jueves, 15 de diciembre de 2011

Julio César, el retrato de liderazgos inconclusos

por María Arellano
Estudiante de Economía y Ciencia Política, ITAM
Curso optativo de Estudios Generales, Shakespeare: liderazgo y vida.



Foro Romano
La obra nos presenta a Roma en el año 44 a.C., cuando Julio César estaba en la cima de su gloria y poder. El cargo de dictador vitalicio y su prestigio ganado en los campos de batalla representaban, a ojos de muchos, un peligro para la república. En este escenario, se empieza a fraguar una conspiración para acabar con la vida de Julio César y evitar una tiranía. Aunque Julio César muere a la mitad de la obra, la trama y las acciones de todos los demás personajes giran alrededor del personaje de César. El surgimiento del descontento dentro de un grupo de senadores que, por diversas razones querían acabar con Julio César, va a permitir al autor presentarnos el retrato de los diferentes partidos involucrados y de diferentes aspectos de liderazgo. Por una parte, los conspiradores, entre los que destacan Bruto y Casio; por otro, Julio César y Marco Antonio. Aunque Julio César sea el personaje alrededor del cual se teje toda la acción y el motor para los demás, hay que analizar de qué manera los otros personajes ejercen aspectos de liderazgo para lograr sus objetivos, los conspiradores llevar a bien su proyecto y Marco Antonio vengar a César. 


La obra abre presentándonos el descontento latente que existía en Roma ante el riesgo de la monarquía, los tribunos de la plebe gritan ¡No más monarquías! (pp. 26), y hacen evidente que no están dispuestos a aceptar que la ambición de César ponga en riesgo a la república. 


Debemos de centrarnos primero en el personaje de Julio César, pues es el causante de toda la trama, por la amenaza de su ambición inicia la conspiración. Aunque perteneciente a una familia patricia, el prestigio y la gloria de César se debían ante todo a sus éxitos militares. Cómo lo resalta Marco Antonio en su discurso fúnebre, la república le debía mucho a César y sus victorias. César era, antes que un hombre político, un hombre de armas, su carácter se forjó en los campos de batalla, contaba con la lealtad de sus legiones, que demuestra al cruzar el Rubicón, con esto, César también demuestra su capacidad de estrategia política. Ante el riesgo de ser acusado de traición, juega a la perfección sus cartas, sabedor de su punto fuerte que era la lealtad de sus legiones, llega a Roma y derrota a Pompeyo, volviéndose dictador vitalicio de la república. 


César sigue siendo hoy en día una de las figuras de liderazgo más llamativas, pese a que murió a manos de sus enemigos. El carisma y el prestigio de César ganado en los campos de batalla no pudieron evitar que fuera víctima de su propio liderazgo. En efecto, el prestigio y el poder de César eran tales que a ojos de los conspiradores, eran un riesgo para la república. Aunque existía el Senado como un contrapeso, no se puede negar que César era la figura dominante de la vida política romana, era adulado por la población, lo vemos con la reacción en las Lupercalias cuando Marco Antonio le presenta una corona. 


César era un gran líder, era carismático y gozaba de un prestigio ganado, sus numerosas victorias militares atestiguan de eso. Sin embargo, no fue capaz de ver de qué forma el ambiente había cambiado, no fue capaz de escuchar los avisos ni confió en los augurios. César actuó como militar, confió en la lealtad de los senadores, en lugar de ver a éstos como político, desconfiando e interpretando sus posibles motivaciones y los celos que le tenían. 


César se niega a escuchar las súplicas de Calpurnia, no está dispuesto a mentirle a los senadores, tiene que ir al Senado. Esto refleja su carácter, no puede mentirle a los senadores, actúa como hombre de estado, responsable y recto. Sin embargo, debería de haberse mostrado más dispuesto a ver la amenaza que pesaba sobre su cabeza, su necesidad por mostrarse más dedicado a su puesto que a su persona también va a hacer que no oiga las súplicas y un último intento por avisarle de la conspiración, justo llegando al Senado. César incluso se muestra soberbio, cuando recuerda al adivino y le dice que ya son los idus de marzo. 


Incluso siendo un gran líder militar y un reconocido hombre político, César fue incapaz de escuchar consejos, un buen líder tiene que saberse rodear de gente de confianza, pero no sólo eso, sino que tiene que saber escuchar lo que éstos tienen que decir. 


Saber estar a la escucha de las preocupaciones de los demás es imprescindible para un líder, Casio por ejemplo logra convencer a Bruto conociéndolo, sabiendo escuchar las preocupaciones de Bruto. Casio sabe qué argumentos presentarle a Bruto para convencerlo, escucha primero sus compromiso con la república y sutilmente le dice que no quiere hablar abiertamente el tema de la conspiración, pero escucha los argumentos de Bruto. Casio también es capaz de saber que si le hace creer a Bruto que más gente lo apoya y pide que actúe para preservar la república, éste va a unirse a los conspiradores, es por eso que Cina para persuadirlo manda a su casa de manera anónima un escrito. Casio sabe el valor que tendría tener a Bruto de su lado, por su honor y prestigio dentro de la república, (...) sería bueno que Bruto estuviera con ellos, sabía los efectos que tendría, pues el pueblo lo tenía en muy alta estima y, así, lo que ellos harían solos podría sonar más bien a un vil delito, en cambio, con la alquimia de Bruto, ese terrible acto se convertiría más bien en virtuoso y meritorio. (pp. 49). 


