martes, 1 de junio de 2010

Arma tu Shakespeare Identikit

Peter Porter (1929-2010), murió el pasado 23 de abril de 2010, a los 81 años de edad, el mismo día que William Shakespeare (1564-1616) y que Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Publicó sus artículos en el Times Literature Suplement (TLS) a lo largo de 49 años, como este que publicó el 12 de mayo de 1972 y que lo he traducido por considerarlo de interés para los que pertenecen al Club de Lectura Shakespeare de la UPN. Martín Casillas de Alba, Tutor virtual del Club de Lectura Shakespeare, UPN.

Recientemente participé en un homenaje que le hicieron a Shakespeare para celebrar su cumpleaños en la Catedral de Southwark, en donde algunos poetas y compositores ofrecieron nuevos trabajos en honor del Bardo (no todos ellos basados en su vida o en sus obras).

Si la ocasión no fue propicia para crear obras maestras (aunque el Epílogue de Harrison Birtwistle fue una puesta del Full fathom five (así se llama una de las canciones que se interpretan en La tempestad -que canta Ariel en el Acto 1, Escena 2. Esta nota seguro hace referencia a un arreglo o musicalización especial que se debe haber realizado en Southwark para esa ocasión, tal como me explicó el maestro Alfredo Michel) allí comentada inspirado en La tempestad, muy bien haber sido una de ellas), me pareció que esta manera de homenajear a nuestro gran poeta, era mejor que volver a publicar otro libro de crítica o una colección de ensayos.

Los elogios directos nos pueden sonar un poco insípidos o superfluos si los comparamos con lo que escribió Ben Jonson en el Prefacio del Primer Folio en 1623 o el Soneto de Milton. El misterio de la fuerza creativa de Shakespeare nos detiene en seco en las pista, más todavía porque su vida o vidas (Lives), si es que leemos lo que escribió en su enciclopédico libro Sam Schoenbaum, donde no nos dice nada de el hombre que escribió todas esas obras. El viejo dicho de que todos somos Hamlet, se aplica a todos estos escritores, como al mismo autor.

Les propongo que armen una lista con todos sus sentimientos y deseos, digamos, el odio por la ingratitud, el amor a la música, el rechazo a la vanidad, el gusto por el ingenio de las mujeres y prácticamente han construído tu Shakespeare Identikit. Esto no es megalomanía: los poetas han sido creado a imagen y semejanza de Shakespeare, a pesar de que no logran estar tan cerca de él como del primer Creador.

El misterio puede profundizarse por algunos sucesos de los más inesperados. Por ejemplo, descubrí en Schoenbaum que Judith, la segunda hija de Shakespeare, nunca aprendió a leer ni a escribir, pues hay un documento en donde sólo hay una marca (“X”) en lugar de firma. Bien me puedo imaginar que un rico de Stratford no se haya preocupado de ir a ver sus obras, pero que el más grande escritor del mundo no se haya preocupado por educar a su hija, es algo que no puedo entender.

¿Cómo podríamos honrar a un enigma, cuando su obra abarca casi todos los aspectos del ser humano? Por supuesto, leyéndolo, viendo o poniendo sus obras y, si somos artistas, robándole algunas ideas. Es interesante considerar cuáles son aquellas obras que han sido invadidas por artistas secundarios y cuáles resisten la colonización.

Normalmente, las obras de Shakespeare les atrae a los músicos: Hector Berlioz (Sinfonía dramática Romeo y Julieta o La muerte de Ofelia, por ejemplo) y Verdi con su ópera de Otelo (que es lo único que saben en Italia de esta obra, o Ambroise Thomas con su Hamlet y Ofelia, como la he bautizado) se acercaron a él de una manera diferente a como lo hizo Charles Lamb en sus Cuentos (y en todo caso, con lo he hecho en Las Historias de Shakespeare que ha publicado Santillana).

Una y otra vez, los poetas están a favor de La tempestad. El Caliban upon Setebos de Robert Browning (1812-1889) y The Sea and the Mirror de W.H. Auden (1907-1973) son dos de los ejemplos más obvios, aunque Browning también se las ingenió para adaptar Rey Lear en Childe Roland to the Dark Tower came.

Tres de los participantes en ese homenaje en Southwark usaron La tempestad: además de Birtwistle, Adrian Mitchell escribió The Castaways or Vote for Caliban y Peter Redgrave presentó una especie de nigromante llamado Próspero 2000. Debo decir que si nos ponemos a cazar a través de la literatura, podremos encontrar poemas, obras de teatro e historias basadas en cualquiera de las obras del canon, excepto Cimbelino, Tito Andrónico y Rey Juan que, tal parece, se muestran muy reticentes para su desarrollo...

Tennyson acudió a Medida por medida para su Mariana (como también lo hozo en estas latitudes Antonio Castro para la obra improvisada Autoconstrucción que se presentó en la galería Kurimanzutto) y Kipling acudió a Macbeth para escribir uno de los mejores versos de The Craftsman (El artesano), inspirado en esa obra de Shakespeare.

No es tan difícil imaginarse por qué La tempestad es tan atractiva para los poetas. Es una obra de despedida que tiene algo de mágica y que sucede en una isla. Los personajes están indefensos en las manos de Próspero y Ariel y, cualquier proceso de cambio, necesitan tener la licencia de su autor. También es una historia con un no tan querido héroe y un bien hecho villano.

Próspero pasa de ser un mojigato en todos los escritores: muestra tanto su maldad, como la imaginación de un sedentario hombre de letras. Calibán nunca pasa del Principio del Placer y es el héroe inconsciente de la historia, a pesar de que nunca conoció a su R.D. Laing (1927-1989), el psiquiatra escocés que escribió sobre la psicosis.

W.H. Auden demostró sus augurios cuando le da a Calibán la palabra en un largo y maravilloso discurso en lo más maduro del estilo tardío de Henry James. Si le damos la mitad de las oportunidades al Ello, éste se justificaría a sí mismo en el reinado detrás de los laberintos de Henry James, como si estuvieran merodeando los más hambrientas pasiones del siglo diecinueve.

Then and Now. TLS. 30 de abril, 2010 (pp. 16).
Traducido y anotado por Martín Casillas de Alba.
México, D.F., 4 de junio, 2010.