miércoles, 28 de septiembre de 2011

Enrique V: Liderazgo que inspira y motiva

por María Arellano
Estudiante de Economía y Ciencia Política, ITAM
Curso optativo de Estudios Generales Shakespeare: liderazgo y vida.
El sitio de Harfleur, 1415.

El corto reinado de Enrique V  (1413-1422) se inscribe en la Guerra de los Cien Años, una guerra iniciada en 1337 por Eduardo III, quien reclamaba el trono de Francia heredado por Felipe de Valois a la muerte de Carlos IV.

Enrique V, por su victoria en la batalla de Agincourt sobre los franceses, sigue siendo, en la leyenda nacional, el más heroico de los reyes ingleses[1] Es imposible pensar Enrique V, tanto la obra de teatro como al personaje detrás de ésta, sin pensar en la guerra que marcó su reinado y lo convirtió en el monarca  que venció a la poderosa caballería francesa y heredó dos coronas a su hijo.

Lejos de ser únicamente un notable jefe militar, el Enrique V que nos presenta Shakespeare tiene varias facetas, pasa de ser un joven heredero frívolo a un rey capaz de conducir a unas tropas en desventaja a una victoria militar contundente. El hombre en el trono es sostenido por una visión, que logra compartir con sus súbditos, es un líder excepcional, que inspira y motiva.

En la obra de teatro, Shakespeare solo esboza un retrato de aquel que fue heredero al trono, un joven en apariencia disperso y frívolo, en palabras del Obispo de Canterbury no se ocupaba más que de cosas fútiles, rodeándose de unos ignorantes, mal educados y superficiales, pues sólo se pasaba las horas en orgías, banquetes y placeres sin estudiar nunca, sin recogerse en sí jamás, entregado como estaba a los espectáculos públicos y al populacho.[2]

Esta descripción de Hal contrasta con el Enrique V que aprendemos a conocer a lo largo de la obra, la referencia al pasado nos permite ver la evolución y el cambio en el personaje; la transición entre príncipe heredero y Rey (que) implicó no sólo un cambio en el titulo que ostentaba Enrique, sino también un cambio drástico de actitud. El joven que parecía ser frívolo realmente era cultivado, inteligente, sereno.
Aunque en apariencia el cambio es inexplicable, Enrique siempre estuvo preparándose para ser rey. Su forma de aprender y prepararse para reinar era esa, El príncipe disimulaba tras el velo de la intemperancia sus meditaciones[3]. Si bien atípica, la escuela de la vida forjó el carácter y la forma de gobernar del joven monarca, a la escucha de los otros. En la taberna convivía con quienes serían sus súbditos, pudo conocer de primera fuente las preocupaciones de éstos. Esta característica la veremos en el Acto IV, Escena 1. Poco antes de  la batalla que habría de determinar su reinado, Enrique V sale a caminar entre las tropas, escondiendo su rostro, escuchando la inquietud de los soldados frente a un panorama funesto.

Enrique siempre estuvo preparándose, a su manera, para gobernar, su pasado no lo determinó. Sin embargo, siempre va a haber quienes no estén convencidos de nuestros cambiosEn efecto, siempre examinamos el pasado a la luz de nuestro presente: el pasado es la raíz de nuestro presente, y nosotros escogemos examinarlo y sacar ciertas conclusiones. Por ejemplo, el rey de Francia y el Delfín tienen lecturas diferentes de los riesgos a los que se enfrentan en una batalla contra los ingleses invasores. El Rey toma en cuenta la herencia y el linaje de Enrique V para  considerarlo una amenaza real, mientras que el Delfín cree que hay que tomar las cosas más a la ligera, convencido de que Enrique V sigue siendo Hal. Prueba de esto es la provocación a la que lo somete, enviándole un cofre con pelotas de tenis (Acto I, Escena 2).

Es importante ver que el pasado nunca nos determina por completo, Enrique V es un héroe “moderno”, él mismo forja su historia y se convierte en un líder. Enrique no es un Edipo que no puede evitar matar a su padre, no es presa de un destino inevitable, sino que él crea las condiciones de su victoria. El pasado no es una condición necesaria para definir nuestro presente, si bien el rey de Francia teme a Enrique V pues Procede de esa generación sanguinaria que llevó el horror a nuestros hogares (…) [4] , la victoria en Agincourt  pertenece únicamente a Enrique y sus tropas.

