jueves, 15 de diciembre de 2011

Los discursos como herramienta política

por Hugo Vallarta López.
Estudiante de Relaciones Internacionales del ITAM.
Curso optativo: Shakespeare: liderazgo y vida.



Mujeres romanas en la intimidad.
En las arengas destinadas a persuadir una colectividad se pueden invocar razones, pero antes hay que hacer vibrar sentimientos. Gustave le Bon (1841-1931)


Los discursos tienen como objetivo influir en el auditorio a fin de que se lleven a cabo ciertas tareas o conductas. En la obra de Julio César de Shakespeare se encuentran diversos discursos y argumentos que se contraponen de un mismo hecho y que pueden ser clasificados en dos: aquéllos que tuvieron la capacidad de influir en el interlocutor y aquéllos que no. Se desarrollarán brevemente dos discursos de la obra. En el primero los participantes son Calpurnia, César y Decio que se desarrolla previamente al asesinato de César. El segundo, se desenvuelve tras la muerte de César. Los participantes son Bruto y Marco Antonio que se dirigen al pueblo romano.


El discurso entre César y Calpurnia quien, en su papel de mujer de César, intentó persuadirlo para que no asistiera al Senado con base en la interpretación de su sueño y de todos los fenómenos naturales, ya que Calpurnia presintió que el fin de César estaba cerca. No obstante, Decio, quien era parte de la Conspiración en contra de César, aprovechó estos mismos fenómenos naturales y el sueño de Calpurnia para alentar a César de asistir al Capitolio y aprovechar la oportunidad para asesinarlo.


En este sentido, es interesante plantear la pregunta: ¿de dónde provino el éxito de Decio? Evidentemente es multifactorial porque responde a las circunstancias, la posición de cada uno de los participantes en la interacción, así como la misma personalidad de los interlocutores.


En esta interacción se utilizó como catalizador la personalidad de César, ya que su punto débil fue que no escuchó a las personas que le decían que debía ser precavido debido a que estaba ensimismado dadas sus glorias militares pasadas y el gran ego que tenía. Calpurnia que, aunque lo conocía y con esto tenía poder de influir en él, no lo logró porque no apeló a la principal característica de la personalidad de César: la vanidad. Quien sí capitalizó este rasgo fue Decio y se observa en el siguiente pasaje (1): este sueño está mal interpretado... Mira, César, en realidad, los chorros de sangre quieren decir y significan que nuestra insigne Roma absorberá tu sangre vivificante para que los grandes hombres se apresuren en busca de sus tintes, marcas y reliquias para hacer de sus pañuelos con sangre, sus insignias, sus banderas de combate. Esto es lo que significa el sueño de Calpurnia y no otra cosa.


Claramente se aprecia que Decio utiliza el recurso de la vanidad de César para interpretarlo a conveniencia suya e influir en él. Esto pone en manifiesto que los hechos están sujetos a interpretación, que no existe una realidad objetiva, y que, por tanto, pueden ser utilizados como recurso de manipulación a conveniencia de quien los utilice.


El discurso de Marco Antonio tras el asesinato de Julio César es magnífico. Sin embargo, el éxito de este discurso también se debe al público que va dirigido: el pueblo. Esta audiencia carece de un nivel crítico que pueda razonar ambas posiciones. Sólo se dejan llevar por las emociones impresas en el discurso de Marco Antonio, ya que el discurso de Bruto exigía un nivel un poco más elevado debido a los recursos lógicos en los que estaban fundamentados.


Asimismo, el éxito se debe a que Marco Antonio conoce al pueblo y su memoria política que es tan breve. Para influenciar al pueblo debe de demostrar que sus necesidades han sido cubiertas por las políticas de Julio César, toda vez que se implementaron la construcción de acueductos y haberlos tomado en cuenta al momento de hacer testamento. La memoria política del pueblo es de corto plazo y es necesario remitirla a los hechos pasados más inmediatos.


