domingo, 24 de octubre de 2010

Hamlet y Don Quijote de Turguenev

Resumen de esa obra Hamlet y Don Quijote de Turguenev, ha sido publicado en español por la editorial sequitur, impresa en Madrid, 2008. La traducción es de Javier Eraso Ceballos.

El resumen de esa conferencia lo presenté en la Cátedra extraordinaria que dirige José Luis Ibáñez en la Factultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el viernes 22 de octubre, 2010.



Basado en una conferencia que dio Iván Turguenev (1818-1883), en San Petersburgo en 1860. Turguenev fue un escritor ruso que escribió varias novelas y apuntes, entre ellas: Apuntes de un cazador (1852); Padres e hijos, tal vez su mejor novela (1862); Aguas primaverales (1872) y la obra de teatro Un mes en el campo (1879).

Este escritor asocia estas dos obras: Hamlet, el príncipe de Dinamarca de William Shakespeare y Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, entre otras cosas, porque las dos se publicaron a principios del siglo XVII: la primera parte de Don Quijote en 1605, fecha en la que se puso en escena Hamlet. También sabemos que los dos genios de ese siglo murieron el mismo año de 1616 y de dice que el mismo día, aunque los calendarios erandiferenets (23 de abril).

Estos dos tipos (Hamlet y don Quijote) encarnan, a su entender, dos características fundamentales y opuestas de la naturaleza humana: son los dos polos del eje sobre los que gira la naturaleza. Toda persona basa su vida, consciente o inconscientemente, en un principio rector, en un ideal, en una visión, es decir, en aquello que tienen por verdadero, bello. Ese ideal o la meta de su vida en Hamlet se puede situar en él mismo y en el caso de don Quijote, fuera de él, como si fuesen dos extremos que se encuentran.

¿Qué encarna don Quijote?
Don Quijote es, ante todo el emblema de la fe en algo eterno, inmutable, de la fe de verdad, de una verdad superior, situada fuera del individuo, una verdad accesible que exige trabajos y sacrificios y que es alcanzable sólo si el trabajo y el sacrificio son constantes. La vida de don Quijote sólo tiene valor en la medida que sirve para realizar ese ideal que consiste en instaurar la verdad y la justicia en la tierra.

El saber de don Quijote es limitado, sí pero, ¿qué más ha de saber, si sabe cuál es su razón de vivir? Como bien sabemos, Don Quijote no disfruta con ligereza de la vida... ese loco, confiere fuerza y grandeza a sus pensamientos, a sus palabras y a toda su presencia. Don Quijote es un entusiasta, es el servidor de una idea que lo envuelve en su aureola.

¿Qué encarna Hamlet?
Hamlet es, ante todo, análisis y egoísmo y aún diré, incredulidad —tal como dijo Turguenev— Hamlet sólo vive para sí, es un egoísta que se aferra a ese yo, y al mismo tiempo duda de él mismo. Continuamente piensa en su situación, no en sus deberes y duda de todo como de sí mismo.

Hamlet se desprecia, se complace en flagelarse y exagera sus faltas; se estudia sin cesar, penetra insistentemente en su alma... no cree en sí, y sin embargo es vanidoso; no sabe qué quiere, ni su vida tiene objetivo, y no obstante está apegado a la vida.
Hamlet sufre, y sus sufrimientos son más dolorosos y más punzantes que los de don Quijote al que golpean unos groseros pastores y cautivos por él liberados. Hamlet se maltrata a sí mismo y se destroza; también él empuña una espada: la espada de doble filo del análisis.

El porte de cada uno.
Don Quijote es más bien ridículo: magro, huesudo, de nariz corva, envarado en su coraza y montado en un esqueleto de caballo, en el pobre Rocinante.

Hamlet es, por el contrario, atractivo; su melancolía, su palidez y su ligera gordura (así lo dice su madre: our son is fat); su traje de terciopelo, la pluma de su sombrero, su finura, su elocuencia y el sentimiento constante de su superioridad... ¿A quién se le ocurre burlarse de Hamlet? A nadie, y esta es su condena; es imposible amarlo... por la razón de que él no quiere nadie.

Dos propósitos diferentes
Hamlet es hijo de rey, de un rey asesinado por su propio hermano que le ha usurpado el trono; de «las quijadas del infierno» sale su padre para ordenarle a su hijo que lo vengue. Hamlet titubea, se consuela a sí mismo injuriándose y lo acaba matando por accidente.

Don Quijote pobre, viejo, solo, se encamina a enderezar entuertos y defender a los oprimidos del universo mundo.

Su relación con las masas
Polonio y Sancho Panza son —según Turguenev— los que representan al vulgo frente a Hamlet y don Quijote.

Polonio es un hombre positivo, práctico, sensato, y también un viejo de cortas miras y en exceso hablador... es un excelente mayordomo, y un padre ejemplar, como se ve por los consejos que da a su hijo Laertes al salir éste para el extranjero: consejos de sabiduría paraje a las sentencias dictadas por el gobernador Sancho Panza en la ínsula Barataria.

Polonio es el cortesano deseoso de complacer al príncipe y es un hombre razonable que no quiere contrariar al niño enfermo y caprichoso.... no cree nada de lo que dice Hamlet y su cerrazón atribuye la locura de Hamlet a su amor por Ofelia... los Hamlets desprecian a la masa.

