lunes, 7 de marzo de 2011

Enrique V o cómo enfrentar las batallas

Comentario de Rebeca C. Téllez Lugo, sobre la lectura de Enrique V. El joven rey que conquistó Francia. México D.F., a 7 de marzo de 2011. (Laurence Olivier como Enrique V en la película que dirigió en 1946). En todo momento de la vida estamos enfrentándonos a distintos tipos de batallas, en ocasiones salimos bien librados de algunas, aunque también puede ocurrir lo contrario. Particulares son las formas de vivir, y aún siendo la muerte la única cosa segura en la vida, no quiere decir que sólo vivamos para esperar el final de nuestra existencia. Se ha escuchado decir que cada quién es arquitecto de su propio destino, en la medida en que cada cual decida seguir su vocación será capaz de trazar un camino que lo conduzca a que su vida esté llena de júbilo.

Quizá cueste decir o pensar para qué nacimos, igualmente puede costar visualizar el motivo por el cual vivimos pero puede ser que ese motivo se defina durante toda la vida, tal vez nacimos para vivir todo lo que nos suceda en la vida, para disfrutar los altibajos y las victorias que nos ofrece. Sin duda el destino de todo sujeto, sea rey o mendigo, es la muerte, esto no quiere decir que su existencia se base en la espera de dicha partida, ocurre que mientras esto pasa cada uno vive situaciones que enaltecen la vida, como puede ser, solidarizarse con aquellos que buscan un fin colectivo.

La historia del joven rey que conquistó Francia puede servir para hacer notar cómo cada uno puede emprender distintas batallas en el campo de la vida. En alguna ocasión dos sacerdotes hablaban del cómo había sabido actuar bien al dedicarse a la vida política, esta plática sugería que el rey inglés había respondido al llamado que cada uno tiene en la vida. Acudir a su llamada interior le sirvió para encontrar su vocación y definir un sentido por vivir, sentido que se regía por el logro del triunfo en diversos campos de batallas.

Enrique V demostró ser un hombre inteligente, lo hizo al pelear en el campo de batalla como cualquier otro soldado para lograr confundir a los oponentes que iban en búsqueda de su cabeza; también se expuso compasivo al preocuparse por el bienestar de sus tropas; se exhibió persuasivo ante sus soldados y ante la mujer que quería como compañera. Su determinación le permitió salir victorioso del campo de Agincourt para hacerse notar como un guerrero del amor, supo conquistar aquel terreno al seducir el corazón de su amada Catalina, princesa de Francia.

A pesar de haber triunfado en distintos campos, la vida no le bastó para seguir conquistando otros, siendo presa de una enfermedad infecciosa, Enrique V muere a temprana edad dejando el recuerdo de su memorable victoria cerca del castillo de Agincourt. Con este pasaje histórico, Shakespeare invita a pensar en lo efímera que puede ser la vida, en cómo su carácter pasajero nos puede impulsar a querer disfrutar cada uno de los momentos vividos y querer salir victoriosos de cualquier obstáculo que se nos presente.

Rebeca C. Téllez Lugo

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