Sin embargo, como lo decía Marx [5], aunque el hombre escoge y crea su historia, lo hace dentro de un marco heredado, circunstancias que reciben del pasado. Enrique es heredero de su pasado, pero nunca es su prisionero, tiene que asumir su pasado a fin de escoger libremente un futuro. El distanciamiento con su pasado lo vemos cuando se deslinda de viejos amigos, desterrando a Falstaff. Otro ejemplo de la necesidad de distanciarse de su pasado para asumir el liderazgo es cuando condena a uno de sus antiguos compañeros de taberna, Bardolph, quien había robado en la batalla, pues lo más importante son sus principios.

Para cualquier líder, es necesario conocer el pasado, pues sólo a través de éste podemos conocer y entender el presente. En el caso de Enrique V, vemos como la convivencia en la taberna con sus súbditos es lo que le permite ser un rey temperado hoy, consciente de los sacrificios que les pide a los hombres en la batalla. La capacidad de transformación y de adaptación es un requisito para poder ser un buen líder.

No es posible disociar el liderazgo de Enrique V de su papel como estratega y jefe militar, pero hay que resaltar cual fue la motivación de esta guerra. Aunque la exposición de la genealogía del rey por parte del Obispo de Canterbury pueda recordarnos el artículo de Voltaire sobre la Guerra en el Dictionnaire Philosophique Portatif, lo que incita a Enrique a iniciar la guerra es la convicción de la legitimidad de su derecho al trono francés. Enrique tiene una visión, va a defender a lo que tiene derecho para poder gobernar en paz.  

El rey les muestra a los nobles ingleses en el consejo quien es, y frente al desafío lanzado por el Delfín refuerza su postura, y hace explícita su visión: va a luchar por su derecho al trono, su objetivo es recuperar el trono de Francia. La Visión es la que sostiene la convicción de Enrique de que va a recuperar el trono de Francia, cosa que hace, pese a las adversidades (traiciones, ejército menor, enfermedad, fatiga) que se van presentando en su camino.

Sin embargo, aunque Enrique tenía clara su visión, seguía siendo algo individual, cuando era heredero al trono los demás no lograron ver su determinación, creían que era frívolo cuando realmente se estaba preparando en todos los ámbitos (en la calle y estudiando) para ser rey.

Cabe preguntarse cómo se puede compartir la visión, algo tan personal, a fin de motivar a los que nos rodean. Enrique V logra inspirar a través de su visión, y es por su convicción, porque logró apropiársela que infunde tanta motivación. Un líder tiene primero que tener clara su visión, y tiene que adoptarla como estandarte a fin de poder inspirar a los demás.

Si bien la visión es algo personal, a través de la imaginación podemos transmitirla e inspirar a los demás, presentando la imagen de un mejor futuro. Pero la visión no permite simplemente imaginar, sino que nos da las herramientas para poder lograrlo. La visión infunde motivación e inspiración, no es manipulación, no movemos al otro a actuar a través de mentiras o ilusiones, sino presentándole una idea clara, que es un motor todavía más potente.

En la obra, vemos dos claros ejemplos de la motivación y la visión del rey, cuando toma Harfleur, y cuando no flaquea frente al ejército francés y logra ganar la batalla de Agincourt pese a la inferioridad en números.

Si Enrique V no hubiera logrado transmitir su visión a los soldados y hacerlos partícipes de su sueño, muchos hubieran aceptado su propuesta de regresar con los gastos pagados a Inglaterra antes de la batalla de Agincourt. Lo que infunde valor es la visión y la determinación del líder, quien logra no sólo recuperar la corona de Francia, sino unificar Inglaterra, unir a los nobles alrededor suyo. Vemos el contraste con Francia, que estaba desgarrada por  la oposición entre los Borgoña y los Armagnacs, con un rey sin visión clara.

En la historia, podemos identificar ejemplos de visiones claras que lograron cambiar las cosas y motivar a muchos para actuar son Martin Luther King y Gandhi, líderes de movimientos pacíficos que luchaban por mejores condiciones de vida para los suyos.

A través de la visión, Enrique V va a lograr motivar a sus tropas. Un líder tiene que motivar e inspirar, tiene que llevar a cabo ciertas acciones y para ello necesita del apoyo de los demás. Para conseguir el apoyo, un líder tiene que ser respetado, infundir confianza y ser capaz de convencer a sus súbditos, cosa que Enrique V hace a la perfección.