A diferencia de Polonio, Sancho Panza se burla de don Quijote, sabe que éste está loco; pero por tres veces deja pueblo, casa, mujer e hija para seguir al loco... Sancho obedece a un móvil más elevado; su fidelidad arraiga en una de las cualidades propias de la masa, quizá en su mejor cualidad, la de abrazar ciegamente una causa honrada y buena... la de entusiasmarse olvidando su propio interés.

Sus relaciones con las mujeres.
Las relaciones de Hamlet y de don Quijote con las mujeres no son menos significativas: don Quijote ama a una criatura imaginaria. Yo he conocido en mi vida de vagabundeo —dice Turguenev— a hombres que han dado su vida por una Dulcinea imaginaria... En don Quijote no hay ni sombra de sensualismo; todos sus sueños son puros y castos.

¿Y Hamlet? ¿Le creen capaz de amar? El irónico Shakespeare, ese conocedor profundo del corazón humano... Hamlet no ama, tan solo finge amar y aún tibiamente. Shakespeare lo deja claro cuando, Hamlet le dice a Ofelia:

HAMLET
Yo te quería antes, Ofelia.
OFELIA
Así me lo habías dado a entender.
HAMLET
Y tú no deberías haberme creído... Yo no te he querido nunca.

Sus sentimientos hacia Ofelia pueden ser cínicos y sus relaciones con ella no son, insisto, sino un obsesión consigo mismo, una muestra de su incapacidad de amar.

Los lados oscuros de los dos personajes.
Hamlet es Mefistófeles, pero uno inmerso en el círculo viviente de la naturaleza humana. El escepticismo de Hamlet duda del bien, pero no pone en duda la existencia del mal contra el que emprende una lucha sin piedad.

La risa de Hamlet no es la diabólica y despiadada risa de Mefistófeles. En su sonrisa más amarga se trasluce la melancolía; una tristeza que nos revela sus sufrimientos y, por ello, nos reconcilia con él.

Y así, el vivo color de la voluntad
desparece al pálido reflejo del pensamiento...

And thus the native hue of resolution
Is sicklied o’er by the pale cast of thought...


En la disociación, en el dualismo encontramos la ley fundamental de la vida humana: la vida, bajo todas sus formas, no es sino la lucha y la reconciliación eternamente renovadas de dos principios disociados que perpetuamente tiene a acercarse. Ese entregarse y el sacrifico, es lo que encarnan los don Quijotes.

Las comparaciones inútiles.
Don Quijote no abarca, pero sí refleja, todos los aspectos de la vida.

Shakespeare es un gigante, un semidiós y pero Cervantes no tiene la estatura del pigmeo sino la de un hombre en el sentido cabal de las palabra: y el hombre tiene su derecho a mantener su mirada altiva, aún en presencia de un semidiós.

Shakespeare busca su imaginería en todas partes: en el cielo, sobre la tierra, nada le detiene, nada se escapa a su mirada aguda, se apropia de las imágenes con la potencia irresistible del águila volando hacia su presa.

La riqueza de Cervantes solo brota de una fuete, su alma: un alma clara, suave, que la experiencia enriqueció sin endurecerla... Lo cierto es que si la sencillez y los modales tranquilos distinguen al honête homme, don Quijote tiene pleno derecho al título de gentleman.

Por lo hondo y fino de su espíritu de análisis y por su amplia cultura (estudió en la Universidad de Wittenberg), Hamlet tiene un gusto casi irreprochable. Es un crítico excelente... en él, el sentimiento de lo bello es tan grande como lo es el del deber en don Quijote.

Siempre los Quijotes se ven pisoteados por los puercos, sobre todo en sus postrimerías... a la incomprensión indiferente y cínica...; es la bofetada del fariseo.

Hamlet puede mostrarse astuto y feroz... con rasgos medievales aún vivos.
Don Quijote tiende a engañarse a sí mismo, una tendencia propia de los caracteres entusiastas. Lo que vio en la cueva de Montesinos es inventado y no consigue engañar al bravo campesino, Sancho Panza.

Los amigos.
Horacio representa el «tipo» del discípulo, del alumno en la mejor acepción de la palabra. De carácter estoico y recto, de corazón expansivo, conciente de sus propio límites, es modesto... está ávido de instruirse... Uno de los principales méritos de los Hamlets consiste en que pueden formar y educar a hombres como Horacio. Las palabras con las que Hamlet reconoce a Horacio, lo honran:

HAMLET
¡Me has entendido? Desde que mi alma se halló capaz de conocer a los hombres y pudo elegirlos; tú fuiste el escogido y marcado para ella, porque siempre, o desgraciado o feliz, has recibido con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos aquellos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no son entre los dedos de la fortuna una flauta, dispuesta a sonar según ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le colocaré en el centro de mi corazón; sí, en el corazón de mi corazón, como lo hago contigo.

La muerte de estos dos personajes.
Las últimas palabras de Hamlet son espléndidas; se humilla, se tranquiliza, ordena a Horacio que viva y se declara a favor del joven Fortimbrás. Su mirada no descubre el porvenir: lo demás es silencio, dice este escéptico al morir, y ... se calla para siempre.

La muerte de don Quijote es tremendamente conmovedora. En ese instante se revela a los ojos de todos toda la grandeza y todo el alcance del personaje. Cuando Sancho Panza le dice que pronto saldrán en busca de nuevas aventuras, responde el moribundo:
Ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño; yo fui loco y ya soy cuerdo. Ya no soy don Quijote, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno.

Martín Casillas de Alba
Tutor Club de Lectura Shakespeare, UPN
México D.F. a 24 de octubre, 2010.

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