miércoles, 2 de noviembre de 2011


México ante la tempestad

por Nallely Vázquez
Estudiante de Relaciones Internacionales, ITAM
Curso optativo en Estudios Generales Shakespeare: liderazgo y vida

Los nobles en la Isla después del naufragio. Película de Julie Taymor
¿Cuántas veces no nos hemos visto envueltos en problemas que parecen no tiene solución y que nuestra vida se vuelve oscura como un cuadro del pintor Turner? ¿Cuántas veces hemos sentido que nuestro entorno está a punto del colapso, como si estuviéramos en una tormenta o en medio de una tempestad? ¿Y cuántas veces hemos constatado que después de la tormenta siempre sale el sol? En este ensayo, me propongo mostrar cómo Shakespeare nos enseña en La tempestad  las distintas actitudes que tomamos los seres humanos frente a épocas de crisis y nos ayuda a buscar una luz para salir de ellas. En segundo lugar, encontrar un vínculo entre la descripción que hace Shakespeare de las actitudes positivas y negativas frente a las crisis, con las actitudes que se han asumido en México frente a la lucha contra el narcotráfico.

William Shakespeare (1564-1616) vivió en el Manierismo, una de las épocas más agitadas de la historia europea; época en la que los descubrimientos científicos, las guerras de reforma y contrarreforma y la aparición de los absolutismo políticos generaron un clima de inestabilidad en todos los órdenes; por otro lado, Inglaterra vivirá en la época del absolutismo Isabelino y los comienzos de la inestabilidad política. Sin embargo, parece ser que la reacción de Shakespeare frente a las crisis, no es como la que tuvo su compatriota Thomas Hobbes (1588-1679) frente a la inestabilidad política de su país, optará por promover  con su Leviatán, regresar a las monarquías absolutistas y acabar así la tempestad. Shakespeare en cambio parece motivarnos a superar la tempestad a través de la transformación.

En La tempestad se narra cómo Próspero, duque de Milán, pierde el poder pues es arrebatado por su hermano. Próspero, desterrado es abandonado a su suerte en el mar y naufraga, pero logra salvarse junto con su hija Miranda al llegar a una isla desierta. Como venganza, Próspero ordena al espíritu Ariel, que desate una tormenta en contra de su hermano Antonio, quien viaja en un buque, próximo a la isla desierta en que habitan. Sin embargo, Próspero experimenta una transformación y renuncia a sus poderes, perdonando a sus enemigos y permitiendo el matrimonio de su hija Miranda con Ferdinando, hijo de Alonso, rey de Nápoles.

La tempestad nos enseña cómo mantener el espíritu en alto frente a las desgracias, esperando que se den los cambios que permitan calmarla y nos dejen ver el sol. En esta obra se encuentran enseñanzas ante la tormenta interior que puede vivir el hombre, así, Shakespeare nos enseña que la angustia se da en el hombre por muchas razones; no se trata sólo de la angustia de perder la vida sino también la angustia de perder cosas como nuestro trabajo, nuestro ahorro o nuestra seguridad.

La reacción ante la angustia y la crisis puede seguir los siguientes caminos: en primer lugar estaría quedarse paralizado y no hacer nada, pero, por otro lado existe una reacción positiva, que es la de superar la inmovilidad, para lo cual nos vemos obligados a reaccionar con todo lo que tenemos ante la crisis, pues la suma del desasosiego, mas la visión más lo que tenemos que hacer, siempre será mayor que la resistencia al cambio.

Shakespeare nos muestra que existen reacciones negativas frente a la crisis, dentro de ellas se encuentra como un especial modelo, la actitud que toma la gente en contra del contramaestre quien sabía qué hacer y hace lo mejor que puede, pero la angustia de los pasajeros lo inmovilizan, ellos buscan un culpable a causa de la crisis que viven, pues en la desesperación todos culpan a quien está a cargo, en este caso al contramaestre.

Por otro lado, Shakespeare, nos muestra también cuáles serían las reacciones positivas ante la crisis, en primer lugar tenemos que la crisis nos lleva al fondo de uno mismo y nos invita a cambiar y a ser diferentes. Por otro lado Shakespeare nos dice cómo enfrentar la angustia del cambio: conocer a fondo las razonesaunque duelan y sean duras o crudas, sobre todo si son contadas de una manera contundente. Así podremos conocer lo que provocó la crisis. Esto es lo que hace Próspero cuando ve que su hija está tan angustiada. En segundo lugar, para salir de la crisis se pueden recordar aquellas imágenes que evocan el caos o utilizar una utilería simbólica. En tercer lugar, tenemos como otra característica indispensable para superar la tempestad el hecho de actuar como lo hace Prospero, quien contempla el futuro y se cuestiona como podrá ser éste. Esto es importante porque quien ve el futuro está del lado de los soñadores, de los que salen del bosque y se suben al balcón, para ver desde allí las cosas desde otra perspectiva. En este caso se encuentran los que pueden ver la vida real y no le tienen miedo al futuro, ni al cambio; se trata de los que están dispuestos a transformarse para enfrentar mejor el futuro y consideran a los demás, es decir son los que se conocen, conocen su historia, saben contarla de manera contundente, pero también saben transformarla.