Contrariamente al Nerón que nos presenta Racine en Britannicus [6] quien dice “basta que me teman”, Enrique V es un líder que inspira y motiva. La acción que inspira no se da por temor o simplemente porque se están recibiendo ordenes, sino porque Enrique V está convencido de su misión y es capaz de convencer a los demás. Así reconocemos la grandeza de este líder, que infunde confianza y respeto entre sus tropas, no es un tirano que se sirve del miedo o de engaños.

Aunque un día antes de la decisiva batalla los soldados preferirían no estar allí y que el rey estuviera sólo para enfrentar la muerte (Acto IV, Escena 1), al día siguiente su discurso los inspira y los motiva a tal punto que incluso Westmoreland, quien deseaba tener más tropas para combatir al enemigo, cambia por completo de postura ¡Le rogaría a Dios, señor, que sólo fuésemos usted y yo sin más ayuda los que tuviéramos este combate! [7].

En la arenga previa a la toma de Harfleur, la primera victoria del rey en territorio francés, éste logra motivar a sus tropas usando recursos que varios grandes líderes modernos han retomado.


En particular, podemos citar al General de Gaulle, quien desde Londres encabezaba la resistencia francesa. En el  discurso del 18 de Junio de 1940, de Gaulle  acepta la superioridad de armas del enemigo, pero dice que la esperanza no ha desaparecido, la última palabra no se ha dicho.

Certes, nous avons été, nous sommes, submergés par la force mécanique, terrestre et aérienne, de l´ennemi.(…) Mais le dernier mot est-il dit ? L´espérance doit-elle disparaître ? La défaite est-elle définitive Non !(…) Quoi qu'il arrive, la flamme de la résistance française ne doit pas s'éteindre et ne s'éteindra pas.  [8]

Enrique V también se encontraba en una situación de inferioridad, pero logró vencer al enemigo por su determinación, por inspirar a los soldados y convencerlos primero de la justicia de su causa y después por inspirarlos a buscar el honor. El General de Gaulle, en su discurso del 22 de Junio de 1940, llama a continuar la resistencia: sí hubo una derrota, pero la guerra no está perdida. Hace un llamado a todos los franceses que quieren seguir siendo libres, así, al hablar de honor y de interés de la patria, la lucha es por un valor superior, por la libertad.

Or, beaucoup de Français n'acceptent pas la capitulation ni la servitude, pour des raisons qui s'appellent l'honneur, le bons sens, l'intérêt supérieur de la Patrie. (…) J'invite tous les Français qui veulent rester libres à m'écouter et à me suivre. (…) Vive la France libre dans l'honneur et dans l'indépendance ! »[9]

El líder de la resistencia francesa les recuerda que hay tiempos mejores, hay que luchar por la libertad, no hay que capitular, sino que hay que luchar por un valor superior, recordando que tienen el apoyo de los aliados. Si queremos asumir una postura de liderazgo, tenemos que tener en mente qué tipo de líder queremos ser: ¿queremos ser Enrique V o Nerón? Un buen líder tiene que ser inclusivo y estar a la escucha de los demás, como lo estuvo Enrique V, tanto en la taberna como en el consejo o en el campamento.

En la arenga antes de Agincourt, el rey se incluye en la acción y el peligro con los demás, ser el rey, ya no es suficiente para que los soldados quieran seguirlo sin dudar a una muerte que parecía cierta. Enrique V refuerza el aspecto de la unidad, son los pocos elegidos, todos están al mismo nivel, incluyéndolo. Al nombrar a sus soldados hermanos, éstos ya no están luchando por una lealtad impuesta, lejana, sino por su hermano, que también los va a defender hasta la muerte.

Mediante varios recursos que podemos resumir en el “octálogo de la motivación”, Enrique se erige en un verdadero líder, más allá de un mero jefe militar. Es por la cercanía con sus súbditos y su respeto que reconocemos en Enrique V a un líder.

Detrás del líder, hay un hombre, que siente el peso de su liderazgo, ¡Cruel responsabilidad, hermana gemela de la grandeza! [10].

Ante la perspectiva de una batalla en la que están en franca desventaja numérica, el rey se desahoga primero con su hermano. Hay que tomar en cuenta que no es posible ser un líder aislado, tienes que tener apoyos en quien confiar y a quién acudir. La dificultad de ser un líder reside en saber en quién confiar, a Enrique V tres de sus consejeros más cercanos lo traicionan en Southampton.