Casio sabe la importancia de rodearse de las personas correctas, y Bruto es una de ellas, pues es esencial para el éxito de la conspiración. Casio sabe no sólo convencer a Bruto de la legitimidad de su acción, sino que también sabe quedarse en el margen, es Bruto quien se enfrenta a la población tras el asesinato de César, es Bruto quien justifica los actos de todos los conspiradores y asume su responsabilidad. 


Aunque Casio tiene características necesarias en un buen líder, como es saber estar a la escucha de los demás, saber reconocer el momento oportuno para actuar y convencer a los demás, también le faltan rasgos característicos de un líder. 


Si contrastamos la motivación de Bruto y la de Casio para derrocar a Julio César, nos parece que Casio actuaba más por celos, el resentimiento que le tiene a César es evidente, cuando habla con Bruto durante las Lupercalias vemos que Casio le tiene rencor a César por muchos motivos, y son éstos y no su compromiso con la república lo que incentivan su adhesión a la conspiración. 


Casio falla al tener una visión de corto plazo, su objetivo era asesinar a César, pero nunca se preguntó qué pasaría después, no trazó una estrategia para estabilizar a la república acéfala ni para granjearse el apoyo de personas como Marco Antonio. Es entendible que dado lo pasional de sus motivos, no fuera racional al elaborar un plan, sin embargo, un buen líder tiene que tener siempre muy claro cuál es el objetivo y cuáles son los medios de los que dispone, un buen líder tiene que saber diferenciar los medios de los fines. Parece que para Casio, el asesinar a César era un fin en si mismo, mientras que para Bruto era un medio únicamente, pues el fin era preservar la república y la libertad. 


Además, Casio demuestra no tener las cualidades de un líder cuando es acusado por Bruto de prestarse a actos de corrupción, un líder debe de mantener su credibilidad y legitimidad, pues para ser un líder se debe de contar con el respeto y el apoyo de los demás. 


En este sentido, Bruto encarna más que Casio los ideales de un liderazgo que se rige por un ideal claro. Bruto no va actuar contra César por rencores o celos, sino que realmente cree que está haciendo algo necesario para la república, como declara tras el golpe: si ese amigo se pregunta por qué Bruto se alzó en contra de César, ésta es mi respuesta: Bruto no amaba menos a César sino que amaba mucho más a Roma, (pp. 101). Bruto es capaz de luchar por un bien superior, la libertad y la república, y creyendo que éstas se encontraban en peligro, decide participar en la conspiración, pero nunca dudamos de su honor, aunque Marco Antonio intente socavarlo, Bruto se mantiene fiel a sus ideales a lo largo de la obra. 


Cuando está en campaña contra las legiones de Marco Antonio y de Octavio, le reprocha a Casio, su aliado, el uso de la corrupción para conseguir fondos, sabe pertinentemente que están cayendo en algunos de los excesos que se hubieran podido reprochar a César: ¿No fue por justicia por lo que corrió la sangre del gran Julio? ¿Qué villano tocó su cuerpo para matarlo sin reclamar justicia? ¿Qué no actuamos para defender a la República? ¿Habría alguien de nosotros, que herimos al hombre más encumbrado del mundo, sólo para solapar a unos ladrones que manchan ahora sus dedos con los sobornos y que venden plazas y empleos aprovechando el poder que ocupan unos puestos influyentes con amplios honores, en medio de la impunidad que se les ofrece, y todo por una vil basura que obtienen con ello? Preferiría ser perro y ladrarle a la luna que ser un romano así. (pp. 128). 


Bruto nunca pierde de vista que el objetivo de la conspiración, el fin que se ha dado a sí mismo, es defender a la República, contra César, pero también contra Casio si fuera necesario, por eso no tiene reparos en recordarle cuáles eran los motivos de la revuelta y las razones por las que él se unió. 


Aunque Bruto tiene una idea clara que lo guía, no tiene otras cualidades necesarias de un líder, es incapaz de juzgar de manera adecuada a su auditorio, ni de evaluar los riesgos potenciales tras su acción contra César. Bruto pensaba que todos, al igual que él, verían la necesidad del asesinato de César ante el riesgo que podía representar para la República, y justificarían y legitimarían el sacrificio de Julio César para preservar un bien superior. Esta es una equivocación respecto a Marco Antonio, pero también respecto al resto de la población. 


