jueves, 14 de abril de 2011

Shakespeare sigue vivo

(Vitral en la Catedral de Southampton de Londres con Hamlet y otros personajes de las obras de Shakespeare.) El 23 de abril cumple casi cinco siglos de haber nacido William Shakespeare (1564-1616), es decir, para ser más exactos, cumple 447 años de haber nacido en el pueblo de Stratford-upon-Avon en el centro de Inglaterra, nos volvemos a preguntar ¿por qué este dramaturgo y poeta con unas treinta y siete obras de teatro, ciento cincuenta y cuatro sonetos y cuatro poemas líricos, sigue todavía más que vivo?

¿Será por el sufrimiento que expresa en sus obras? ¿O por los conflictos en somos nosotros los que podemos juzgar qué es mejor si la justicia o un poco de piedad? ¿Será porque observamos el juego entre la naturaleza del poder y lo efímero del individuo o porque disfrutamos de algunas escenas familiares o la mágica transformación del amor y la frágil condición humana?

¿Será por las metáforas que intercala en sus obras y que nos permiten entender mejor la vida y nuestra razón de ser? ¿Será por la filosofía que va tocando sin que se note mucho, desde diferentes puntos de vista para que reflexionemos más sobre nosotros mismos?

¿O será la naturalidad de los sucesos una vez que aceptamos las convenciones teatrales o los trucos en escena, por ejemplo, cuando aceptamos, que estamos “en la bella Verona” como nos propone en el Prólogo de Romeo y Julieta dicho en un soneto perfecto?

¿O para aquellos que les gusta la vida militar, será por las narraciones de algunas batallas como la que nos describe en Enrique V cuando este rey se enfrenta al ejército francés a pesar de estar uno a cinco en su contra, un día de octubre de 1415, cerca del castillo de Agincourt?

¿O será de plano, por la historia misma, como esa que nos relata antes que se instale César Augusto y el primer Imperio Romano, cuando nos cuenta la conspiración que le hacen a Julio César o cuando estamos en la disyuntiva entre el poder y la pasión, tal como lo cuenta en Antonio y Cleopatra?

En fin, ¿será que todo ese mundo que rodea a sus obras y a sus personajes los podamos aplicar y convivir en nuestra vida diaria? Estos son algunos de los argumentos para entender por qué sigue vivo Shakespeare y digo vivo porque, por ejemplo, ahora está en cartelera la versión de Nelly Asbury, dirigiendo una versión animada y en caricaturas, con un guión de Robert Sprackling, John R. Smith y catorce colaboradores más —vaya a saber usted de qué tipo—, para mostrarnos a Gnomeo y Julieta (2011), con voces de artistas famosos como Maggie Smith y esto, nos preguntamos, si será que esas tragedias se han convertido en paradigmas del amor imposible o será por las fuentes a las que acudió en dramaturgo en su tiempo o por el lenguaje que hablan sus personajes?

Tal parece que Shakespeare aportó a la primera edición del Oxford English Dictionary (OED), unas 600 palabras nuevas en Hamlet, nunca antes usadas en inglés, como lo confirma James Shapiro en su libro: 1599. A Year in the Life of William Shakespeare, y que le agregó nuevos significados a otras 18 mil palabras para enriquecer ese idioma como nunca antes se había hecho.

Creemos que sigue vivo porque muchos de sus personajes siguen con vida y tal vez, los conocemos mejor que a la gente que nos rodea, por ejemplo, creemos que el príncipe de Dinamarca es un amigo y conocido que nos ha dado en un momento dado, más que otra gente, sobre todo cuando nos sugiere que en lugar de evadir la realidad durmiendo o pensando en la muerte, mejor qué tal si enfrentamos el mar de calamidades y enfrentándolo lo resolvemos, tal como nos dice Hamlet en el famoso soliloquio de “Ser o no ser.

Será que mantenemos esa dualidad frente al amor o al odio que le podamos tener al gordo y viejo Falstaff, padre putativo de Hal quien sería el rey Enrique V, y que a la fecha dudamos si lo aceptamos o lo rechazamos; o a la adorable Rosalinda, en ese manual práctico de los enamorados que escribió en la comedia Como les guste, o Cleopatra, la encantadora como las serpientes del Nilo y que es la misma con la que se inspiró León de Greiff para escribir uno de sus Sonetotes diciendo:

En eso pasa Cleopatra, nuda,
rumbo al Nilo...; ¡Qué César ni qué Antonio!
¿Cleopatras a mi? —chilla el Demonio
—Seor Satán— Noé no se demuda.