Además de rodearse de consejeros y amigos fieles, Enrique V decide caminar entre su tropa para infundirles ánimos, es otra forma de motivación, no se incluye sólo en los discursos y en la acción de la batalla, sino también en los momentos difíciles en los que el panorama no se ve claro. Enrique V tiene que dominar sus emociones, tiene que verse sereno para infundir confianza y no miedo entre sus tropas. Esta inclusión, el dejarse ver sereno por sus tropas evita que hayan rumores de que el rey ha huido, o que no está listo para la batalla.

El líder vive en una constante representación, que en el caso de un rey es aún más visible: los lujos, las reverencias…tiene que mantener un papel de líder en todo momento, lo que evita que pierda el rumbo es su visión, es su ancla y su brújula.

El buen líder tiene que saber asumir las responsabilidades que le corresponden, pero no más, Enrique V por ejemplo no es responsable de si los soldados mueren en pecado, pues sigue existiendo la libertad, sobre todo cuando el rey les da la posibilidad de regresar a Inglaterra. Así, aunque el liderazgo evidentemente va a ser fuente de responsabilidad, hay que cuidarse de no caer en la culpabilidad.
Enrique V, antes de enfrentarse a los franceses en Agincourt, libra una batalla interna, al debatirse entre una culpabilidad no justificada por la responsabilidad de ¡Vidas, almas, deudas, esposas, hijos y pecados! [11] y la necesidad de tomar las riendas de la situación, asumir su decisión hasta el final. El peso del liderazgo implica a veces, tener que dejar de lado nuestras preocupaciones para asumir una máscara de serenidad, y así poder infundirles confianza a los demás, un líder no se puede permitir perder la confianza de los suyos.

Hay que recordar que detrás de cada líder, se encuentra un hombre. No son los lujos ni los honores los que van a distinguir a uno de otro, sino su capacidad de infundir respeto y motivación en los demás. Para ello, es necesario tener una visión que nos sostenga y que nos guíe, en el caso de Enrique V, de Gandhi o de Charles de Gaulle, es fácil identificar cuál era su visión y su motivación, ¿cuál es la visión de los líderes actuales?

Enrique V logró recuperar el trono francés, su visión era tan poderosa que logró superar todos los obstáculos que se le presentaron. Primero, logró que no sólo el consejo sino toda una nación lo apoyara en su campaña y lo reconozca no como Hal el heredero frívolo sino un gran rey. Después de la traición de tres de sus consejeros y amigos más cercanos en Southampton, el rey no se ve desmoralizado sino que logra seguir confiando en sus consejeros y buscando su opinión. Finalmente, logra motivar a sus tropas para superar la fatiga, la enfermedad y la inferioridad numérica para vencer a los franceses.

Shakespeare nos presenta un personaje digno de las tragedias griegas. Un personaje ilustre, en un contexto histórico casi legendario, una lucha desigual en la que Enrique V va a probar su valentía y heroísmo. Sin embargo, Enrique V es un héroe moderno, no está sometido a un destino funesto del que no puede escapar. Enrique V forja su destino,  es él quien motiva a sus tropas y gana la batalla, no Dios. Aunque Enrique V declara ¡Demos gracias a Dios más que a nuestro esfuerzo! [12], a mi parecer, un líder debe de saber reconocer sus victorias, sólo así puede también reconocer el mérito y agradecer el esfuerzo de los demás.
 México D.F. a 29 de septiembre, 2011.


[1] Seward, Desmond. 1978. The Hundred Years War. The English in France 1337-1453. Penguin Books. Pp. 153
[2] Shakespeare, William. Versión de Martin Casillas de Alba. 2008. La Vida de Enrique V. El Globo Rojo. Pp. 19. 
[3] Ibid, pp. 18.
[4] Ibid, pp.42
[5] Marx, Karl. 18 Brumario. 1852
[6] Racine, Jean. Œvres complètes. Tome II. Lefèvre Libraire. Pp.220. Nerón dice  « Heureux ou malheureux, il suffit qu´on me craigne » .
[7] La Vida de Enrique V, pp. 84.
[8] Charles de Gaulle. Llamado del 18 de Junio de 1940.
[9] Charles de Gaulle. Llamado del 22 de Junio de 1940.
[10] La Vida de Enrique V. pp. 78
[11] Ibid, pp. 78
[12] Ibid, pp. 94

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