La plataforma discursiva de Bruto es distinta a la de Marco Antonio. El primero se fundamenta en la importancia en el bien común por encima de cualquier persona o institución, ya que sus ancestros han apoyado a la República y echaron de Roma a Tarquino. Asimismo, el discurso de Bruto se centra en fórmulas lógicas en el lenguaje, que si bien son importantes para impactar positivamente en la audiencia, Bruto no consideró a profundidad a quien iba dirigido tal discurso. Si bien es cierto, que Bruto logró convencer al pueblo que la muerte de Julio César era un bien mayor para la comunidad romana, el fundamento de su argumento, el bien común, respaldado por su honor, se vio derrumbado por el fundamento de Marco Antonio, las emociones, ya que no transcurrió mucho tiempo entre ambos discursos y la posición del pueblo cambió en 180 grados.


El discurso de Marco Antonio comienza con la misma tesitura que el de Bruto. Utiliza las mismas palabras, i. e. honorables, para evitar una confusión inmediata en el pueblo y esto sea contraproducente para su empresa: provocar un desorden civil que obligue a los conspiradores a salir de Roma. Poco a poco en el transcurso de su discurso, el calificativo honorable comienza a tomar un nuevo significado y denota una nueva virtud, o más bien defecto.


El éxito de Marco Antonio reside en que durante el discurso apela a lo más básico y exaltable del pueblo romano: las emociones. Esto mediante la demostración del cuerpo inmóvil de Julio César, así como la proyección del pueblo en él. Es decir, el mismo pueblo romano vio su propio reflejo en Marco Antonio al ver cómo pierde un ser querido y cercano. Esto se puede comprender aún mejor con el siguiente pasaje que se desarrolla en la muchedumbre donde se encuentra Marco Antonio cerca del cuerpo de Julio César (2): — Mira —le decía uno a su mujer—, mira cómo tiene los ojos de tanto llorar —y la mujer, a su vez, se tomaba la punta del mandil para llevarlo a la boca. En verdad daba lástima y, de pronto, parece que la gente sentía lo mismo que él había sentido, sobre todo si algún día habían recibido el cadáver de su padre muerto...


Con esto hubo un gran acercamiento entre los interlocutores, y fue justo el punto de inflexión en donde Marco Antonio decide cambiar el matiz del discurso, esperando que el pueblo comenzara a sustituir la palabra honorable por traidores. Alentó al pueblo a que ellos mismos descalificaran los actos de aquellos conspiradores. El discurso dio un giro de una manera maniquea, ya que es la manera más fácil de manipular al auditorio. Se martirizó al pobre César, mientras que a los conspiradores se les calificó como traidores. Asimismo, la personalidad de Marco Antonio permitió un mayor acercamiento, y, por ende, un mejor entendimiento entre él y el pueblo. Finalmente, Marco Antonio consiguió su meta: agitar al pueblo para que los conspirados huyeran de Roma.


Con estos dos discursos es claro que el éxito del discurso reside básicamente en conocer a aquél que se quiere convencer. Y con conocer se refiere a saber qué puntos son más sensibles en cuanto a personalidad se refiere y explotarlos en conveniencia propia. Es decir, como ya se ha desarrollado en el caso de César, su personalidad responde en gran medida a halagos, ya que su personalidad se caracteriza por la vanidad. Mientras que en el pueblo se exaltan los sentimientos más básicos, pero sobre todo, su identificación como igual con el otro interlocutor (3). Al parecer, es más redituable apelar a los sentimientos básicos y no a la razón, para motivar e influir en el otro.
México D.F., a 15 de diciembre, 2011.
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1 William Shakespeare, “Julio César (versión novelada de Martin Casillas),” (México: Santillana, 2009), p. 76.
2 W. Shakespeare, op. cit., p. 105.
3 He aquí un rasgo similar con enrique v, que también se posicionó como igual con el ejército inglés para que hubiera un mayor acercamiento con su causa. 

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