O Ricardo III, uno de los mayores villanos, que logra hacernos sus cómplices porque utiliza sus apartes para decirnos a nosotros cosas que nadie más sabe, por ejemplo, cuando seduce a la viuda Lady Anne, a quien él había matado a su marido y a su suegro (nada menos, que el rey Enrique VI) y después de lograrlo, nos confiesa que ese amor le va a durar poco, sólo lo necesario para coronarse y listo.

O con los pocos pero contundentes niños en escena o los bufones, como Lanza, el sirviente de Proteo en Los dos hidalgos de Verona, que sale con Crab su perro porque el maldito, nos dice Lanza, no se inmutó a pesar que toda su familia lloraba al despedirlo, en una de esas intervenciones cómicas que tanto hemos disfrutado una y otra vez.

¿O será por qué los temas que trata están considerados como problemas universales o será por esas preocupaciones que nos trasmite para conocer mejor al ser humano y llegar hasta el fondo de las cosas y de los sueños, como le pasa a Bottom en el Sueño de una noche de verano, después de haber estado haciendo el amor con nada menos que Titania, la reina de las Hadas?

¿O será por la crueldad que aplica a sangre fría como en Tito Andrónico o con las dos hijas mayores del rey Lear, capaces de sacarle los ojos al noble Gloucester, todo porque ayudó a su padre y por eso lo consideraron una traición?

¿O el pavor que nos produce los Yago’s que puede haber en nuestra vida, como ese villano envidioso y celoso que logra destruir a Otelo para que, a su vez, destruya todo lo que más ama, como fue víctima la bella Desdémona, la blanca veneciana que nunca demostró otra cosa que su admiración por el moro y un cierto deseo de ayudar a sus amigos venecianos?

Seguramente Shakespeare estaría asombrado de saber que hoy en día se siguen poniendo sus obras en escena por todo el mundo, este hombre que, en su tiempo, llego a escribir hasta tres obras al año. No puedo dejar de mencionar la puesta en escena que ví en el Time Magazine de hace un par de años, con una puesta en escena en una terraza de Kabul, Afganistán con las Labores de amor perdidas, traducida al afgano, en medio de la invasión.

Poco se sabe de la vida de Shakespeare, pero algo sí sabemos y eso es que fue bautizado el 26 de abril de 1564 (se supone que nació tres días antes, el 23 de abril), en la capilla de Stratford-upon-Avon en donde está el registro donde dice que ese día, Gulielmus filius Johannes Shakspere, había nacido en una casita de la calle de Henley y que era el primer hijo barón de esa familia.

Como también se sabe que murió en esa misma fecha y en esa misma ciudad a los 52 años de edad pero en 1616, el mismo día que en Madrid, fallecía Miguel de Cervantes y Saavedra.

La mayor parte de su vida sucede durante el reino de Isabel I, nacida en 1533 y coronada a los 25 años de edad, en 1558, para reinar durante 45 años seguidos, hasta 1603 cuando fallece y es sucedida por Jacobo I (1566-1625), luego nombrado rey de Inglaterra y Escocia hasta el día de su muerte en 1625.

También se sabe que Shakespeare estudió Grammar School en su pueblo y que a los doce años dejó de estudiar para ayudarle a su padre en el comercio de los guantes de piel de oveja, sin poder ir a la Universidad por los problemas económicos que atravesaba su familia. Nada se sabe de su adolescencia y solo hay una que otra suposición, que señala la posibilidad de que haya estado trabajando como Tutor en norte de Stratford. Lo que sí se sabe es que a los 18 años de edad se casó con Ann Hathaway, una mujer 8 años mayor que él, pues quedó embarazada de la que sería su hija Susana y con quien luego tuvieron a dos gemelos: Judith y Hamnet.

