martes, 4 de enero de 2011

Hamlet o el cuento de nunca acabar



¿Qué podemos esperar de la puesta en escena de Hamlet por el National Theatre de Londres, transmitida a las pantallas del Lunario —al costado del Auditorio Nacional—, el próximo miércoles 12 y jueves 13 de enero a las 20:00 horas, dirigida por Nicholas Haytner con Rory Kinnear en el papel principal?

Hemos tratado —dijo Haytner—, de hacer una puesta en escena honesta, como era una de las tantas obsesiones de Hamlet. Por su cuenta y riesgo, Rory Kinnear nos dice que durante los ensayos pudo acercarse a Shakespeare en detalle, verso por verso, durante toda la obra y hacerlo de una manera pausada, tomándose en serio lo que decía y que por todo esto esperaba que el resultado fuese la suma de estos pequeños detalles.

La emoción de volver a ver esta obra es enorme, como son las expectativas, sobre todo después de volver leer la versión de Tomas Segovia publicada por la UAM en Ediciones sin nombre en 2009 y de haber visto un avance con Kinnear en el primero de sus soliloquios:

Ah, que esta carne demasiado,
demasiado compacta se fundiese
se derritiese y se transformara en rocío;
O que el Eterno no hubiera fijado
su canon contra aquel que a sí se quite la vida.
¡Oh Dios mío, Dios mío, qué fatigosos, rancios,
vanos y sin provecho
me parecen los usos de este mundo!
¡Qué asco da! ¡Oh asco, asco!
Es un jardín sin desbrozar
que crece hasta dar grano.
Son cosas vulgares
y de índole grosera lo poseen.


Y lo vimos dicho pausadamente, como lo diríamos si estuviéramos acongojados por la muerte de nuestro padre o por sentirnos atrapados entre el amor y el odio; entre el ser y no ser; entre el deseo y la obligación de vengarse; entre la acción y el pensamiento; entre la libertad y la esclavitud o entre la honradez y la mentira, entre la realidad y la fantasía o entre el amor y la lujuria y todo esto en un ambiente francamente decadente. (http://www.nationaltheatre.org.uk/59866/productions/hamlet.html)

Nos da un poco de mala espina el vestuario y la escenografía que hemos visto en unas fotografías: parece un Hamlet adolescente, con mochila cuando regresa del barco pirata. En realidad es un joven pero de 30 años. Algo podrido hay en el reino de Dinamarca y no sabemos si el reino era el trono apestoso o el país o si hablaba de Troya cuando escuchamos a Hécuba enfrentar la muerte de Príamo, su rey o si se trata de las tiranías o los panistas paranoicos como la Inglaterra Isabelina, con informantes por todos lados, como los hacía Polonio con sus hijos y el reino.

¿Podremos ver una versión más intima que nos permita compartir los sentimientos de Hamlet que cuando lo escuchemos decir estoy solo lo entendemos?

¿Podremos saber un poco más de lo que está pasando, como lo deseamos en la vida real? Imaginarnos la relación de Gertrudis y Claudio su cuñado y saber por qué en menos de dos meses de la muerte de Hamlet papá se encaramaron y él logró con trampas, como lo cree Hamlet, coronarse en lugar del príncipe. Por cierto, John Updike escribió al respecto su novela Gertrudis y Claudio, traducida al español por Tusquets en el 2000.

¿Qué le quiso decir Hamlet a Ofelia cuando llegó descamisado a su recámara y la tomó por la fuerza y, sin decir palabra, movía la cabeza, justo después de haber hablado con el espectro de su padre?

¿Le podremos creer cuando dice que el tiempo está fuera de quicio y que todo es una porquería y que, por desgracia, ha nacido para poner en orden los estropicios, sabiendo el trabajo que le cuesta entrar en acción?

¿Veremos cómo enloquece Ofelia y podremos imaginarla caminando al borde del arroyo, como si fuera un callejón sin salida?

¿Nos quedaremos helados cuando veamos a Hamlet treparse en la cama con su madre para reclamarle justo lo que más desea?

En fin, ahí estaremos desde que Bernardo, el guardia pregunta ¿Quién va?, hasta que Hamlet, antes de morir, dice que el resto es silencio y Fortinbrás, finalmente, ordena la salva en su honor.

Ojalá salgamos desvelados pero contentos después de haber visto una vez más esta orgía perpetua, este cuento de nunca acabar.

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