidad pesa sobre el rey! ¡Vidas, almas, deudas, esposas, hijos y pecados! ¡Debemos soportarlo todo! ¡Cruel responsabilidad, hermana gemela de la grandeza!... ¡Cuántas de las satisfacciones que gozan los demás hombres están prhibidas a los reyes!, (Enrique V, 4.1. 78). Pero, una vez desahogados los sentimiento tiene que regresar a ser objetivo con las circunstancias: definir realmente cuál es el problema al que se enfrenta, qué fantasmas le están obstruyendo, qué ventajas tienes, cuáles son las posibles soluciones, qué responsabilidades conllevan, cuál es el mayor bien o menor mal y sobre todo cuál es la meta: El esclavo que se encuentra en un país tranquilo, goza de paz, pero su torpe cerebro no se da cuenta de cuántas vigilias ha tenido que pasar el rey para mantener es paz cuyas horas son provechosas para el que trabaja, (Enrique V, 4.1.)

Reescribir la ruta
De la reflexión, una nueva ruta se vislumbra ante los ojos del líder, cuyo espíritu le permite seguirla, pero nunca un líder debe olvidar que finalmente es humano. El errar es parte de nuestra naturaleza y por más que uno quiera evitarlo, va a ver circunstancias donde no puede hacer más que experimentar y a lo mejor, equivocarse. Pero no importa qué errores se hayan cometido, si al final tienes un objetivo, un lugar al que llegar, una máxima que guie tus movimientos, siempre se puede retomar el curso.

El proceso antes descrito tiene como objetivo hacer consiente un proceso de reflexión interior, que a lo mejor ya inconscientemente uno hace, pero delineado como se presenta aquí puede ayudar a no saltarse un paso y, con ello, llegar a una decisión más certera o por lo menos más tranquila. No es fácil ser líder, pero elegir ser en esta vida hace la pena vivirla. Así que la próxima vez que te digan: “consúltalo con la almohada” recuerda todo el proceso que conlleva tomar una decisión difícil, y ojalá estar consiente de ello, te sirva para tomar una mejor decisión.
México D.F. a 29 de septiembre, 2011.