También se sabe que, a finales de los 80’s y principios de 1590 aparece en Londres enganchado, de alguna manera con el teatro de esa ciudad. Unos dicen que lo primero que hizo fue ser un especie de caballo parking del teatro, atendiendo a los caballeros y a sus caballos que llegaban, antes de brincar al escenario como actor y luego como actor y dramaturgo, desde el momento que escribió la trilogía de Enrique VI (1589-91), para que, de ahí en adelante, escribiera treinta y seis o siete obras de teatro, cuatro poemas líricos y los cientos cincuenta y cuatro sonetos para retirarse a Stratford-upon-Avon en 1613 y morir el 23 de abril de 1616 en la casa más grande del pueblo como la que había comprado hacía unos años.

Durante su vida la reina era la que mandaba una reina virgen o más bien soltera y sin herederos. Al final de su vida, ella decía que era como Ricardo II, ese rey que había perdido su reino por agraciar a sus favoritos que, en este caso, era el conde de Essex (hijo), quien enloquecido intentó que abdicara en una revuelta que fracasó en 1601 y que le hizo perder la cabeza literalmente. O por el amor que le tuvo desde la juventud a Robert Devereux, conde de Leicester quien, finalmente se casó con la viuda de Essex para muina de la reina.

La religión había sido pendular —católica romana, con su media hermana María I, más conocida como Bloody Mary y con ella, la consolidación de la reforma y la iglesia Anglicana, independiente de Roma. Los católicos habían excomulgado a la reina Isabel I y había órdenes de Roma indicando que aquel que la asesinara, estaría perdonado. Por eso estaban internamente divididos viviendo en una amenaza constante e intentando abandonar costumbres y viejos ritos, con las iglesias sin imágenes y, algunos jesuitas, condenados a muerte por intentar conspirar contra la reina, como fue el poeta Robert Southwell, primo de Shakespeare, quien murió a los 33 años de edad decapitado en Londres y dicen que cuando la reina recibió al día siguiente, su recién publicado póstumo libro de poemas, dicen que no pudo contenerse y lloró.

Los ingleses vivieron constantemente amenazados todo el final del siglo XVI y el XVII primero por Felipe II de España, quien había sido marido de la famosa María I (1553-1558) y que en 1588 intentó invadir Inglaterra con su famosa Armada Invencible que resultó un fracaso para el Imperio Español.

Las obras de teatro y las publicaciones estaban bajo los auspicios de los nobleza y la supervisión de la censura estaba a cargo del Maestro de las Artes. Los actores eran considerados unos ciudadanos de la más baja clase social y por eso, tenían que ampararse con un noble. La compañía de actores donde trabajaba Shakespeare dependía de Lord Chamberlain y cuando Jacobo I fue coronado como rey de Inglaterra, los adoptó para que fueran desde ese mismo año la compañía de “Los Hombres del Rey”.
Los poetas buscaban a su mecenas y los poemas líricos escritos durante el cierre de los teatros por la peste bubónica como fueron Venus y Adonis y La violación de Lucrecia, están dedicados al conde de Southampton: las obras completas o el Primer Folio de 1623, a los condes de Pembroke.

Muchos de los colegas de Shakespeare fueron acusados de conspirar en contra de la Reina o de llevar una vida escandalosa, como Ben Jonson que mató en un pleito de taberna a uno de sus colegas, o Thomas Kyd que fue torturado por unos panfletos o la misteriosa muerte de Christopher Marlowe, el gran dramaturgo que además estaba en la nómina de los espías que dependían de Francis Walsingham, Secretario de Estado en el reino de Inglaterra.

Pero son todas esas cosas que encontramos en sus obras, por las que creemos que Shakespeare sigue vivo y para algunos han resultado un parteaguas en su vida, sobre todo si deciden dedicarse el resto de sus vidas al estudio y al disfrute de todas y cada una de estas obras e historias, sonetos y poemas líricos, como si de esa manera entendieran mejor la vida y que vivan asombrados como bien lo dice Hamlet en un momento de su vida:

¡Qué obra de arte es el hombre!
¡Qué noble la razón e infinitos los dones que posee!
¡Qué expresivo y maravilloso es su movimiento!
¡Y sus acciones, cuán angelicales,
y su inteligencia, semejante a la de un dios!
¡Belleza del mundo, es el parangón del reino animal!


Martín Casillas de Alba
México D.F. a 14 de abril, 2011.

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