La tempestad nos muestra una condición humana que parece universal y que nos habla aun hoy día de nuestra actitud ante las crisis y las tempestades. No es novedad, decir que México está en crisis, lo que si sería novedoso es leer las distintas actitudes que tomamos los mexicanos frente a esta crisis con los ojos con que podríamos leer La tempestad. Por ejemplo, la situación que vive el país sobre el caso de la guerra contra el narcotráfico y el crimen nos hacen sentir en una tormenta oscura y cerrada, pero la actitud que tomamos frente a esta oscuridad es muy variada, tal como lo vemos en La tempestad, así, por un lado, están quienes dicen que deberíamos estar como antes, es decir, regresar con los gobiernos del PRI y pactar con el narco, haciendo creer que no pasa nada, como si cerrando los ojos al problema éste desapareciera. Por otro lado está la actitud que toman los que critican las soluciones que se han tomado para minimizar la inseguridad y el problema del narcotráfico, como si fuera la actitud que tomaron contra el Contramaestre, haciéndolo ver culpable del problema, pero sin ayudar a encontrar una solución, es la demanda que escuchamos una y otra vez en los medios cuando el Presidente Felipe Calderón afirma que puede ser que esté cometiendo un error estratégico, pero que hasta ahora nadie le ha propuesto un plan alternativo para resolver los problemas, sólo lo critican. Un ejemplo de ello fue cuando en el Zócalo gritaban “Muera Calderón” “Muera Calderón”, y Javier Sicilia, su interlocutor, hizo entrar en razón a la “masa”,  al decir que no había que pedir la muerte de nadie, pues la violencia no es el remedio para curar la violencia, es paradójico ver que en esta crisis nadie culpa abiertamente al narcotráfico, ni hacen declaraciones abiertas ni marcha contra los grupos delictivos, sino más bien contra las organizaciones que hacen o no hacen nada contra esta realidad de inseguridad.

También es interesante observar que el ojo penetrante de Shakespeare nos hace ver en nuestro país, cómo frente a la crisis de inseguridad y violencia en que vivimos, se ha generado una inmovilidad dentro de algunos sectores que prefieren ocultar tempestades que vive la población. Hace pocas semanas nos enteramos que el gobernador de Veracruz que afirmó que no había secuestros en su estado, había pagado personalmente el rescate de varios de ellos. Es la actitud de quien prefiere no hablar de la corrupción de un sistema, pensando que el silencio calmará a los dioses de la tempestad.

Me parece interesante ver otra reacción, que es la de saber que la crisis paraliza y la crisis nos lleva a mirar atrás. Muchos aspiran y añoran volver al antiguo régimen que vivía México, que regrese un gobierno totalitario y absolutista, la llamada “dictadura perfecta”, sin embargo, ésta más parece la actitud psicológica de quien no quisiera que hubiera comenzado nunca la tempestad, y sin embargo ya estamos en ella.

Las anteriores son las actitudes negativas que denunciaría Shakespeare, sin embargo, tenemos afortunadamente actitudes positivas también: los movimientos que se están generando en México a nivel de ONG’s y organizaciones civiles parecen ser una respuesta más sensata frente a la tempestad, esa que nos decía Shakespeare que era la actitud de Próspero o Gonzalo o el Contramaestre, y es que —como ya se mencionó, la tempestad nos hace tocar fondo—, ¿cuándo hubiéramos creído que un Presidente de la República afirmara que estamos viviendo con instituciones podridas?

El “sexenio trágico” nos ha hecho tocar fondo en nuestra crisis y como tal nos ha dado algo tristemente positivo: nos ha mostrado cómo somos, se nos ha mostrado que la eficacia del narcotráfico se debe gracias a la corrupción que se da en los tres niveles de gobierno, nos ha mostrado cómo algunos sectores de las fuerzas armadas y policiacas caen en la corrupción. Por otro lado vemos que los presidentes municipales, lo mismo que gobernadores tienen las manos, si no llenas de sangre pues no han matado a nadie directamente, si llenas de dinero sucio y poder ilícito. Nos enteramos que somos nosotros, en gran medida, los que hemos generado la situación en la que vivimos y esto nos hace caer aún más hondo en la crisis. Sin embargo, sólo tenemos dos opciones: o bien encaramos la crisis como nos lo enseña Shakespeare, mirando al futuro y con los ojos hacia el sol, o nos alineamos con la masa angustiada y buscamos a un culpable mientras nuestro barco sucumbe en medio de la tormenta.

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