Por una parte, Bruto no cuenta con la oposición de Marco Antonio, no ve el peligro que puede representar para la causa de los conspirados, piensa que va a poner el interés de la República por encima de su lealtad y amistad, y claramente no era el caso. 


Por otra, Bruto no sólo se equivoca en el juicio que hace de Marco Antonio, sino también en el de la población, pues cree que hablándoles de manera racional va a ganarlos a su causa, les pide que lo juzguen con sabiduría, Marco Antonio sabe manipular a las masas, mientras que Bruto les pide que entiendan razones. Un líder siempre tiene que tener muy claro quién es su auditorio, conocer a su interlocutor para poder convencerlo y presentar sus argumentos de la mejor forma posible. 


Marco Antonio era el fiel amigo y compañero en armas de Julio César, antes de que estalle la conspiración, lo vemos siempre al lado de César, dispuesto a escucharlo y defenderlo. Parece sorprendente que Marco Antonio no haya visto la amenaza que existía contra su amigo, un buen líder debe de estar al tanto de lo que está pasando, debe de tener la mayor información posible para poder tomar las mejores decisiones. Tanto Marco Antonio como Julio César fueron incapaces de ver la conspiración que estaba surgiendo, no quisieron o no pudieron ver los signos de ésta para pararla a tiempo. 


Marco Antonio sabe mantener la sangre fría ante el asesinato de Julio César, en lugar de atacar de frente a los conspiradores, esconde sus verdaderas intenciones tanto para mantenerse a salvo, como para poder ganarse el apoyo de la población. Marco Antonio sabía que su margen de acción estaba acotado y que si actuaba impulsivamente correría la misma suerte que César, conocía el contexto y las armas, retóricas, de las que disponía. 


Marco Antonio espera el momento propicio para presentar su postura, de manera velada. Su discurso no pretende abiertamente llamar a la revuelta, primero defiende y le recuerda a los romanos todos los logros y las victorias de César, al que hacía poco vitoreaban. Marco Antonio hace ver lo ridículas que pueden parecer las acusaciones de ambición de César, pese a la honorabilidad de Bruto. Marco Antonio se presenta más cercano, muestra su dolor ante la pérdida de su amigo, y pone en tela de juicio los motivos y la legitimidad del asesinato de éste, presenta a los conspiradores bajo otra luz, ya no de salvadores de la República sino de traidores y asesinos. 


Marco Antonio sabe cómo manejar a la población, construye su discurso de tal forma que nunca se le pueda acusar de incitar directamente a la rebelión, pero sabe que es lo que va a lograr, además, siendo el amigo de César y estando en posesión de su testamento, es el heredero político más evidente en esos momentos, ante la ausencia de Octavio. 


Si Marco Antonio es el mejor orador de todos, pues tiene un potente motor en el ánimo de venganza, no tiene un plan claro para el largo plazo. Como Casio, se centra únicamente en la venganza de corto plazo, sin tener una estrategia y visión política más clara. Marco Antonio pierde de vista que si su amigo siguiera vivo, probablemente no llevaría a cabo un baño de sangre, buscaría mantener la unidad para preservar la República. Cegado por la venganza, Marco Antonio pierde la capacidad de cálculo estratégico que mostró al principio. 


Marco Antonio propone la división del poder en un triunvirato, pero no respeta a Lépido, un líder tiene que ser capaz de rodearse de consejeros, en este caso, Lépido era más que un consejero, era el igual de Marco Antonio. 


El discurso fúnebre de Marco Antonio nos hace pensar que será el gran heredero de César, un líder militar y político capaz de ejercer el poder. Su capacidad para mantener la cabeza fría y para dar un discurso tal que se gana a toda la población son cualidades que Casio no tiene. 


Sin embargo, la falta de una visión, que es reemplazada por la sed de venganza hace que Marco Antonio no se vuelva el líder que esperábamos. Casio sabe reconocer el valor de sus compañeros y sabe ganarse a Bruto para su causa, pero actúa contra César movido por razones pasionales, como Marco Antonio, y su corrupción durante la campaña militar no son el reflejo de un líder. 


Bruto tiene una visión clara, su misión es proteger la República, siempre tiene eso en mente pero su incapacidad para prever la oposición de Marco Antonio son una equivocación notable. De todos los personajes de la obra, todos tienen cualidades de liderazgo, pero todos también tienen fallas que hacen de ellos líderes incompletos. 


César, pese a caer asesinado por los conspiradores, es el causante de las acciones de los demás, ante el miedo de su ambición, su ya gran poder y prestigio, Casio motiva a Bruto para actuar. Es por el recuerdo de Julio César que Marco Antonio decide vengarse de los conspiradores y llamar, de manera velada, a la revuelta. En última instancia, Julio César y su aura son las que mueven a los demás personajes, y esa capacidad de motivación, sea positiva o negativa, es la marca de un gran líder.

México D.F., a 15 de diciembre, 2011.
                                                                              

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