viernes, 25 de marzo de 2011

Falstaff es más que Shakespeare: es la vida misma

El director, autor y actor Andrés Lima (ver foto) estrena en el Centro Dramático Nacional de Madrid, España, una obra centrada en el personaje shakespeariano enfrentado a la intriga y la ambición. La orondéz y el carácter de bohemio maldito y también de maldito bohemio de Falstaff, del que tanto habla Shakespeare en Enrique IV y en otras obras, tenía cautivado a Andrés Lima, director, autor y actor de teatro, ligado al grupo Animalario, desde sus orígenes, aunque cada vez más reclamado por teatros europeos para que ponga en pie textos a los que siempre les da más de una vuelta de tuerca. Es el caso de este Falstaff que se ha emancipado de Shakespeare y hoy estrena en el Teatro Valle Inclán de Madrid, como director, coadaptador con Marc Rosich, e intérprete, junto a otros catorce actores entre los que destacan Pedro Casablanc, Carmen Machi, Raúl Arévalo y Sonsoles Benedicto.

Desde que tuvo en el horizonte este proyecto, encargado por el Centro Dramático Nacional, Andrés Lima se planteó ser él quien interpretara al borracho provocador y barrigón, con quien comparte un cierto sentido hedonista de la vida. Pero al mismo tiempo quería dirigir el espectáculo con tranquilidad y el tiempo apremiaba:

—No he podido utilizar más de dos meses para este trabajo, por lo que preferí que Falstaff lo hiciera Pedro Casablanc, que es un gran actor, pero me he cogido para mí un personaje, que es un experimento que posibilita estar dentro y fuera, ser el hilo conductor, e incluso poder cambiarlo sobre la marcha, y eso es algo que me gusta, habla de cómo el espectáculo está vivo —dice Lima de El Rumor, nombre que le ha dado al personaje que interpreta, una especie de narrador que, descaradamente, no está nada cerca de una supuesta y necesaria objetividad que suele desearse en este tipo de recursos escénicos.

Lima, en cualquier caso, nunca ha tenido la sensación de que Falstaff sea un personaje:

—Falstaff en verdad es más que Shakespeare; es la vida misma, con sus grandezas y sus miserias. Falstaff es mi héroe —guarda silencio y matiza—, mi héroe, porque me cae muy bien, en realidad es mi antihéroe favorito, él representa una manera de enfocar la vida en la que lleva todo hasta el final, con el riesgo y los peligros que tiene la soledad, la enfermedad, la marginalidad; lo que percibo a través de él es, más que una persona, es una idea, la que está en aquellos que se enfrentan a la intriga política, a la ambición.

La versión que han realizado, cuenta con fragmentos shakespearianos de las dos partes de Enrique IV, algunos trozos de Ricardo II y Enrique V, y algún que otro homenaje a Las alegres comadres de Windsor. Dentro de las obras de Shakespeare los relatos por los que transita Falstaff a Lima le recuerdan mucho a los cuentos morales de Bertolt Brecht y a los paisajes noctívagos de Valle Inclán.

—Podrían ser los tullidos del Brecht o los personajes de la taberna de Picalagartos, Falstaff, como Max, son dos tabernarios.

Trama tabernaria
—Al hacer la transposición, lo que hemos intentado es ir a la esencia de la trama política, de la guerra, pero también está la trama tabernaria llena de aromas esperpénticos y brechtianos —apunta Lima refiriéndose no sólo a su aportación sino al trabajo realizado por la escenógrafa y vestuarista Beatriz San Juan y el músico Nick Powell, con los que trabaja habitualmente y ha convertido en extensiones de su propio trabajo. Pero también está la versión de él y Rosich, cuyo núcleo principal gira en torno a dos conceptos, el interés y la verdad:

—En nuestra versión, Falstaff es traicionado en la amistad, y ello ocurre por el interés, por la ambición del poder.

—¿Y dónde están ahora los Falstaff? —le pregunta Rosana Torres, quien lo entrevista.

Lima entiende que en parte son esos seres marginales que vemos en plazas, como la de Lavapiés, donde se representa el montaje, tapados con cartones y bebiendo vino en tetrabricks:

—Pero si estuviéramos en otra época diría que está emparentado con la bohemia, es un filósofo callejero, como lo fue tiempo atrás Max Estrella, Sócrates o Montaigne —y añade—, pero también es una especie de bufón; Shakespeare es muy inteligente y no coloca a un pordiosero, ejerce de demiurgo y cada personaje toma sus decisiones, el rey toma la suya, arrastra la vergüenza de la traición; Falstaff elige la suya y el príncipe está en medio, y no sabe si escoger una u otra, si ser un rey como dicen que debe ser. Al final ganan los de siempre, en la acción —señala Lima, quien cree que la propia muerte de Falstaff lo hace eterno—, tiene algo de mítico y por eso lo resucito al final, porque siempre estará.

De cualquier manera insiste en que hoy, los Falstaff’s son distintos:

—Porque vivimos en una sociedad basada en el interés más que nunca y el capitalismo como forma de vida está tan instaurada que, un Falstaff, es una persona marginal que se convierte en algo peligroso, que propone algo que no es rentable para vivir, ahora sería alguien digno de risa o de miedo. Lo cierto es que nadie se llevaría hoy a casa a un Falstaff. Pero al mismo tiempo es un personaje que no le mata la guerra, ni la sífilis, ni la gota, le mata la traición del príncipe y muere de pena y eso dice mucho de él, y a cualquiera le hubiera gustado tomarse una caña con Falstaff en el bar.

Un hombre que ama la vida
El director y actor habla subyugado de un hombre, Falstaff, que ama la vida, disfruta de la amistad, le encantan las mujeres, se divierte con el teatro y le pierde un buen vino y una buena pata de cordero.

—¿A quién le puede parecer mal? Pues a mucha gente, desgraciadamente. Falstaff vive en un mundo en guerra. Un mundo violento en el que la fuerza, la traición y la ambición por el poder triunfan. Y nuestro viejo sólo sobrevive. Como la mayoría. Un mundo muy actual —dice que es por eso que han montado Falstaff— porque en este mundo donde solo sobrevivimos necesitamos saber cómo vivir. Pero vivir es difícil. Hambre, guerra, enfermedad y muerte son sus adversarias. Falstaff se enfrentará a todas. Y sólo una le vencerá: la traición de la amistad.

Para el director, acostumbrado a trabajar con Animalario, grupo con el que en este momento está representando en Las Naves de Matadero, como director, la obra Penumbra, se ha rodeado de gente con la que ha trabajado en otras ocasiones, o bien que comparte con él una manera de entender el teatro. Como es el caso del resto de los actores: Chema Adeva, Jesús Barranco, Alfonso Blanco, Alfonso Lara, Rebeca Montero, María Morales. Rulo Pardo, Ángel Ruiz y Alejandro Saá.

—¿Y después de Falstaff?

—Pues vienen varios proyectos profesionales, como llevar a cabo un espacio de investigación donde poder desarrollar los proyectos con mucho tiempo y estrenar con menos premuras, seguir jugando con los talleres, trabajar con Javier Gutiérrez (otro Animalario) y Carmelo Gómez e ir a Suecia a montar a El caso Dantón. Eso solo para los próximos meses.

NOTA: tomado de El País, Cultura, viernes 18 de marzo, 2011

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